And do you brush your teeth before you kiss? Do you miss my smell? What about me? What about me? What about...?


Va dejando trozos de él por todas partes. Algún día desaparecerá conforme anda.
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sábado, 9 de octubre de 2010

Enterrado (Buried)

A DOS METROS BAJO TIERRA

Tiene Buried, el debut de Rodrigo Cortés, mucho de experimental. Toda la película transcurre en menos de cuatro metros cuadrados, donde —naturalmente— sólo cabe un personaje, el protagonista interpretado por Ryan Reynolds.
            Un ataúd. Un hombre. Un teléfono. Un mechero. Con poco más que esto, el guionista construye una historia en torno a la esperanza. Y es que la película, recibida entre laureles en Sundance, parece especialmente propicia para los tiempos que corren. Podría ser una anécdota, pero al parecer todo tiene lugar en 2006. Tiempos de guerra, de crisis y de globalización. Recordemos el cine en la era de la Guerra Fría, por ejemplo, con Hollywood escupiendo cintas de serie Z sobre naves espaciales y monstruos alienígenas (después de todo, alien significa también “extranjero”).
            Ahora que la desconfianza toca techo, que el mundo se encuentra dividido, vuelve el terror al extranjero más plausible que nunca: el terrorista, el extraño que chantajea a cambio de cualquier excusa. Resulta fiera también la propuesta en la representación del ciudadano medio aterrado por la crisis económica. Si el protagonista trabaja o vive en Irak es por motivos meramente económicos, y el espectador no se cuestionará más lo endeble de toda la propuesta.
            La vuelta al cuento gótico de enterrados en vida, miren qué imagen tan cristalina, es plausible y gracias a lo extraño de la propuesta, revaloriza la narración de Edgar Allan Poe. La principal diferencia entre ambas situaciones radica en el juego que se propone en Buried. Debe el espectador plantearse qué haría en lugar del protagonista con los objetos con que cuenta. El conflicto se plantea nada más comenzar la proyección, con esa escena que es toda una reminiscencia al volumen 2 de la brillante Kill Bill. Porque esto de los enterrados vivos, como les digo, trae cola.

            La película basa su funcionalidad en los sentimientos de impotencia, frustración y agobio. Y hay quien dice: “yo es que para pasar un mal rato me quedo en mi casa”. Ése es el doble filo de la película de Cortés, que puede echar atrás a una buena parte de la audiencia. Si no, no se entendería tamaña campaña promocional. Luego está que el espectador entre en el juego y componga el puzzle junto a Reynolds, principal y solvente motor de la película, ya que es su tour de force interpretativo lo que hace que en algunos momentos la cinta no parezca una parodia de sí misma.
            En pocas palabras, Buried gustará a quien vaya con la intención de disfrutar de esta propuesta; su desenlace defraudará a no pocos. Lo que es innegable es que el juego, porque es un juego, contiene el suficiente jugo y entretenimiento para salvar su a priori principal adversidad: el escenario cerrado y asfixiante. No es una película de lucimiento para el director por motivos obvios, pero el hecho de haberse puesto detrás de este proyecto ya dice mucho de él. La película será un éxito, estoy seguro, y le deseo a sus responsables la suerte que merecen. Y a Ryan Reynolds le perdonaremos lo de Scarlett.


Nota: 7,5

jueves, 30 de septiembre de 2010

The Runaways: rock n roll descafeinado

SEXO, DROGAS Y ROCK N’ ROLL

¡Kristen Stewart era una buena actriz!

Es demasiado fácil esperar de un biopic algo novedoso, rompedor cuando tratamos con estrellas de rock. Cierto es que el ámbito de la música ha dado experiencias tan estimulantes como The Wall (Pink Floyd) y otros ejercicios demasiado clásicos, demasiado académicos como son, por ejemplo, Ray o La vie en rose, películas creadas para lucimiento de sus intérpretes (ahí están sendos Oscars para Jamie Foxx y Cotillard). No obstante, con los roqueros la cosa cambia. Pero no se engañen: The Runaways fue un grupo de roqueras adolescentes que tuvo una subida tan repentina como su bajada. Así pues, no nos podrían ofrecer una disección y juego tan interesante como si estas chicas fueran Bob Dylan en I’m not there.
            The Runaways, como decía, cuenta la formación del grupo de punk-rock homónimo, su subida a lo más alto y su separación al poco de tocar la cima. En concreto, se centra en las vidas de su vocalista y su guitarrista, ya que el resto de las miembras no cedieron sus derechos de imagen para ser representadas en la película. Esto, contrariamente a lo que se podía pensar, le hace un favor a la película, ya que si bien su guión renquea en un intento de centrarse en dos personajes, si tuviera que hacerlo en los cinco la tarea se volvería imposible. Para ello el guionista creó un tercer personaje (bastante secundario) a partir de las tres chicas ausentes. Para más inri, todo tiene lugar en 1975, una época de excesos donde el rock prevalecía y donde los músicos se convertían en iconos en muy poco tiempo. En el caso de las Runaways, por ejemplo, se las comparó con todas las bandas míticas, haciendo hincapié en el hecho de que eran mujeres y eran muy jóvenes. Rock para adolescentes en el que se podían entrever las raíces del grunge que primaría una década después.
            Dakota Fanning da vida a Cherie Currie, vocalista de The Runaways con tan sólo 16 años y principal afectada por la montaña rusa que supuso su participación en la banda. La composición de Fanning es, sin duda, lo más interesante de la película. Más allá de la polémica que ha provocado su personaje (estúpida polémica; se trata de un biopic), la actriz demuestra con 15 años una madurez que otros actores tardan décadas en alcanzar. Dakota Fanning ya no es una niña, como demostró hace un par de años en Hounddog, y nos alegra que siga escogiendo sus papeles con inteligencia (ella sola vale más que toda la saga de Crepúsculo). Su partenaire es, curioso, Kristen Stewart, la casta Bella Swang que ha enamorado a hordas de adolescentes. Se merece Stewart también todas las alabanzas, ya que su retrato de la guitarrista Joan Jett nos hace olvidar su malogrado quehacer en la citada saga. Es más, el hecho de que estas actrices se sigan involucrando en proyectos en cierto modo independientes confirma la tendencia que siguen los niños prodigio de su generación (ahí están Abigail Breslin, Soirse Ronan). Como guinda al pastel encontramos a Tatum O’Neal (otrora niña prodigio) y a un sobresaliente Michael Shannon (con su Oscar por Revolutionary Road) como manager del grupo.
            Floria Sigismondi, directora y coguionista, viene del mundo del videoclip (ha trabajado con artistas de la talla de Sigur Ros e Interpol), y si bien sabe desenvolverse tras la cámara (tiene escenas y planos verdaderamente inteligentes), con el guión tropieza a menudo, lo que hace que toda la cinta se resienta. Presentación de los personajes, unión de la banda, ensayos, drogas, sexo, conciertos, el boom, más drogas, algo de drama familiar, conciertos, drogas, caída y redención. Todo muy atropellado, cierto, pero Sigismondi tiene buen gusto al tratar la relación entre las dos protagonistas y el mundo del rock desde dentro, tal y como lo hacía (ahora sí, de modo mucho más inteligente) Casi famosos.
            Al menos hay algo que no se le puede achacar a la película, y es que musicalmente está bien servida de grandes temas tanto propios como ajenos. De este modo, son los conciertos, ensayos… las actuaciones en general las únicas partes que brillan. Pero bien hecho.
            Vamos, es una lástima que una historia que podía haber dado para tanto se quede en la superficie, que la directora no haya decidido arriesgar más, ya que el reparto está entregadísimo y podían haber ofrecido el biopic roquero definitivo. Los ingredientes estaban, pero el plato se ha quedado a medio hacer. Le daremos un 7.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Series y series y series y un verano que se acaba (II)

Pero no ha sido eso lo único que he visto este verano. Con tanto estreno y tanta búsqueda y tan poca vergüenza, me acabé enganchando a otras ficciones que iré desgranando a continuación.
           Tenía guardada en una carpeta la última temporada de una de mis series predilectas: Nip/Tuck, que siempre nos ha aportado tramas culebronescas muy desfasadas (en cuanto a cualquier tipo de mesura), personajes extraordinarios u ordinarios, a secas, y cantidades ingentes de sexo y quirófanos. Toda una revolución, si bien es cierto que esta temporada última ha sido bastante descafeinada, y el final decepcionante. No es de extrañar, ya que el tipo que ha pergeñado todo esto, Ryan Murphy, ha estado liadísimo con Come, reza, ama y la primera temporada de la exitosísima Glee.
           Más me ha gustado lo que he podido ver de Caprica, que toma lo mejor de su serie madre, BG (recordemos que Caprica no es más que la precuela menos precuela de la historia). Si en Galactica había golpes de estado, huidas interestelares y profecías místicas, en su hija hay atentados terroristas, luchas de poder, filosofía, vicio... Como veis, una serie tan madura como mamá. Es más, creo que se perfilará como otra de las grandes olvidadas por los premios televisivos, ya que a pesar de su material humano y filosófico tan intenso, su principal baza, la considerarán una serie de ciencia-ficción, de robots, maquinitas y naves espaciales, y por ende algo estúpido. Gracias por los prejuicios.



            A la que sí me he enganchado es a The Big C, y es que a pesar de las reticencias de las que hablé, considero que su discurso liberal y optimista bien le valen mi atención. Tiene demasiados puntos negativos, cierto, como al insoportable hermano de la protagonista y la actitud estúpida de Laura Linney. Además, le está costando encontrar su tono, aunque el episodio 4 me gustó; ahí lo hilaron. Y como punto gordo de la serie, la dinámica entre Cathy y su alumna obesa (¡gran Gabourne Sibide!). Si siguen por ahí, pueden lograr algo bueno, aunque me da la sensación de que Showtime me cuenta una y otra vez lo mismo :S
          Ahora, una confesión: me engancho a reality shows, es inevitable, pero nunca había tenido que descargar ninguno americano. El culpable en concreto no es otro que Top Chef, un programa en el que alrededor de diez cocineros compiten semanalmente por permanecer en el concurso sacando adelante platos exquisitos en circunstancias imprevisibles. Les hacen cocinar en pleno desierto con una lata de chapa como sartén o con aperitivos de la marca Cheetos un plato de nouvelle cuisine. Como veis, una tontada digna del tonto más grande, pero una tontada que engancha, diablos... Además, si os gusta medianamente la cocina, ya está todo hecho. Como me pasó a mí. Una temporada en dos o tres días. Fantabuloso.

           Una de las series más extrañas y desconocidas (porque ha pasado desapercibida) del año, Gravity, también me enganchó. Por su punto de partida. Por su humor negro. Por su extrañeza, su excentricidad. Podría estar perfectamente tras ella la cabeza de Bryan Fuller: un grupo de suicidas que han fallado en su intento de morir tienen que ir a reuniones para rehabilitarse y reincorporarse en la sociedad. La protagonista tiene una belleza frágil, sobrecogedora, llamativa... y vale la pena por su única temporada, aunque no es ninguna maravilla.
           Y para cerrar, lo dejaremos con una OBRA MAESTRA: Treme. Nueva Orleans postKatrina, David Simon, David Mills, música negra, John Goodman, una ciudad destruida y la reconstrucción de ese escenario caótico. Es tan realista que podría pasar por un docushow gracias a las interpretaciones de su elenco y a las localizaciones. Y HBO. ¿Qué más se le puede pedir? Que la gente le dé una oportunidad. En este momento, es lo mejor que está pariendo la televisión por encima de Madmenes y Breakingdades... Pero claro, el jamón 5 J sabe raro si uno sólo come mortadela. Quiero creer que todos acabaremos paladeándolo y congratulándonos por esta magia y esta oportunidad de viajar al centro del huracán desde el sofá de casa...

viernes, 10 de septiembre de 2010

Mi odio es mayor que el vuestro

Cada tantos siglos hay que quemar la Biblioteca de Alejandría
"El congreso", J.L.Borges

Los evangelistas son, con permiso del Opus o los Kikos, la rama más integrista del cristianismo. Ahora resulta que un pastor americano, Terry Jones, ha propuesto la quema de coranes el sábado a modo de ¿venganza? por los atentados del 11-S. Da miedo el integrismo árabe, sí, porque crean soldados de su religión, pero da también miedo el integrismo cristiano, que a su modo también crea ejércitos en nombre de Dios. A mí todo esto me da risa: en primer lugar, que tanta gente crea en un ser imaginario con el que generan respuestas para todos sus interrogantes; en segundo lugar, que esta gente se pelee entre sí porque unos lo llaman de un modo y otros de otro. A un cristiano no le puedes decir que está rezando a alabando a Alá, aunque lo hace. Cree que no, porque él lo llama Dios Yavhé o como quiera llamarlo, pero es el mismo ser ficticio. Todo este conflicto religioso me recuerda a una novela infantil de El Barco de vapor, en concreto a Chís y Garabís: éstas eran dos islas con reyes y población enfrentada porque cada uno defendía que los huevos duros se pelaban por la parte de arriba o por la de abajo. Viene a ser lo mismo, aunque cambia la nomenclatura. 
             Hace una semana vi un documental sobre un campamento de lavado de cerebros cristiano evangelista. El documental es maravilloso porque en ningún momento hay narrador, los directores (en este caso creo que directoras) se limitan a grabar y mostrar sin dar una sola opinión. Un trabajo objetivo, o todo lo contrario a lo que ofrece el rey del documental-espectáculo Michael Moore. El documental del que hablo se titula Jesus Camp, hay muchas partes en Youtube y cuenta la experiencia de decenas o cientos de niños que pasan unos días juntos en un campamento donde los adoctrinan y ven circular a oradores y demás integristas (si investigáis un poquito más, descubriréis que alguno de estos sermoneadores ha sido relacionado con casos de ¡oh, no puede ser! pederastia). ¿En serio alguien se asombra por esto? Total, se ve a los niños llorando mientras gritan el nombre de Jesús y repudian al demonio que, entre otros sitios, se encuentra en Harry Potter, esa saga literaria que ha logrado que millones de niños lean algo más allá de las guías del último videojuego. Esto me hace recordar que en su momento Ratzinger también condenó al joven mago. Que aún no fuera Papa me da exactamente lo mismo, porque ya era un cardenal relevante en la Iglesia y mostró su opinión claramente. Para que vean que quiero ser imparcial, aclararé que oficialmente Ratzinger no hizo esta declaración, sino mediante una carta al autor del estudio Harry Potter: bueno o malo, con las siguientes palabras: "Es bueno que usted ilumine a la gente sobre Harry Potter porque esas son seducciones sutiles que actuan desapercibidamente y por eso profundamente distorcionan la cristiandad en el alma antes de que pueda crecer apropiadamente". Puesto que estaba convencido de que su juicio trascendería, en otra carta dio permiso al autor para que hiciera pública su opinión sobre la saga de J.K.Rowling.
           Ahora aparece este pastor loco, enfervorizado por su fe hasta un extremo que roza lo patológico y anuncia esta caza, este ataque y derribo contra otra de las grandes religiones monoteístas. Terry Jones, sobre quien se desmintió su relación con escándalos pedofílicos, anima a la quema del Corán en respuesta a los ataques terroristas de hace una década. Más allá de que estos ataques se pudieran haber prevenido de no ser por la estupidez de la Administración Bush, creo que la quema de una bandera es una provocación fácil, una provocación tan infantil que no requiere mayor atención. Ahora bien, que Jones responda con una decisión que se pone a esa altura (¡quememos sus Escrituras todos juntos!) no debería despertar mayor sorpresa o atención. Terry Jones es un niño grande que trata de llamar nuestra atención. Quiere que su congregación sea el centro del mundo por unas horas, quiere creer que ese poder es obra de un milagro divino, o peor aún, realmente cree que todo lo que está pasándole es obra divina. A pesar de las advertencias de Naciones Unidas, del FBI, del Vaticano (¡!), Jones se niega a detener su decisión. Sólo cesaría en su empeño en el caso de recibir una llamada de Dios (¡ja!) o de la Casablanca. Finalmente ha recibido una llamada del secretario de Defensa. Y sí, se echa atrás, entra en razón, algo. Pero a qué precio... Ahora cualquier idiota fanático puede montar un pollo internacional con la única condición de que Obama lo llame en persona o pondrá en peligro la estabilidad internacional a cambio de publicidad. El ser humano da asco...
           El problema lo tiene en primer lugar Estados Unidos, donde es delito quemar una Biblia pero no un ejemplar del Corán. ¿Es menos sagrado un Corán que una Biblia? Aparentemente, sí. Lo que no se debió admitir en ningún caso es esta publicidad, esta atención al niño llorica, al terrorista, porque en definitiva se trata de un terrorista que pone en peligro las vidas de miles de personas ante un estallido de violencia espontáneo. Mi propuesta es simple: este señor ha recibido cientos de ejemplares de coranes a su iglesia para quemarlos en la polémica pira. Alguien debería ocuparse de coger una Biblia, descoserla con cuidado y parsimonia, y más adelante colocarle el lomo de un Corán. Así Terry Jones estaría, sin saberlo, quemando sus escrituras, su razón de ser, ofendiendo a su Dios y a toda su congregación. O si alguien encuentra el Necronomicón original, que lo envíe disfrazado de Corán. Un juego de niños. ¿Ven? Todo era tan fácil...
              Hoy he leído en alguna parte que igual sí tenían que mandarles coranes, pero para que los leyeran, los estudiaran y entonces decidieran si quemarlos tras, al menos, haber debatido el contenido del libro sagrado. Si ya lo decían tiempo ha: "El fascismo se cura leyendo". O quemando Biblias...


1933 d.C. Una serie de obras literarias, científicas y artísticas son quemadas por el Tercer Reich. Se incluyen las obras del "degenerado" de Sigmund Freud, y muchas obras judías.

miércoles, 2 de junio de 2010

Fronteras I


Proyección de Peters


Mapamundi tradicional

Hay países con la historia relativamente limpia. Ahí están los británicos, cuyo gran borrón consistió en conquistar los nuevos continentes con el irremediable río de sangre. Pero el Mundo ya le ha olvidado eso. No perdonamos cuando el conflicto surge entre países civilizados, países que sólo quieren más territorio, más riquezas, más materias de un mundo finito. Y nosotros somos mocos y dependemos de una bola de plastilina que es el planeta. Y si reflexionamos un poco, sólo un poco, nos daremos cuenta de que sabemos, conocemos el mundo tal y como nos lo han enseñado. La sociedad occidental genera los mapas y la distribución de miles de países, y para ello emplean baremos completamente erróneos basados en la economía, en el desarrollo: así, tenemos que la reproducción cartográfica más fiel geográficamente hablando de la disposición y tamaño real se llama proyección de Peters, ya que en el mapamundi general se les resta tamaño a los países del hemisferio sur (en vías de desarrollo, los que no cuentan…). En definitiva, no tiene sentido creer en el tamaño de los países. Es absurdo, ya que incluso un tema tan objetivo da lugar a percepciones sospechosas que no son más que decisiones de gente que necesita aferrarse a algo, porque si no se desesperarían. No solemos pensarlo, pero España está en el hemisferio norte porque la humanidad se desarrolló en esta zona; conforme se descubrían mayores territorios, se iba ampliando el mapa. Más adelante, cuando gracias a la Iglesia descubrimos que el planeta era ‘esférico’, seguimos catalogando. Si partes la naranja por la mitad, es decir, arriba y abajo hielo, pues buscamos el centro. De las dos medias naranjas la nuestra se llama norte porque nosotros, los civilizados, los que tenemos la Historia, nacimos aquí. La mitad sur les corresponderá a los que andan con la cabeza hacia abajo. ¿Pero y si la civilización, el origen del hombre se hubiera desarrollado a partir de Perú, por ejemplo? Latinoamérica estaría en el centro de nuestros mapamundis, que serían boca abajo. Viviríamos en lo que ahora llamamos Hemisferio norte cuando, en realidad, si el universo es infinito y está en continua expansión, no existen norte ni sur ni este ni oeste, sólo un punto que se pierde en la negrura del universo tratando de leer el brillo de estrellas que murieron millones de años atrás. Pero bueno, lo de catalogar, lo de poner barreras está muy bien. Mañana más y mejor.

lunes, 31 de mayo de 2010

Fronteras: un aperitivo


No me gusta decir: soy español. No siento el orgullo que supuestamente debiera recorrer mi tálamo. Tampoco me oiréis gritar ¡Viva Andalucía!, ya que no me siento más andaluz que español. Me puedo enamorar de lugares y de momentos que no suponen nada en el curso de la Historia, ¿pero de una identidad nacional? ¿De una agrupación de personas sin ton ni son? Nunca. Es estúpido, ilógico cuando no tiene ningún fin. Tal vez culpa de esto la tenga mi misantropía galopante, cada vez más desarrollada. Pero no es sólo eso. La puta determinación que ha desarrollado el ser humano por clasificarlo todo. Y últimamente no me queda más que decir que soy de mi pueblo, y de tal provincia, y matizo que vivo en otra y… Decía en mi poética hace unos días: “Quiero canciones que me hagan llorar, y viajar y volver al sitio al que pertenezco”. No sé cuál es ese lugar: no es Bélmez, no es la casa paterna, puede que no haya encontrado aún el lugar al que pertenezco.
De todo esto tiene mucha culpa la vergüenza histórica de los países. Es ésa la que hace que los alemanes agachen la cabeza al hablar de Historia, aquélla por la que los americanos no pueden salir de casa sin que les odien (hecho en gran parte justificado tras los continuos conflictos en que se ven envueltos a raíz de su supremacía y estulticia moral) o por la que un español medio no gritaría ese ¡que viva España! ni se pasearía con la bandera roja y amarillo si no estuviéramos en tiempos de competiciones deportivas. Porque los “malos”, como me gusta llamarlos, se hicieron con esos símbolos. Al menos nosotros no suponemos la diana de todo el mundo como supuso Hitler y sus arios, hecho que derivó en una palabra específica que describe la vergüenza histórica que provoca en las generaciones actuales el paso de su país por la Historia reciente: vergüenza por el Holocausto judío, vergüenza por la dictadura que sirve como ejemplo de la palabra “dictadura”, vergüenza por los muertos sin motivo, el primer paso para reconocer que las barreras acaban con el hombre...

domingo, 7 de marzo de 2010

¿Pero qué se puede hacer?


Tengo 22 años. Acabo este año mi carrera. Hablo inglés, francés y chapurreo alemán. Sé traducir. Voy a publicar una novela, he estado coordinando una revista cultural que se presenta en abril. Tengo 22 años, insisto. Procuro colaborar con asiduidad con una revista de cine online. He cubierto festivales de cine con pase de prensa. Con 20 años pasé medio curso en Gales sumergiéndome en la cultura británica. En otro festival de cine he colaborado como voluntario para organizarlo. He trabajado en el campo y en un taller de confección. En verano suelo pasar una semana en una Escuela de Escritores Noveles. Mi nota media en el expediente es un 7, notable. Eso es todo. Con eso hoy en día, amigos y amigas, no se va a ninguna parte. Necesito algún máster. Y título de escuelas de idiomas: que si el Advanced, el Proficency, el TOEFL... A poder ser, una doble licenciatura o algo de posgrado, quién sabe si un doctorado... Chicha, chicha, hay que inflar el currículum... que ésa es otra: uno en español, otro en inglés, en francés... y cartas de motivación en mil idiomas y con mil variantes.

Y esto viene a algo, no crean que es completamente gratuito. Mañana solicito una plaza como auxiliar de conversación en Guirilandia (Australia, Nueva Zelanda, EEUU, Reino Unido) y tengo la certeza de que no la voy a conseguir porque me faltan méritos. Somos la generación más preparada y, a la vez, la más insegura. Hace diez años nos comeríamos el mundo, pero hoy el mundo nos devora... Necesitamos una inyección de ánimo o un giro de 180 grados.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Las mejores series de la Historia II


Lost. Hoy en dia no hay serie que despierte tales pasiones para bien y para mal. A las pocas horas de emisión en USA encontramos los episodios con subtítulos, y medio mundo vive con el corazón en un puño por si el final de esta serie no cumple las expectativas. En cualquier caso, lo mejor de Perdidos es el viaje, no el aterrizaje. Ninguna serie nos hará disfrutar de tantas (y tan buenas) horas de conspiraciones, aventura y misterio. Y personajes tan grandes como los ambiguos Ben, Locke o la rubísima Juliet.

Los Soprano. Los Soprano es una serie de pata negra, cómo no HBO. Y es mejor que todas las películas que hayáis podido ver todo este año en cartelera. Es como una buena novela de John Fante traída a la actualidad. Si bien toda la ficción ha jugado con el prototipo del italiano mafioso o cocinero (ahí están los polivalentes Simpson para atestiguarlo), su reparto es DIOS si éste existiera. Todos hemos temido por Tony Soprano y hemos compadecido a la pobre Carmela, que es una santa. Por si fuera poco, con su polémico final dejó perplejo a todos sus fans teligiosos que, nada más acabar esta era, corrieron a comer aros de cebolla para paliar la pérdida.

In treatment. Cualquiera diría que se trata de un formato israelí, Bi tipul. A mí me da lo mismo, la verdad. Pero el hecho de que el hijo de Gabriel García Márquez la haya adaptado para HBO ha convertido a In treatment en un producto de culto impecable antes de que se estrenara. Rodrigo García tiene una sensibilidad extrema y como tal lo ha demostrado en esta producción. Innovó con el formato, prácticamente una sesión de teatro muy medido; también en la emisión, con episodios de lunes a viernes en los que cada episodio emula una sesión de terapia con un psicólogo. Densísima, cierto. Pero con sus interpretaciones afiladas como agujas y unos personajes con seis o siete dimensiones, no hay más que decir: ¡Oh, cielos, ésa es la serie que yo quiero escribir! Además, puesto que le han concedido una tercera temporada vamos a poder disfrutar de una nueva tanda de personajes que nos estremezcan y nos enseñen todas las caras que esconde la naturaleza humana.

El ala oeste de la Casa Blanca Ésta es probablemente la serie que más me cuesta seguir por su característica chat and talk elevada a la quincuagésima potencia. Los diálogos de la serie no tienen nada que envidiarles a las demás series que he mencionado. Sus tramas de temporada son igual de interesantes y compactas que las de Los Soprano, dos series con las que me pasa lo mismo: sé que está pasando algo gordo a lo largo de toda la temporada, pero se trata de algo tan sutil que hasta que no concluyo el nuevo tomo no entiendo qué he estado viend durante horas y horas. Su realismo utópico se ganó el derecho de ser una de las series más queridas de los Estados Juntitos con ese gobierno progre liderado por el mejor presidente que la ficción haya podido dar jamás, Bartlet. Y todos, digo TODOS sus personajes son imprescindibles para que la maquinaria tanto del gobierno como de la serie no falle. Chapeau!

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un lugar donde quedarse


LA ¿COMEDIA? DE SAM MENDES


Sam Mendes ha demostrado su versatilidad con cuatro películas: American beauty supuso una deslumbrante opera prima donde se conjugaban drama y humor negrísimo con una denuncia social sin miramientos contra la acomodada cultura estadounidense de los noventa; en Camino a la perdición Mendes nos ofreció un negrísimo retrato sobre la mafia eternamente olvidada, la irlandesa, con un reparto de aúpa; Jarhead fue su aproximación al género bélico más antibelicista; Revolutionary Road nos destrozó hace un año con el drama puro encarnado en el tour de force interpretativo de su pareja protagonista. Ahora vuelve, un año después, con un proyecto que no se parece en nada a lo que ha hecho hasta la fecha… relativamente.


Hablemos de la trilogía sobre las parejas o, abramos horizontes, las relaciones humanas. American beauty, Revolutionary Road y ahora Un lugar donde quedarse. Si las primeras apostaban todas sus bazas en el drama, en ésta encontramos un equilibrio tragicómico que, para qué negárselo, funciona muy bien. Empecemos por el reparto, elemento tan importante en la filmografía del otrora director de teatro: dos cómicos como protagonistas casi dramáticos de esta búsqueda de la felicidad. John Krasinski (The office) y Maya Rudolph (Saturday Night) se rodean de secundarios de lujo para trazar todos los matices que posibilita la historia.


La historia, pues. Burt y Verona van a tener una niña, tienen treinta y tantos y muy poca idea de qué hacer con sus vidas. Deciden emprender el viaje de sus vidas, ella embarazadísima, en busca de un lugar donde quedarse a vivir una vez que el bebé llegue. De este modo llegan a distintos rincones de Estados Unidos donde visitan a amigos y familiares que ya tienen hijos y familias formadas. Cada experiencia los llevará a reflexionar sobre lo que quieren para ellos y su futuro como pareja.


Como ya he dicho, cada familia en esta peculiar road movie nos presenta perspectivas completamente distintas sobre las posibilidades de vivir con hijos. Hay personajes cómicos, como Maggie Gyllenhaal, Catherine O’ Hara o la divertidísima Allison Janney (nuestra querida CJ en El ala oeste de la Casa Blanca), pasada de rosca con sus hijos y marido. El punto dramático lo ponen otras familias (principalmente las de la segunda mitad de la película) con alguno pasaje completamente estremecedor, como el del baile, y no digo más.


Mendes es un buen director, ya lo sabíamos; hemos aprendido que, si lo dejamos sin un elevado presupuesto, su buen hacer, la elección de un buen reparto y banda sonora pueden suplir cualquier medio técnico. Nos entrega, así pues, el tío Sam una cinta indie profunda, a ratos transgresora, disfrazada de comedia independiente. ¿Hay algo destacable? Veamos… en un tiempo en el que nos nutren con secuelas, precuelas, remakes, adaptaciones… el hecho de que un prestigioso realizador apueste por una historia original ya es digno de aplaudir. Escoger a dos rostros tan “normales”, fuera de los cánones de belleza hollywoodiense, incrementa la credibilidad de la historia. La fotografía cálida, el juego con la luz, la complicidad de los protagonistas (química desde un más que prometedor comienzo), las canciones de Alexi Murdoch… son motivos de más por los que ver esta película.


En definitiva, aunque no llega al nivel de excelencia de Revolutionary Road o la cinta debut de Sam Mendes, Un lugar donde quedarse es una película interesante, probablemente de transición en la filmografía de un director que nunca da palos de ciego. Que teniendo en cuenta su historial a lo mejor se le pueda exigir más, vale, pero no podemos estar insatisfechos en vista de la cartelera de este mes.



Nota: 8

martes, 6 de octubre de 2009

Días de cine


No voy al cine porque es un vicio demasiado caro. Ésta es la excusa que utiliza mucha gente en España para no llenar las salas de cines que (y esto es una pena) cada vez son más parecidos entre sí. Cierto, en España el cine es carísimo, en los últimos años el precio ha ascendido en un 40% (una barbaridad), mientras que en otros países como Italia o Alemania, aunque ha subido también, lo ha hecho por debajo del 5%. Es que claro, la entrada 5 y pico, 6 + refresco + palomitas grandes= al final se te van casi 15 euros por ir al cine.
Vayamos por partes: hoy en día existen descuentos en cine (entre semana, claro) para los menores de 30 años con carnet joven y para los jubilados con carnet de jubilado. Así pues, nos queda en medio un sector de público potencial de entre 30 y 60 años, más o menos. Como bien sabemos, el público ideal es el comprendido entre los 15 y 30 años: disponen de mucho tiempo libre, van en grupo y consumen. Si estos van, la cosa funciona. En los estados juntitos el precio del cine parece ser que está tirado, la gente va en avalancha y así logra funcionar la industria de los sueños (se retroalimenta)

El negocio del cine
La entrada es lo de menos. Palomitas. ¿Cuánto cuesta el maíz? Una miseria. ¿A cuánto venden las palomitas en el cine? ¿A 4, 5, 6 leuros? Refrescos: el más pequeño, una cocacola de grifo con medio vaso de hielo, no te baja de 2 euros. Si subes de tamaño, los precios se disparan. No se te ocurra mirar los lacasitos o patatas fritas, que doblan o triplican el precio de venta al público en supermercados. La máxima del dueño de una cadena de multicines es: compra y multiplica, pon en la puerta a un tipo con cara de “gorila de discoteca” y así parecerá que están infringiendo la ley por entrar comida al cine, tu cine. Conoce tus derechos: puedes entrar con una lata de cocacola de menos de 40 céntimos, con una cerveza, una bolsa de patatas o cualquier aperitivo. No te pueden decir nada. Hombre, está feo que entres con pipas por dos razones: haces ruido y lo pones todo perdido.

Tipo de cine
Dado el auge de los multicines, cientos, miles de salas de cine han cerrado en todo el país. En Granada, sin ir más lejos, hace dos años yo iba al Aliatar a ver pelis de Jarmusch, vi Match Point, bastante cine independiente. Ahora hay una tienda de ropa y una discoteca (otra). Eran el reducto del buen cine en vista de que los multicines sólo apostaban por el cine palomitero, que a partir de ya conoceremos como
Cine obvio: para borregos, no es que sea de mala calidad. De hecho, puede ser de calidad excelente, pero está tan masticado y procesado que puede llegar a cualquier tipo de público. Aquí entran desde Transformers hasta Revolutionary Road. Se trata del cine por el que los multicines matarían.
PERO luego tenemos el cine para sibaritas, el cine por el que tienes que esperar dos o tres años desde su estreno para que llegue a las salas españolas (si llega), mal distribuido, doblado y en salas contadas en semanas contadas. De estas películas, como decía, se encargaban hasta ahora los cines de barrio, salas únicas o dobles que apostaban (o apuestan, los supervivientes) por el cine denostado: europeo, independiente, español… Este cine tiene un público más reducido, de nivel socio-cultural medio-alto, que está dispuesto a gastar dinero en cine como inversión en cultura, no mero ocio. Y se lo pueden permitir, lo cual es importante. Son los espectadores que van hasta una vez a la semana. Algunos multicines pequeños no tienen más que apostar por este cine, como hace en Granada Multicines Centro, donde no es difícil ver películas que aguantan en pantalla mes tras mes a pesar de que no son muy taquilleras.

Total, creo que el problema del cine en España, más allá del precio abusivo, es que la gente no se lo plantea como cultura sino como simple entretenimiento. No obstante, como he comentado antes, ir al cine no tiene por qué resultar tan caro. Con carnet o acogiéndose a alguna promoción (muchos cines tienen convenios con bancos y páginas web), comprando una tarifa plana mensual (hay cines, pocos, que disponen de este servicio), la entrada puede salir a 4, 4-5 euros. Si llevamos la bebida y las palomitas de casa (fea costumbre ésta de comer en el cine), el cine nos puede salir por poco más de 5, 6 euros. Digo yo que es un precio asequible para ir, al menos, una vez al mes y no dejarnos llevar por el top manta (ni siquiera vale la pena con la calidad de mierda, y además estamos financiando mafias de tráfico humano!!!), o podemos optar, si alguien argumenta que como en casa en ningún sitio, por alquilar la película en un videoclub (un puto euro de mierda y puedes elegir idioma y los extras que quieras ver, pasar escenas aburridas, verla a la hora que quieras…). Si todo el mundo fuera al cine al menos una vez al mes, es decir, 12 veces al año, probablemente la crisis de la industria cinematográfica se iría al garete, los precios se harían más asequibles, la gente iría más al cine… como veis, la pescadilla que se muerde la cola. Ayer estuve viendo [Rec] 2, que recomiendo muy mucho ver en pantalla grande, y mañana veré con toda seguridad Destino: Woodstock. Mis padres no pueden ir al cine porque en mi pueblo no hay, pero creo que yo me he desquitado bien en cuatro o cinco años yendo AL MENOS una vez por semana, arrastrando a amigos y mis hermanos conmigo.

Que salte el listo de turno y diga: pero Jose, tú te descargas muchas películas. Cierto, me descargo muchas que no llegan a España o que llegan irremediablemente dobladas, pero también las compro si tengo la ocasión, voy al videoclub, saco pelis de bibliotecas, voy a la filmoteca de la Universidad de Granada (3 eurillos no está mal, ¿cierto? Lo menos que se puede hacer es perdonarme que descargue películas por valorar las actuaciones. Y vosotros, ¿vais mucho al cine?

viernes, 4 de septiembre de 2009

La serie definitiva: A dos metros bajo tierra... sin spoilers

La historia es un correr de nombres, apellidos, paisajes, cuerpos, historias, papeles, caminos, afanes, saludos, despedidas, recuerdos y ambiciones con nuevos nombres de lugares y nuevos apellidos

Luis García Montero,
Mañana no será lo que Dios quiera

Yo voy a morir. Tú vas a morir. Es más, ahora mismo, mientras lees esto, nos vamos muriendo (si yo no lo he hecho aún). Y es que, lo que nos iguala a todos, al fin y al cabo, es la mortalidad. Nacemos para morir años, meses, días u horas más tarde si no nacemos muertos. Nacer muerto es una estupidez; es como ir a Pisa y no ver la torre, como ser cazavampiros y morir de una estacada, como ir al cine y perderte los tráilers (en demasiadas ocasiones, mejores que la película en cuestión). Pero a lo que íbamos. Muerte. En la sociedad occidental en la que vivimos la muerte es un tema tabú. Visitamos los cementerios en ocasiones contadas, usamos el tema para asustar, compadecemos a los muertos y allegados de estos… y olvidamos, en esta visión egocéntrica de no-veo-más-allá-de-mi-puto-ombligo, olvidamos, digo, que día a día hay gente que tiene que lidiar con la muerte como parte, y a veces esencia, de su vida: médicos, enterradores, párrocos, directores de funeraria… Pero qué mal vistos están casi todos: los párrocos se lo han buscado; los enterradores y empresarios de pompas fúnebres, no. Es fácil imaginar a un señor alto, estirado, delgado y de piel cetrina con un metro en la mano y la sonrisa helada de un buitre buscando a su próxima víctima. Pero no, señores, ellos no eligen. La Señora Muerte es caprichosa.

Érase una vez un despacho de mesa alargada llena de ejecutivos bajo el lema HBO. Una mujer sugirió, casi como con vergüenza, que podían hacer una comedia sobre una familia propietaria de una funeraria. Los otros ejecutivos la miraron con recelo y le rieron la gracia, pero siguieron a lo suyo, cada cual imaginando a una familia alrededor de una mesa, los niños jugando con el puré ajenos a que debajo papá embalsamaba a la señora Holloway. La Ejecutiva Avispada fue al cine algo mosqueada y vio una película que cambió su perspectiva del mundo. La película arrasó su año en los Oscar y decidió que debía hablar con su guionista, un tal Alan Ball. A Mr Ball le gustó la idea mucho e ideó al instante su propia imagen de la serie, algo distinta de la de los Ejecutivos Aburridos. Escribió el guión para el piloto y se lo enseñó a la cadena; “Queremos más subversión”, dijeron ellos, y él lo flipó y se puso a desfasar, buscó a los mejores guionistas con los que había trabajado y escribieron la primera temporada de una serie sobre la muerte. Rodaron los 13 episodios antes de estrenarla. Arriesgaron.

Papá Fisher tiene una funeraria, fuma mucho y a los cinco minutos de episodio muere. Ruth Fisher se queda viuda con tres hijos muy distintos. Nate, el mayor, independiente, que no quiere saber nada de muertes; David, que trabaja en la funeraria, es gay y lo mantiene oculto; y Claire, una adolescente pelirroja que juega con drogas duras y relaciones tormentosas. A esta familia le sumamos dos más, los Chenowith y los Díaz, y tenemos en nuestras manos una bomba de relojería sumamente estudiada, de tan perfecta, peligrosa. Todos, e insisto, TODOS los personajes de esta serie son de un modo u otro infelices. Como tú. Como yo. Son personas más o menos afables, inestables, sinceras, entrañables, alocadas, dramáticas y humorísticas. La película de la que os hablaba, American beauty, profesaba un humor negro inherente a Alan Ball que, extrapolado a la ¿pequeña? pantalla, despliega todos los matices y armas disponibles en la sensibilidad humana. Ahora ríes, a los cinco minutos estarás llorando. Cinco más, carcajada extra.

A dos metros bajo tierra compartía parrilla con Los Soprano, Sexo en Nueva York, Oz, The Wire… todas series de pata negra sello HBO. Cuando nació en 2001 probablemente inauguró la Edad de Oro de la televisión, y cuando murió en 2005 ya anunciaba el final de esta era: cinco temporadas imprescindibles, de aúpa. A dos metros bajo tierra se planteó como cine independiente, y he de admitir que posee algunas de las secuencias más poderosas que he visto en cine y televisión, si no las más poderosas. La muerte es un tema universal, como el amor, que nunca hasta entonces se había tratado con tanta proximidad y verosimilitud. Es difícil no enamorarse de Ruth, Nate, David y Claire o de todos a la vez, u odiarlos. Porque sus actores se convierten en ellos, dejan de ser Michael C. Hall o Lauren Ambrose: son los Fisher. De Francess Conroy afirmó el mismísimo Arthur Miller que era la mejor actriz viva de su tiempo. Peter Krause pasa de ser el personaje más carismático al más incomprensible y odiado, todo esto sin dejar de ser natural como él mismo. Michael C. Hall (ahora como el descafeinado Dexter) hace una de las interpretaciones, construcción de personaje más soberbia que se han hecho jamás, actor como era exclusivamente de teatro. Y nos (re)descubrió a la australiana Rachel Griffiths, a la que vimos compartir pantalla con Toni Collette en La boda de Muriel. Lauren Ambrose ha madurado y despuntado con su peculiar belleza hasta alzarse como hilo conductor y metafórico de la serie, pero también de la vida tal y como la conocemos.

Cinco temporadas. Sesenta y tres episodios. El mejor final hasta la fecha de la historia de la televisión. En un show sobre la muerte no podían escatimar en fallecidos. Cada episodio comienza con una muerte salvo uno de ellos, sorpresa incluida. ¿Cómo se puede morir? Un resbalón en la ducha, un infarto, muerte súbita, te ataca un puma, te atropellan, haces una a lo David Carradine… El drama de la muerte se convierte en un paso más, en lo mundano, en el día a día.

No es de extrañar, pues, la aparición de actores de renombre como Richard Jenkins, Kathy Bates (maravillosa también como directora), James Cromwell, Patricia Clarkson o Mena Suvari (la Lolita de la ya citada American beauty. Y si seguimos con nombres, tenemos un departamento artístico de primera categoría, y es que el arte es uno de los temas principales de la serie (además del arte de embalsamar). El tema principal, compuesto por…todos en pie, Thomas Newman. Capítulos dirigidos por Alan Ball, Michael Cuesta (creador de Dexter) y Rodrigo García, entre otros.

Vida. Muerte. Sexo. Soledad. Culpa. Homosexualidad. Heterosexualidad. Muerte. Enfermedad. Locura. Amor. Sexo. Desprecio. Desamor. Gritos. Drama. Comedia. Sexo. Violencia. Terror. Pluralidad. Política. Religión. Fotografía. Búsqueda. Viajes. Conciencia. Pareja. Nacimiento. Dolor. Luto. Ironía. Trabajo. Terapia. Muerte. Duelo. Psicoanálisis. Sexo. Muerte. Vida. A. Dos. Metros. Bajo. Tierra. Amén. RIP.

jueves, 18 de junio de 2009

Algo se muere en el alma cuando una serie se va


No es fácil cubrir el hueco de un producto asentado entre la audiencia. Cuando digo asentado, quiero decir que su sombra es tan larga que pertenece a la cultura popular, que cualquiera puede entender la mínima referencia. El súmmum de esto sería Los Simpson. TODO el mundo sabe quiénes son, conocen a Homer y saben que su mujer tiene el pelo azul más largo de la pequeña (y la gran) pantalla. Hasta tu abuela asociaría fácilmente los Simpson con esos seres amarillos. Pues bien, siempre que se acaba una de estas series asentadas, empiezan a aparecer los “herederos”, aunque nunca llegan al culmen de la serie madre y, en ocasiones, ni siquiera todo lo que se haga en todas las cadenas que existen valdrá para suplir la ausencia de una serie conclusa o cancelada. Hablaré, pues, de aquellas cuya ausencia siento más acusada…

Expediente X
Para lograr algo parecido, podríamos mezclar en la túrmix Bones (por lo de la química y TSNR) con Fringe y Sobrenatural (por lo de ciencia-ficción/paranormal) junto con una buena procedimental (no olvidaremos los monsters of the week). Vamos, que conjugar todo esto y añadir la dosis de frikismo, terror e intriga de Expediente X no se ve posible por ahora.


Buffy Cazavampiros
La serie kitsch por excelencia, llena de personajes entrañables, diálogos ingeniosos y ¡vampiros! La perfecta radiografía metafórica de la adolescencia… eso y mucho más es Buffy. Desde los peinados imposibles de Sarah M.Gellar durante la primera temporada hasta los dramas metafísicos que supusieron las últimas. Todos teníamos puestos los ojos en Joss Whedon, y aunque Angel seguía por los mismos derroteros, no era Buffy: le faltaba humor y una chica rubia. ¿Veronica Mars? Rubia y detective en un instituto… le faltan los vampiros y amores imposibles y dramas de querer morirse. ¿True Blood? No, Sookie es demasiado parda y no hay química, es pornovamp de lujo para gafapastas. Firefly era lo nuevo de Whedon, nada que ver con Buffy, y Dollhouse, para qué negarlo, ha sido una auténtica decepción. Nunca superaremos la pérdida de B. Y no, el capítulo musical de Scrubs no está a la altura de “Once more, with feeling". ¿Cuál es el heredero de Buffy, Sobrenatural o Torchwood? Y que nadie diga Embrujadas ,o yo mismo le escupiré en la boca.


A dos metros bajo tierra
Una familia con una funeraria, drama teñido de comedia negra… En Pushing Daysies había muertos, funerarias y comedia, pero NADA le llegará a A dos metros bajo tierra a la suela de los zapatos. Pues no le da ahora a Alan Ball por llegar con una historia de vampiros folletinescos (en todos los sentidos) de serie B con chacha paleta de por medio… Hay muchas familias disfuncionales (Weeds, Big Love…), personajes adictos al sexo (Hank Moody), pero la suma no lo consigue.


Urgencias
Su mayor rival, Chicago Hope, nació el mismo año que ella y acabó mucho antes. Que una serie de hospitales alcance las 15 temporadas dice mucho de ella. TODAS las series de médicos. House es la versión descafeinada de Romano, y Anatomía de Grey es tan sólo un culebrón bastante simple, un Melrose Place entre quirófanos. Ahora dicen que viene una avalancha de series de médicos/hospitalarias, pero jamás serán suficientes para suplir la ausencia de la serie de Crichton y Spielberg. Ahora viene Jackie Nurse (la versión femenina de House?), Royal Pains (según Casciari, mala, mala…) pero yo no quiero nada de eso.


¿Y a vosotros? ¿Se os ocurren series irreemplazables? No vale Lost, de la que hablaré próximamente. ¿Me recomendáis series que palien la ausencia de las que acabo de mencionar?

miércoles, 17 de junio de 2009

RRor, te-rror

Atención: lo siguiente es un miniensayo sobre el terror escrito por mí y totalmente ficticio (de hecho, algunas de las referencias y todas las citas son inventadas)


Es fácil aterrorizar… bueno, lo fácil es asquear (King, 1982). Tan simple como eso. Pocos son capaces de llevar a cabo el arte del suspense, la incertidumbre y el terror hasta el límite de dejar al espectador fuera de sí. Puede ser porque “estamos tan acostumbrados a todo que nada nos da miedo” (Segura, 1999 65-67), no como sucedía en la etapa del nacimiento del cine y sus primeros años. Los directores de serie B, Z y el ya mítico pulp se contentaban con vestir a un tipo de criatura del espacio: un traje de buzo y una máscara de goma maquillada eran suficientes. En esos primeros estadios las parejas jóvenes eran los principales espectadores, aunque lo de menos era el argumento. Los gritos agudos de las chicas, los magreos oportunos de sus chicos y el pataleo tras la proyección completaban una noche en el cine.
________No obstante, y como en todos los ámbitos, hubo visionarios que hicieron arte de uno de los instintos más primarios: el miedo humano (Somorza, 1995). De este modo llegaron joyas como La semilla del diablo (Rosemary’s baby), La profecía o El resplandor. “Kubrick dio a entender algo que muchos habíamos tratado de hacer ver, y era que menospreciar un género con tantas posibilidades no podía sino encuadrarse en el absurdo” (De Palma, 1987 103). Y así el cine abrió una puerta que existía desde que genios de la talla de Poe o Lovecraft mostraron su obra y sus pesadillas. Y fue entonces cuando las criaturas que sólo existían en la imaginación de los niños vieron la luz.
________Es difícil distinguir entre el mito y la realidad al hablar de aquellas primeras historias que se dieron a conocer, las llamadas leyendas urbanas (Balagueró, 2004). Al final todo se convierte en un círculo vicioso: dichas leyendas se utilizan en literatura y en cine como nuevos filones temáticos; incluso existe el caso del Necronomicon, libro maldito sobre el que escribió Lovecraft, y acerca de cuyo hecho volvieron a escribir nuevos autores. “El Necronomicon estaba encuadernado en piel humana y contenía las únicas palabras capaces de hacer enloquecer a la gente” (Scott, 1977 153). Con esas señas me basta. Aunque sea ficticio no quiero saber más de él. Con eso me basta.
________Así es fácil establecer un patrón en el crecimiento desmesurado del miedo o terror, llámelo como quiera. El terror lo devora todo (Lovecraft, 2005). Empieza desde abajo, pero cuando llega arriba no tiene descanso posible. Así, no es de extrañar que la televisión fuera el siguiente elemento en sucumbir a los brazos de tan sutil criatura, y ante esto he de reconocer que me dejo a la radio en el camino porque no es mi medio favorito. La televisión se empapó rápidamente de “esa fiebre oscura y a veces demasiado explícita llamada terror” (Ibáñez Serrador, 1976). A altas horas de la madrugada la programación de algunas cadenas apostaba al principio por seriales de crímenes y misterio desaparecieron en favor de monstruos y sangre de brocha gorda. No hubo sutileza. Algunas telecomedias familiares se apuntaron a la moda de los especiales Halloween para dar lugar a bodrios televisivos y un gasto innecesario en detrimento de productos dignos (Carter, 1998).
________Pero cineastas como Lars Von Trier con su aclamado Hospital Kingdom o escritores como Stephen King han procurado que las buenas costumbres no se pierdan. Ahora sólo queda abrir nuevos mercados. Internet es el gran aliado de la difusión literaria, televisiva y cinematográfica (Allen, 2006). Vamos, que el terror viaja en banda ancha.


Referencias


• Allen, Woody (2006). “¿Y qué si me miran mal? Ya lo hacía mi madre” The New Yorker. 453 (3): 54.
• Balagueró, Jaume (2004). “Darkness: miedos infantiles y otros juguetes”. Fotogramas. 1844 (1): 32.
• Carter, Chris (1998). Expediente X: ¿qué funciona en televisión? Ed. 3ª, 2ª reimp. Barcelona: Ediciones B.
• De Palma, Brian (1987). “Cine, sangre y la reina del baile”. The Cinema Magazine. 251 (1): 12-13
• Ibáñez Serrador, Ignacio (1977). Historias leídas para no dormir. 1ª Edición. Barcelona: Planeta de Agostini.
• King, Stephen (1982). Danza macabra. 1ª edición, 2ª reimp. Madrid: Minotauro.
• Lovecraft, H.P. y otros (2005). El Necronomicón. Relatos basados en los mundos de H.P. Lovecraft. 1ª edición. Madrid: La Factoría de las Ideas. Puzzle.
• Scott Card, Orson (1977). El juego de Ender. Ed. 3ª y 1ª reimp. Barcelona: Planeta de Agostini. Biblioteca de Ciencia Ficción.
• Segura, Santiago, (1999). Fenómenos a tutiplén. 1ª edición y 2ª reimp. Barcelona: SM.
• Somorza, Juan Carlos (1995). Y así nació el terror... 2ª edición. Barcelona: SM. Círculo de Lectores.

martes, 26 de mayo de 2009

NeoBuffy


Me encantan estas noticias que revolucionan a toda la blogosfera, y es que si hay algo con lo que no se juega es con una franquicia como Buffy Cazavampiros, producto vapuleado por mucha gente supuestamente "entendida" que arrastra un movimiento fan sin precedentes. Se oyen rumores de una nueva película sobre Buffy. Hasta ahí, bueno; a mí no me importaría volver a ver a nuestra rubia preferida, más aún en la gran pantalla. PERO.

Empecemos con los peros. El proyecto lo llevaría adelante el matrimonio Kuzui, productores de la película del 92, de la siempre y propietarios de los derechos de distribución de la franquicia y de Angel. Para más inri, recordemos que ella dirigió y retocó el guión original de Whedon para dirigir esa abominación con Luke Perry à la Angel (en realidad, Pike xD) y Kristy-menudas cejas-Swanson. Si hasta aparecía Hillary Swank!!!

Pues resulta que la idea sería relanzar la franquicia con una historia más oscura, con otra Cazadora, sin continuidad temporal, es decir, una historia no canónica. Ahora surgen más preguntas: ¿Buffy sin Joss Whedon es Buffy, sin su escritura ingeniosa y sus dotes para crear personajes? ¿Buffy sin la propia Buffy es Buffy? Con Aída funcionó, pero no estamos en los Estados Juntitos.... todo es posible en la ficción española. ¿Quién sería esa nueva Cazadora? Teniendo en cuenta la historia original, la de Whedon, la buena, y sin reventar a spoilers, sería imposible continuar así como cualquier cosa metiendo a una cazadora nueva por la cara, sobre todo si tenemos en cuenta que Buffy continúa su historia actualmente en otro medio, en cómic con una octava temporada la mar de interesante.

En definitiva, la idea que han tenido estos productores es la de reactivar la saga tal y como ha hecho J.J. Abrams con Star Trek. Con ésta ha sido posible dadas las características de su universo, y supongo que en Buffy no quedaría demasiado forzada, pero en lo que todos estamos de acuerdo es en que no queremos que esto siga sin Joss Whedon, sin sus secundarios increíbles (y me voy fuera del entorno familiar por lo obvio: Spike, Angel, Anya, Xander, Willow...), y en cualquier caso, ver a cualquiera de estos personajes interpretado por un rostro que no es el suyo, supondría una patada en el hígado para cualquier seguidor. Luego puede decir alguno: pues con Firefly, su serie fallida, hubo peli y funcionó muy bien. Yaaaaaaaaaaa, amigo, pero Firefly fue cancelada y la película era para cerrar los hilos que quedaban abiertos... no como en Buffy, donde todo está bien atado.

Además, la cuestión no es ésa. ¿Es lícito reactivar una historia que se cerró donde debía cerrarse, que no tuvo que mendigar un final digno? Joder, que obtuvo sus más que dignas 7 temporadas. Y cojones, me pregunto yo: ¿una Buffy más oscura? ¿Es que esos directivos no han visto las últimas temporadas? ¿No han visto "El cuerpo"?
Si la quieren más oscura, como no escojan a una actriz negra, no sé lo que pretenden hacer. Y ya sé que quedan feas las comparaciones, pero seguro que nos enfrentaremos a un enorme error de casting.


¿Cuál es el mejor maromo?









Actualización (27 mayo)
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Naturalmente, algunas partes implicadas o prescindidas se han pronunciado. Nos interesan sobre todo dos: las del creador de todo el concepto y de uno de los principales guionistas de la serie de televisión.

Tim Minear (guionista relevante en la mitología del Buffyverso): "No es descartable reflotar el barco; yo lo haría si me lo propusieran. A todos nos gustaría retomar el trabajo que llevamos a cabo en esta magnífica serie"
Joss Whedon (el jefe de todo esto, extrañamente escueto y conciso): "Espero que esté guapa [la nueva película]"
Revista Variety: en pocas palabras, la productora Vertigo propone que es el momento de relanzar Buffy según el concepto original de la película de 1992, es decir, dejando a un lado las 7 temporadas vistas en televisión para resucitar y desenterrar una franquicia en pleno boom vampírico (Crepúsculo, True Blood...), sobre todo cuando Buffy significa un producto a seguir, una base del género en sí gracias al complejo universo que ha desarrollado. Cosa que yo no entiendo, porque si pretenden despegarse del Buffyverso, ¿dónde queda el valor de Buffy Cazavampiros como producto? Es más, no se trataría de hacer una película y adiós muy buenas, ni una serie, no: ¡una franquicia cinematográfica! A todo esto, los fans siguen que echan chispas con la noticia. NOS NEGAMOS A QUE PROFANEN NUESTRO BUFFYVERSO! He dicho

lamusique

No podría vivir sin

eveybody's gotta learn sometimes

Un libro

Un libro
Un saco de huesos, Stephen King