And do you brush your teeth before you kiss? Do you miss my smell? What about me? What about me? What about...?


Va dejando trozos de él por todas partes. Algún día desaparecerá conforme anda.
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lunes, 29 de marzo de 2010

Cuentacuentos 49

Frase de Sechat: "Rebuscando entre los papeles encontraron una llave de lo más extraño.", por El Cuentacuentos.

HACER MEMORIA



Rebuscando entre los papeles encontraron una llave de lo más extraño. No es que fuera de esas llaves con una funda colorida de plástico o forma de estrella o triple lámina con agujeros indescifrables; se trataba de una llave de plástico. Adam no estaba seguro de cómo sabía que esa tarjetita era una llave: simplemente lo sabía. La cogió y la guardó en el elástico de los calzoncillos. Esos pantalones sin bolsillos eran una auténtica lata. Lo de no llevar camiseta… bueno, podía acostumbrarse a ello. Además, había que reconocer que tenía unos pectorales bonitos. No bonitos como los de las enfermeras o la doctora que lo había despertado, pero cuadrados y duros.
________ Se recolocó la llave con la tela de los boxers y dejó a los demás en la habitación. Volvió por el pasillo por el que había entrado y saludó a una enfermera con su sonrisa radiante. Funcionó; la chica respondió con otra hilera de dientes perfectamente alineados. Otro hombre se acercó a él, lo miró con esos ojos grises, extrañamente afilados, y le preguntó:
________ —¿Cuántos años tienes?
________ Adam no supo qué responder. Le dio la espalda y siguió el camino de la enfermera. Tras ese pasillo había otro, y otro, y otro que daba a dos más. Toda la instalación parecía estar constituida por pasillos con puertas metálicas cerradas. Como en esa película… Cuando estaba a punto de perder de vista a la enfermera, apretó el paso, pero el suelo estaba demasiado frío y seguía descalzo. ¿Dónde había metido los zapatos? ¿Tenía náuticos o deportivas? ¿Unas Converse, quizás? ¿Por qué no había venido Liza a recibirlo? ¿Para qué era la llave que habían encontrado entre los papeles de la oficina? ¿De quién era la oficina? ¿Cómo habían llegado a las instalaciones? ¿Qué relación había entre los cuatro? Por qué tantas preguntas?
________ La tarjeta-llave acabó de escurrirse por la tela y cayó al suelo. Adam la recogió y jugueteó con ella entre los dedos de la mano derecha, pero recordó que era zurdo y cambió de mano. Entonces se percató de que había perdido la pista a la enfermera. Estupendo, ahora búscala.
________ La llave no servía para ninguna de las puertas del pasillo. Muchas estaban abiertas y daban a despachos, pero las que estaban cerradas necesitaban llaves normales.
________ —¡Oye, tú!
________ Se trataba de uno de los que lo acompañaban en la oficina; el mismo que le había preguntado su edad.
________ —¿Cómo te llamas? —dijo ahora,
________ —Adam.
________ —Vaya, yo también. ¿No te parece extraño?
________ —Me parece una casualidad curiosa. Mira, tengo prisa.
________ —¿Adónde vas? Voy contigo.
________ Vete al carajo. Adam corrió por el pasillo y, al volver la esquina, se dio cuenta de que no había más caminos entrelazados. Había llegado al fin de la instalación. Finisterre… El otro lo seguía. Adam se detuvo a observarlo mejor. Era pelirrojo y sólo llevaba unos slips, ni siquiera unos de esos ridículos pantalones sin bolsillos.
________ —Vas a coger frío, amigo. Vuelve a la habitación.
________ —Ni hablar. Esas dos tías están piradas. Dicen que tienen no sé qué misión, que las dos están ahí para satisfacerme.
________ —Eres marica, ¿verdad? No pasa nada. Te satisfarán igual.
________ —Bueno, vuelvo adentro. Estoy tiritando.
________ El Adam pelirrojo desandó sus pasos y Adam esperó un rato para cerciorarse de que no lo seguían. Entonces abrió una puerta en el último pasillo, pero dentro había cuatro enfermeras —ninguna de ellas era a la que había seguido antes—que lloraban desconsoladas; lo miraron un momento y siguieron llorando. Adam se excusó y volvió al pasillo. La siguiente puerta estaba cerrada, así que probó con la segunda y hubo suerte. Se coló en una habitación espaciosa con una mesa rectangular de metal y grandes cristaleras. La luz entraba por todas partes. Adam se acercó a la ventana y vio a lo lejos
estás en un rascacielos
un grupo de personas frente a la puerta del edificio con pancartas y mucho movimiento, como las personas que se manifiestan por algo o que están en huelga. Justo cuando se disponía a abrir la ventana para oír los gritos —a esa distancia era imposible leer las pancartas—, el hilo musical del edificio irrumpió en una cancioncilla estúpidamente feliz.


________

Don't tell me not to live, just sit and putter
Life's candy and the sun's a ball of butter
Don't bring around a cloud to rain on my parade
Don't tell me not to fly, I simply got to
If someone takes a spill, it's me and not you
Who told you you're allowed to rain on my parade


________ ¿Desde cuándo sabes inglés? Adam salió del despacho y dejó la ventana abierta tras de sí. En el pasillo la música sonaba incluso más fuerte que en la habitación. Les echó un vistazo a los cerrojos de las tres puertas que quedaban: la última tenía una ranura alargada que coincidía con la llave que aún llevaba en la mano. Avanzó hasta la puerta e introdujo la llave. Se encendió una luz verde y giró el pomo. En ese momento alguien lo agarró por el hombro. Se volvió y encontró a una enfermera que hablaba a voz viva, pero con la música era imposible entenderla. Tenía el rostro surcado por lágrimas y los ojos rojos. Adam leyó sus labios y la cara de resignación:
________ —Qué demonios —dijo, lo besó en los labios y entró por la puerta.
________ Adam la siguió adentró y un hálito frío le puso la piel de gallina. Se le endurecieron los pezones, podía sentirlo. Lo que vio nada más entrar lo dejó clavado en el sitio.

I'm gonna live and live NOW!
Get what I want, I know how!
One roll for the whole shebang!
One throw that bell will go clang


________ El Adam pelirrojo estaba en una vitrina, como si flotara en un líquido, al igual que las otras dos mujeres. Todos desnudos y con los ojos abiertos, pero no se movían. Detrás había cuatro columnas de vitrinas donde se reproducía la misma imagen una y otra vez. Adam pelirrojo, las dos mujeres —que se llamaban Eve, según un letrero sobre sus cabinas— y, en la cuarta columna, él reproducido constantemente. Pero no puede ser, yo tengo recuerdos. El corazón empezó a latirle con fuerza inusitada y los ojos se le llenaron de lágrimas. Toda mi vida… Dos hombres con bata entraron con una camilla que no llegaba a cubrir los tres cuerpos por completo. Adam vio las caras de sus tres compañeros muertos (satisfechos). La enfermera se volvió, lo besó de nuevo en los labios y lo abrazó.
Entonces dejó de sonar la música.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Yo soy Cuentacuentos


Llevo tiempo planteándome hablaros de una web única y muy interesante, pero lo pospongo continuamente y al final hace falta una circunstancia especial para que arranque. El Cuentacuentos comenzó hace cuatro, cinco años, no sé muy bien, en el carcamal href="http://cuentacuentos06.spaces.live.com/">MSN Spaces. Se trata de un lugar de encuentro para los jóvenes (y no tan jóvenes) escritores noveles o aficionados a la escritura. La propuesta es sencilla: cada martes nos dan una frase, y a partir de esa frase debemos crear un cuento cada uno en una semana. Se publica en lunes, tal que asín. De este modo, a partir de una frase podemos encontrar hasta cien historias distintas. Si bien es cierto que en un principio la participación era más activa, la creación de la nueva web y foro promovieron que los vínculos entre los participantes fueran más allá de lo estrictamente literario. Por si fuera poco, el elemento cuentacuentil dispone de una gota de misterio. El cotarro lo “dirige” un anónimo Señor de las Historias desde que nació la propuesta en diciembre de 2005, que se dice pronto.

¿Qué es para ti ser un Cuentacuentos? Veréis, uno nace con un don. Hoy en clase de Patología hemos empezado a hablar de los distintos tipos de inteligencia, y uno ha dicho que hay gente que sabe escribir y gente que no. Eso es innato; pero claro, como todas las cosas, si se deja de lado, esta capacidad se atrofia. Como yo no quería que se atrofiara por nada en el mundo, me puse a escribir. En primero de carrera tuve Internet por primera vez (robado de la wifi de un vecino, pero Internet) y gracias a ello se me abrieron infinitas posibilidades. Hay escritores a los que les da pánico enseñar lo que escriben. En ese aspecto yo soy un exhibicionista y no dejo de pasar cuentos y mis poemas a todo el mundo.
Ya había abierto mi blog en MSN cuando descubrí la iniciativa Cuentacuentos. Llevaban apenas dos o tres meses escribiendo cuando me uní a ellos. Al principio la actividad era frenética: todas las semanas publicaba un nuevo cuento. También es verdad que antes tenía más tiempo o me distribuía mejor. La cuestión es que el esfuerzo de cada semana hace que alguna vez brille algo en condiciones. Practicas diversas herramientas narrativas, cambias de género, experimentas con personajes cada vez más distintos entre sí… Y lees, lees mucho. Lees cincuenta historias a la semana, muchas de ellas paja, de acuerdo, pero de vez en cuanto destaca uno de los mejores cuentos que jamás puedas leer.

Vamos, creo que aún no he explicado muy bien qué es ser Cuentacuentos para mí. Con Cuentacuentos he aprendido a escribir, a ser crítico, he hablado de libros, de autores, pero también de cine, televisión, música, teatro… De lo divino y lo humano. Gracias a Cuentacuentos escribí mi primera novela corta y pude ir a Mollina y ganar algunos premios, y conocer a personas que probablemente ya son imprescindibles en mi vida. Gracias a Cuentacuentos he ido a Madrid y he tenido casa, he ido a Ávila sin que mamá lo supiera, he reído, he reído, no he llorado, he querido creer que soy bueno, he criticado implacablemente a colegas… Y he crecido mucho en estos cuatro años de vida escritorcil como para ahora no pensar en ellos un poquito cada día. Dicen que Cuentacuentos se es para siempre, aunque sólo pases una semana y dejes un cuento. Como en todo lo mejor y en lo malo, una vez que entras no puedes salir. Eso sí, si algo malo tiene El Cuentacuentos es que me ha hecho escribir mis mejores historias, y no sé si es algo de agradecer o no. Y que me ha drenado cienes de historias, pero no puedo dejar de seguir enganchado a esta droga. Muy recomendable, amigos.

lunes, 27 de julio de 2009

Cuentacuentos 48



domingo, 26 de abril de 2009

Cuentacuentos 47

Frase de El Señor de las Historias: "Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas", por El Cuentacuentos.

PROFECÍAS


Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas.
________ —Más adelante, más, más… no te preocupes que no vas a chocar —dijo, y dejó caer la mano como si nada.
________ Su interlocutor lo miró con cara —si es que aquello podía llamarse cara— de pocos amigos. Daba la sensación de que fuera a freírse vivo en cualquier instante. Javi miró en derredor hasta que localizó el termómetro que coronaba el centro del aparcamiento. 45º, madre del amor hermoso.
________ La nave descendió sin prisa pero sin pausa y se posó con suavidad sobre la tierra, levantando una nube de polvo y apartando varios coches a su paso. El extraño se alejó de la ventana y apareció cinco minutos después por una puerta que se abrió verticalmente entre un remolino de humo. Poco a poco su cuerpo se definió: piel azul oscura, casi azul marino, dos láminas hundidas en la piel (¿los ojos?) y al menos una decena de extremidades, como los dioses hindúes.
________ Javi se lió un pitillo y lo encendió mientras la criatura descendía por la rampa de su nave; comprobó que sólo llevaba tabaco porque no daba crédito a sus ojos. Lo encendió en un gesto rápido y le dio unas caladas. El ser, que le sacaba dos cabezas, extendió una de las extremidades, una que acababa en forma de pinza, y le quitó el pitillo. Se lo llevó a una de las láminas hundidas (no era un ojo, eso ya era algo) y lo consumió en dos segundos hasta el filtro.
________ —Tío, tío… eh, ¿de qué vas? Que pa una mierda de cigarro que me quiero echar y encima va el hijo de puta y me lo quita. Una monedita no tendrás, ¿no? Aquí no había forma de entrar de ninguna manera. No llego a estar yo aquí y no aparcas ni de coña, así que dame unas monedas por lo menos que me compre un paquete de Ducados, que el calor este de los cojones me da una ansiedad de la hostia que me… que me…
________ Que se desvaneció.
El ente avanzó de forma majestuosa y emitió un sonido molesto, como de succión y gorgoteos mezclados con una salida de aire. No hablaba. Si no hablaba, era otro problema.
________ —Mira, tú a mí no me toques y aquí no ha pasao na.
________ Lo tocó. Posó dos extremidades sobre las sienes del gorrilla y éste oyó los pensamientos de la criatura venida del cielo:
________ —Al fin te encuentro, Javi. No te diré mi nombre porque serás incapaz de pronunciarlo, confórmate con un estúpido Klaatu.
________ —Espera, oye, a ver a ver a ver… ¿tú de qué sabes como me llamo? Que hoy me has pillao sereno, así que no me mosquees, Kaltún. Mira, el último que se hizo el graciosillo conmigo recogió el coche a cachos…
________ —No vengo en son de paz, Javi, pero tampoco hay por qué temer.
________ —No, no, a ver, si vienes en son de paz, to guay, pero si vienes con un rayo de esos desintegradores te juro que te hago la nave mierda. ¿Ves esto?
________ Javi blandió sus llaves frente al ¿rostro? inamovible, impasible del extraterrestre, que volvió a hablar a través de sus tentáculos fornidos.
________ —No te lo tomes mal. Todo está escrito, es la Profecía.
________ —¡La porfiria será tu madre!
________ —La Profecía, lo que está escrito, lo que será, lo inamovible. Puedes correr, pero no puedes huir. Finalmente morirás.
________ —Tío, no me mates, tú eres mu grande y yo mu esmirriao y va a estar feo…
________ —Tienes… hepatitis y cáncer de pulmón.
________ Javi escupió a Klaatu a la cara y se echó a llorar:
________ —¡Vete a la mierda! ¿Vale? Te vas a la mierda, ¿qué sabes tú? ¿Quién te crees, mequetrefe? Vas a venir tú a joderme la vida… Pues ahora vas y se lo cuentas a mi madre si quieres, vas a mi casa y le dices, mire, Milagros, que se hijo se va a morir porque tiene cáncer y hepatitis y lo que te salga de los cojones, si es que tienes…
________ —No… no, no tengo de eso. No hay hembras, somos seres asexuados, no necesitamos dos géneros para profilerar, al llegar la edad madura podemos dividir una parte de nuestro cuerpo y de ahí nace un hijo. Pero esto a ti no te importa mucho, parece ser…
________ Javi bostezó varias veces mientras se frotaba las lágrimas de los ojos. El escupitajo aún resbalaba por la piel añil del monstruo. Avanzó, se alejó de la nave y se deslizó entre varios coches ardientes por el sol. Se retorcía para no tocar el metal caliente.
________ —¡Oye, tú! ¡Espera que me acuerdo de ti! —gritó Javi. —Que yo he soñao contigo, Kaltún.
________ —Es Klaatu —dijo una voz que provenía de la nave.
________ —Bueno, me la suda… pero que yo soñé contigo y me desperté sudando y cuando se lo conté a mi Mari por pocas si no se mea en la cama.
________ Klaatu se volvió y avanzó de nuevo hasta que estaba delante de Javi. Posó sus extremidades de nuevo en las sienes y habló:
________ —Así debía ser. Los Antiguos ya vaticinaron este encuentro…
________ —¡Tú qué vas a estar bautizao, bicho!
________ —Tú has soñado conmigo, yo he leído sobre ti. Sobre ti y sobre mí. Nadie ha llegado jamás a La Tierra, sólo uno de nosotros lo logrará, y encontrará a un humano nada más llegar. Inevitablemente, lo tendrá que matar. No sé el propósito de ello, sólo que está escrito, y no cualquiera logra ser el protagonista de una profecía.Venga, nos vamos los dos juntos y hacemos buenas migas. Además, necesito reponer líquidos.
________ —¿Unas cañitas? Venga, hombre.
________ Javi echó el brazo por encima del unos tentáculos de Klaatu y se perdieron ante la atónita mirada de algunos usuarios del aparcamiento.
________ —Te tenía que arrancar la cabeza de cuajo, so hijoputa —gritó un hombre de rostro bronceado que conducía un BMW —, que todavía no se me ha olvidao lo que me hiciste con los tapacubos.
________ Javi le hizo un corte de mangas y siguió hasta que un municipal se presenció ante ellos con la pistola en alto.
________ —Ni un movimiento ninguno de los dos, que vienen los GEOS en camino —amenazó. —Tú, chorizo, ¿ahora qué cojones haces?
________ —Che, che, che, que yo estoy en la Profecía y no sé si tú andas también dentro, así que el que se va cagando leches eres tú si no quieres que el colega se ponga nervioso —advirtió Javi.
________ El agente ensombreció la mirada y apuntó directamente a Klaatu. Javi se puso nervioso y lo empujó a un lado. Los disparos se sobrevinieron; la mayoría de ellos rebotaron en la piel de Klaatu, pero una bala atravesó el cuello de Javi.
________ —Tío… me ahogo, me cago en Dios y en su puta madre cómo duele esto… que yo no he hecho na pa merecerme esto, la vin…
________ Klaatu tomó la cabeza de Javi entre sus tentáculos y acercó su boca a uno de los pliegues de su ¿cara? Al ver que no funcionaba nada y la sangre manaba con más violencia, dejó de intentarlo y crujió el cuello en un chasquido rápido. Después de todo, los Antiguos nunca erraban. Javi cerró sus ojos pétreos y sonrió antes de morir. Klaatu regresó a la nave, entró y buscó las escrituras en el vidrio sagrado, las arrojó contra la pared y se hicieron añicos. Después dio parte a los suyos: la Profecía se había cumplido.
________Luego, en la soledad de la nave, lamió en un silencio triste, afligido y desconsolado la sangre de su amigo humano.

martes, 14 de abril de 2009

Cuentacuentos 46

Propuesta de Sechat: Minirrelato de amor sin "amor" o "corazón", por El Cuentacuentos.

EL DESTINO ES UNA PUTA

—Hace mucho que no vengo a visitarte, y sé que tú no puedes venir a verme. Tengo tanto que contarte. ¿Sabes cuánto te echo de menos? ¿Sabes lo que es despertarte una noche, buscarte en el infinito de sábanas frías y que se me desgarren las entrañas porque ya no estás aquí? Pero vengo a decirte algo bueno, algo que esperaba hace tiempo. Lo último que dijiste fue un Voy a comprar tabaco, mira que has sido tópico siempre. Cariño, me dan dos meses para estar juntos... Después, nada me importa. Te dejo un ramo de rosas rojas. ¿Que por qué decido ahora volver contigo? Tengo cáncer de mama con metástasis, terminal, irresoluble. FelizSanvalentín…
________Lauren se alejó de la lápida sonriente, sus ojos brillosos, una mano apretándose el pecho…

miércoles, 25 de febrero de 2009

El tiempo es relativo

Relato finalista en el certamen de fantasía y ciencia-ficción de ElCuentacuentos.com

¿31 de diciembre de 2008?

Hace unos meses, aún no había acabado el curso, antes incluso del verano, supongo que era marzo o abril, me despertó otro cuerpo en mi cama. De repente el colchón se hundió un poco y me hizo inclinarme sobre él, aún medio dormido, y recorrí su espalda y su torso con mis manos. Emanaba calor. Fue la única vez —dos, para ser sincero— que he dormido con otro hombre, los dos desnudos. Tampoco pasó nada; al rato me volví a quedar dormido y cuando me desperté estaba solo, las sábanas vacías, frías y revueltas y ningún olor desconocido. Recuerdo que lloré al encontrarme de nuevo desierto y sin nadie a quien acariciar, abrazar o susurrar cualquier cosa al oído.

Ahora te preguntarás muchas cosas que quisiera aclarar. Desde ese hecho ha pasado mucho tiempo, aunque en cierto modo el tiempo es relativo. En segundo lugar, no soy gay. No es relevante, pero todo cuadrará en su momento. Hace unas semanas, el 22 de diciembre, me enteré al llegar a casa de que había ganado el segundo premio en el sorteo del Gordo. Cierto, no es un mito; hay quien gana. Lo mejor es que este boleto fue un regalo de una amiga que me hizo una visita en septiembre. Compré muchas cosas: varios libros, discos, series de televisión, hasta ropa (¡yo comprando ropa!) en Internet. Vamos, compraba lo que me llamaba la atención en Ebay. Fui surcando la página, de un enlace a otro, hasta que llegué a un tipo de Australia que ofrecía una máquina del tiempo. Menuda idiotez, pensé, pero me sobraba el dinero y me aburría, así que me puse en contacto con él. Me habló de electricidad, de átomos y cosas por el estilo. Yo le dije y me dije que si era posible viajar en el tiempo, ¿por qué nadie había venido aún del futuro? Luego él me planteó que tal vez ya lo habían hecho, pero con el cuidado suficiente para pasar desapercibidos, y que era imposible viajar al futuro porque aún no existía, y por tanto no se podía ir a un lugar inexistente. Y que no obstante, la clave de regresar al pasado se encontraba en los electrones de los átomos, que al formar enlaces constituían la materia, y en especial los isótopos. Me quedé con algunas claves, que mis conocimientos de física y química no pasan del instituto: materia, antimateria, átomos, agujero de gusano, neutrones, isótopos y poco más. Total, me convenció el hecho de que él ya lo había usado satisfactoriamente: en San Google encontré con su nombre dos noticias bastante opuestas: por una parte, había desaparecido sin que nadie supiera nada, y por otro había ganado uno de los mayores premios de la lotería australiana. Una tercera página me dirigió al site de un comité de físicos australianos. Por último, acordamos en el acuerdo/contrato que, si no funcionaba correctamente, me reembolsaría íntegramente el importe, que para el caso eran 1.000 libras australianas. Esta semana recibí su paquete, urgente y certificado; dentro venía una máquina con la forma de un receptor de TDT con dos anillas a los lados donde debían meterse las manos, y unas instrucciones bastante simplificadas. Todo consistía en ajustar la fecha a la que quería viajar como si fuera un reloj digital, agarrar las anillas con ambas manos y despojarme de cualquier objeto metálico. Por lo demás, presionar un botón y, siempre de pie, esperar a que funcionara. Pensé muchísimas fechas: el ascenso de Hitler al poder, lo mismo con Franco, el día de la muerte de Lorca, el 11-S, el 11-M y así toda una cadena de tragedias en la historia de la humanidad. Luego puse los pies en la tierra e hice recuento del pasado más inmediato y evitable. Además, claro estaba, debía inventar una identidad para no levantar sospechas. Me llamaría Fate, como el periodista negro que, por si fuera poco, en inglés significa “destino”. Que esa es otra, ¿alguien me explicará alguna vez la diferencia entre fate y destiny? Bien, soy inglés y me llamo Fate, el nombre es lo de menos: Peter Fate, John Fate, paparruchas. Al final lo vi todo claro. El accidente de Barajas era algo plausiblemente evitable. Fecha: 20 de agosto de 2008, justo un día antes, muy temprano, antes de que amaneciera. Hice mi viaje completamente desnudo por miedo a llegar con los vaqueros empalados bajo mi piel o tener el pecho a rayas como la camiseta.
________Llegué a mi habitación el día 19 de agosto, sobre las cinco de la mañana. El instrumento había desaparecido de mis manos y me sentía algo mareado, así que me metí en la cama junto a mi yo pasado, que dormía ajeno a mi llegada al dormitorio. Estaba desnudo. Estábamos desnudos. Éramos como clones o gemelos o algo parecido, y me reí en silencio al pensar que soy Géminis. Me levanté antes de que mi yo pasado despertara y comencé la carrera a contratiempo. Bajé a la calle y me dirigí al cajero, saqué dinero y me fui a un ciber. Entonces creé uno de esos malditos mensajes-cadena para advertir sobre lo que sucedería al día siguiente con la certeza de que nadie lo tomaría en serio. Luego… bueno, a ver, supuse que no somos tan dados a la paranoia como los americanos. ¿Me imaginan tratando de advertir al Pentágono sobre los ataques del 11-S con mi inglés de Móstoles? There`s just no fucking way. Pero Barajas es Madrid, España, al ladito de Móstoles, y nosotros no somos tan estúpidos, tan cerrados de mente. Joder, venga ya, que está la izquierda en el poder. Compré un vuelo (carísimo, como dos riñones y un pulmón) Valencia-Madrid con la congoja de si no sería ése el avión postsiniestrado. Y llegué a Madrid con una facilidad asombrosa para saltarme los controles de seguridad, acreditación e identificación. Entonces me dirigí al mostrador de Spanair, donde una chica me atendió al principio con amabilidad fingida que se convirtió en cuestión de segundos en pura histeria. Exigí hablar con un responsable de la compañía, con el servicio técnico, pero fueron todo oídos sordos. Me echaron; echaron a Fate, el loco inglés. Y el día del accidente volví temprano al aeropuerto con una pancarta y cientos de flyers alarmantes. Es admirable la rapidez con las que puede organizar las cosas una sola persona. Como ente, los seres humanos somos una mierda, y para darme cuenta de eso no me ha hecho falta viajar al futuro. Nuestra paranoia, nuestros miedos, nuestra desconfianza serán el detonante de un mundo frivolizado e inhumano. Nadie está exento de acabar así. Y mientras yo intentaba convencer a un puñado de simios idiotas de que la mayor tragedia del año estaba a punto de suceder, probablemente mi yo del pasado estaría en Villena haciéndose una paja o asistiendo a una clase que no me reportaría nada. Pero funcionó, que no cunda el pánico. Esto parecía más el argumento de Destino final que —permítame, Lector Constante, la frivolidad— Tragedia en Barajas. Algunos de los pasajeros, al oír mis súplicas y leer los panfletos se echaron atrás y reclamaron su equipaje antes de embarcar. Convencí a algunos, salvé sus vidas. Incluso me propuse ocupar uno de los asientos próximamente siniestrados, puesto que yo ya existía, pero en el futuro mi doble volvería hasta el accidente de nuevo y acabaría con mi vida para siempre en una puta paradoja sin sentido. Y si quería salvar vidas, al morir yo mi “hazaña” perdería el sentido. El rumor de un fallo en el motor, de un posible ataque terrorista, cundió entre los pasajeros y casi la mitad de ellos cancelaron su vuelo, pero la compañía replicó con una oferta irresistible: vuelo Madrid-Las Palmas por 10 vergonzosos euros, todo incluido. Pronto llenaron la lista hasta los 200 y pico, el avión salió esa tarde con un retraso por excusa, lo vi levantar el vuelo, tambalearse un poco en el aire y explotar en una mole de fuego y humo negro. Oí los gritos de los testigos, los hostia puta, mira lo que acaba pasar, los ¡oh dios mío!, las sirenas y los pasos de los guardias que se abalanzaban sobre mí.
________Hace una semana que sucedió todo esto, me han interrogado mil veces y mil veces he tenido que inventar una historia sobre una revelación divina. Qué curioso, ahora la gente cree más en la religión que en la ciencia, y sólo me queda la desesperanza por saber que tal vez el destino está escrito, que todo lo que me ha pasado está guionizado desde que nací. Y que un hombre solo es insignificante… Cuento con la esperanza de que pasen de nuevo unos meses para pujar de nuevo por la máquina, quién sabe si contra mí mismo, y hacer que existamos tres yos a la vez, o infinitos, o puede que ya existan y yo ni siquiera lo sé. Ni quiero saberlo.



Andrés Salguero

miércoles, 11 de febrero de 2009

Cuentacuentos 45

Propuesta de la semana: "camino-suspendidos-piedras", por El Cuentacuentos.

NUNCA SERÁS UN HOMBRE


Hay caminos, y caminos. Recuerdo varios especialmente importantes, decisivos en mi vida. Uno de ellos me llevó hasta ti. Conseguimos avanzar en un tiempo juntos tú, mi sirena, la amazona y la maga de ojos azules. Vaya estampa: un centauro, y a sus lomos la sirena, tú, y a cada lado una de ellas: la maga y la amazona. Recuerdo que más que trotar, flotaba, y avanzábamos los cuatro suspendidos en el aire por las artes de la maga.
________La historia de la amazona era curiosa, pero cómo me engañó. Me hizo rechazar a parte de lo que yo era. Estaba convencido: ¿qué mejor para una amazona que un centauro, pero ella no estaba de acuerdo. La amazona, la zorra, la mujer loba me dijo, con su pelo negro y su rabia:
________—No, tú no eres un hombre, tú eres un monstruo.
________Y yo acepté la proposición de la maga, rubia y tímida, ojos azules. Me hizo humano. Recuerdo que corría y quedaron atrás mis cuartos traseros hasta que cayeron hacia ambos lados, abiertas las patas y muerta la carne. Entonces surgieron de la selva varios lobos que se cebaron en ella, aunque cuando los observé un momento distinguí los detalles que los diferenciaban; eran hombres lobo. Uno de ellos tenía el pelo negro y espeso, espesísimo, y los ojos como cruzados por una línea gris.
________Aunque he de admitir que las cosas no fueron del todo así. Si la historia la narrara la amazona, gran narradora, sería muy distinta. Yo la abandoné. Emprendí un largo camino junto a la maga, volando como si nada, hasta las tierras del norte. La maga me aburrió al poco tiempo; le tenía fobia a las arañas, siempre era prudente, demasiado prudente para ser una maga. Y entonces conocí a la sirena, aunque no supe que era una sirena hasta ya pasado el tiempo. La maga me vio varias veces junto a la sirena y enfureció, se le crisparon los cabellos y me hizo recuperar mi parte equina. Eso dolió, dolió muchísimo, joder. La sirena se abrazó a mi torso mientras crecían las patas y nacían las pezuñas. Luego volvimos a nado y dejamos a la maga en las tierras del norte. El viaje fue largo pero no nos agotamos en parte porque íbamos juntos, ella sobre mi lomo para no mojarse, y yo trotando en el agua sin que me faltara el aliento. A la primera persona, que diría Alejandro Sanz, a la primera persona a la que vi nada más llegar a tierra fue a la amazona, y esta vez no estaba sola. Estaba junto a un tipo de cabello negro y espeso con los ojos cruzados por una línea gris. He olvidado decir, quizás porque hace mucho que sucedió todo esto, que la sirena también tenía los ojos azules, pero de un azul de piedra preciosa, como dos zafiros. Olvidé a la mujer loba-amazona y me recosté en la mágica tierra de la Roja, cerca de la nieve y del agua. Un día me volví loco por las miradas, y una gitana me echó una maldición.
________—Nunca jamás serás feliz, te lo juro por los míos, lo más grande, olvida ese cuerpo de monstruo, que vas a ser hombre pa comportarte como tal.
________Y me dejó en las escaleras de la catedral completamente tendido, completamente desnudo, con la sirena de cabellos largos a mi lado. Ella me vistió, y al amanecer la tomé de la mano y le dije:
________—Vámonos a la playa.
________Y nos fuimos en autobús, nada de magia tuvo este viaje. Bajamos del pueblo al peñón, y del peñón a la arena. Era una tierra pedregosa, y sin pezuñas podía sentir las piedras en las palmas de mis pies. Seguimos el camino de piedras grises, volcánicas, que guiaban hasta el agua. La noche caía encima y le propuse bañarnos. Me quité la camisa y me bajé los pantalones y los calzoncillos. Ella sonrió, levantó los brazos y dejó que el vestido se deslizara por su piel. Sólo llevaba el vestido. Me metí en el agua de una vez y ella me siguió. Le creció una cola de pez.
________—Soy una sirena —confesó.
________—Y yo un centauro —respondí. —Bésame.
________La acerqué a mi cintura, me besó y noté cómo mis piernas se unían y se cubrían de escamas. Al fin había dado con ella, contigo, después de tanto camino, de tantas piedras, de sueños en los que flotamos suspendidos.

domingo, 18 de enero de 2009

Cuentacuentos 44

Frase de la semana: "Tengo un amigo escritor al que le gusta llevar la contra.", por El Cuentacuentos.

SINTOMÁTICOS


A Fran, por servirme de inspiración
(tan lejos y tan cerca)



Tengo un amigo escritor al que le gusta llevar la contra. No, no es que sea un estúpido que discute constantemente, solo que es peculiar y publica en la contraportada de la revista, y le ha puesto de título La Contra. Aunque a decir verdad, es un tipo singular al que le ha pasado algo muy común, lo cual no deja de ser paradójico. Os cuento algunos detalles de su vida. Un día, cuando iba por la calle, se fijó en un niño que hablaba y le pareció algo maravilloso cuando no dejaba de ser algo natural, común, vulgar. ¡A saber lo que decía el chaval! Pero en lo que se fijó mi amigo el escritor fue en los sonidos que salían de la boca del niño, sus palabras. Pensó entonces —como me contó más adelante— en niños extranjeros hablando en sus lenguas maternas. Un inglesito, un francesito, emitiendo sonidos tan infantiles, tan mal pronunciados pero a su vez entendibles. Escribió en su sección: “¿Te has fijado alguna vez en cómo hablan los niños pequeños? Ese prodigio de la naturaleza, un complejo sistema de cavidades que podrían enviar sonidos guturales o el simple sonido parecido a cuando soplas a la boca de una botella de plástico, pero no; son sonidos armoniosos, a veces chirriantes cuando gritan, pero sonidos inteligibles. Qué prodigio de la tecnología natural, una vez más adelantada que nuestro arte artificial (valga la redundancia). Entonces me pregunté de dónde salen las voces, cómo se hacen las voces, esos sonidos que sirven para comunicarnos, cuando no para desperdiciarlos…”. Seguía más y más, y entonces empezaba a despotricar contra los teléfonos, la gente que habla más de lo necesario y contra medio mundo. He de rectificar, a mi amigo le gusta llevar la contra. Lo bueno es que luego me envió una carta donde me decía que había dejado de hablar a lo Paul Danno en Pequeña Miss Sunshine, que lo consideraba un desperdicio y que pasaba de gastar energía en ello.
________También me contaba, sorpresa grandísima para mí, porque lo de los cotilleos no nos va ni a él ni a mí, que había conocido a una tía cojonuda. Mi amigo es escritor y no es cursi. Si le encargamos una reflexión sobre el amor trágico del clásico por antonomasia shakespeareano, nos viene con una poesía sobre la cuerda de tender la ropa. Dice que salió con esta chica, que es fotógrafa y habla poco, no por solidaridad con él, sino por su forma de ser. Fueron a una cafetería muy American style donde venden trozos de tartas hechas a mano, caseras y rellenas con mermelada, chocolate y demás golosinas. Él pidió un trozo de tarta de manzana, y ella de una tarta cuyo nombre no le quiso decir. Mi amigo, luego, no enfadado, sino intrigado e interesado en saber cosas de ella, le pidió agua y ella le pasó su botella de plástico.
________—Mmmm… Cereza —dijo él.
________—¿Cómo…?
________—He esperado a que bebieras para pedirte agua, y sabe a tus labios. Sabe a cereza, qué cursilada.
________¿Es o no es un genio mi colega? Pues lo mejor es que sigue sin ser cursi. No me lo imagino dando la mano a su chica ni viendo películas románticas en un cine oscuro. Tampoco se lo puedo preguntar, y el correo es lento. Dirás, pues llámalo al teléfono o mándale un email, pero mi amigo no tiene Internet ni teléfono. Dice que no sabe hablar por teléfono, que la voz se distorsiona y le da pavor (usó esta misma palabra) comunicarse con alguien a quien no puede ni ver; no obstante, he de afirmar que me siento orgulloso… no, quizás no orgulloso, pero sí importante por ser la última persona con la que habló. Hablamos por teléfono, no sé cómo consintió, tal vez porque asalté a media familia suya por teléfono hasta que accedió, y entonces se quedó mudo. Tampoco es que habláramos de nada trascendental, sólo lo de siempre: lo divino, lo humano, maldito bastardo Graham Bell, has visto esta película, has leído este libro, el próximo número de la revista no sale, ya verás… Le escribí hace unos días para contarle que quería escribir sobre él, y lo único que he recibido es una pequeña postal de su pueblo donde me deseaba suerte con esta historia y me mandaba un abrazo para mí y otro para los lectores. También me hablaba de sus sentimientos, aunque a su manera y con una letra apretada, muy menuda y negra: “Jose —me dice—, no me gustan los besos, ni saber cuántos lunares tiene en la espalda, ni que se ría con las mismas cosas que yo. Me siento violado, ¿entiendes? ¿Cómo, cuándo me he vendido? El otro día la dejé fotografiarme desnudo, ¿sabes? Yo, encima de la sábana, con este cuerpo que no es de modelo, porque tengo cuerpo de escritor, y no sé lo que hará con esas fotografías, si se las enseñará a sus amigas o las mostrará en Internet como si fuera un axolotl. ¡Imagina, yo convertido en el foco de una exposición, con mi polla semierecta y los ojos medio entornados porque no la veía muy bien sin las gafas! No quiero ser su objeto de estudio, ni perder más horas contemplando puestas de sol. Para eso ya seré viejo un día. No sé. Ya veré. Un abrazo para ti y otro para tus lectores. Pd: pronto mando carta a la revista.”
________Yo siempre he considerado a mi amigo un genio. Ahora, no obstante, creo que hemos ido más allá: hace poco leí acerca de un síndrome conocido como síndrome de Asperger que consiste en una especie de trastorno autístico que impide a los afectados comprender las emociones ajenas. Pero hay cosas que me chocan: a los Asperger les fascinan distintas materias, independientemente de la persona (biología, arquitectura, matemáticas, es decir, cosas muy científicas y lógicas); a mi amigo le fascina todo el cine, pero no sé hasta qué punto le gusta por las emociones que éste desprende o, como es el caso de muchos cinéfilos, por los aspectos técnicos: planos, encuadres, coherencia en el guión… Me replanteo mi vida entera: esto es, por supuesto, mi teoría, pero en caso de que sea cierta, ¿he estado admirando siempre a alguien que ni siquiera es capaz de comprender mi admiración? ¿Es su manera de escribir, su estilo excéntrico, menos genial de lo que en un principio parecía por el hecho de estar influido por el SA? ¿Estoy en mi derecho a decirle que es un Asperger aunque él no lo sepa? Cuando tenga nuevas noticias, os cuento.


PD: supongo que os habéis quedado con las ganas de saber qué fue de mi amigo. No, no es un Asperger, dice que ha realizado unos tests para comprobarlo tras recibir mi carta y que no lo es, aunque eso no quita que los resultados hayan quedado en el límite, mi amigo escritor sigue siendo un genio para mí, puedo admirarlo y querer ser como él. Os contaba que a él le había pasado algo muy común, sí, se había enamorado o algo parecido. Ahora mi amigo está destrozado, ella se ha ido con otro joven y tiene miedo por si ella enseña las fotos en blanco y negro de su polla semierecta, o peor, que ahora se las haga al otro y que él sepa que su tarta favorita es la de cereza y que tiene siete lunares en la espalda. También ha tomado la decisión de olvidarse de las mujeres, que aunque no quiere decirme nada de su corazón roto porque suena cursi, está más que destrozado. “El amor es una especie de viruela, Jose, deja cicatrices por todas partes. A mí me repugnan las cicatrices por la viruela.” Dice que total, para pasarlo mal prefiere suicidarse. Yo ahí no caí, espero que vosotros tampoco, porque mi amigo es muy franco y valiente, y no haría un acto “tan cobarde y tan incoherente como pegarme un tiro o colgarme de una lámpara para que se haga un desconchón en el techo y lo más que logre sea dar un susto a mis padres”, de modo que, concluye, a partir de ahora seguirá el primer mandamiento de Onás, que para gozar nacimos con dos manos, y él es ambidiestro.

martes, 13 de enero de 2009

Algo falla (1)


Si hay algo malo que le puede pasar a un blogger, más allá de que le falle el router, es la indiferencia. He hecho recuento de las últimas entradas de este blog mío de las entrañas y recopilado todos los posts que han pasado desapercibidos. Es decir, todos los que tienen 0 comentarios (auch, cómo duele). Entiendo que desde verano y mi pequeño accidente cardiovascular no estoy tan fresco, que tras casi 4 años como escritor en la red uno va dejando de tener cosas que decir, pero ahora que me lo curro más que nunca... lejos queda ya la época en la que recibía una media de 10 comentarios, a veces 20 e incluso 30 y tantos en mi primer blog, que desapareció por obra y gracia del innombrable MSN. También coincidió con la desaparición de Indi y el decaimiento de todo mi blogroll, pero ánimo. PODEMOS! Aparte, sé de mucha gente que me lee y me sorprenden cuando lo comentan, pero no dejan huella. Ya sabéis que cada vez que salís del blog sin comentar, Domokun se come un gatico... Paso a analizar las posibles causas de por qué puede estar pasando esto.

1. I want to believe: aquí hablaba de la segunda peli de Expediente X, tan vapuleada por la crítica y por los seguidores, y me pareció curiosa la fría indiferencia cuando me dediqué a defenderla. Hombreyapordios, aunque sea ponedme a parir, pero no lo paséis por alto. Que a mí ME GUSTÓ (omfg)

2. El intercambio: no puedo creer que con la rabia que le tiene todo el mundo a Angelina Jolie, cosa que yo no comparto, pues me parece una grandísima actriz a la que este año no le deseo el Oscar por el simple hecho de que prefiero a la talentosa Kate Winslet. Además, siendo una película de Eastwood, ¡el mismo de Sin perdón, Million Dollar Baby! El cambiazo es una historia que ha provocado una inmensa división crítica. En los EEUU ha pasado más bien fría, aunque la acogida en España ha sido muy bien. Y yo, con mi humilde crítica, la ensalzo a los altares del cine. Vamos, guionistas, escritores, cinéfilos, teléfilos, cotillas, opinad...

3. El regreso: ésta la entiendo. Nadie conoce esta serie, así que ¿para qué cojones me voy a molestar en decir algo que no tenga nada que ver con el asunto? Pero oye, que me atrevo a decir que Lisa Kudrow es la mejor actriz de todo Friends.

4. Un triste final: la más reciente, de hace 3 días; todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos sintonizado El comisario. Tras 12 temporadas se va sin hacer el ruido de la lamentable Los Serrano o la polémica de Los Soprano, pero muchas series policíacas no hemos tenido por aquí, que no estamos en Austria ni Alemania. Y que 12 años no es nada (ja! en televisión 12 años significan TODO). Total, a decirle adiós a Tito Valverde.

5. La rama vaga (II): ésta me dolió especialmente. Vale que para leerla hacía falta haber leído la primera parte, pero es una historia que me gusta cómo quedó, de tan solo dos partes, autoconclusiva, con detective atormentado de por medio. Además, siendo una historia que nació de la iniciativa de El Cuentacuentos me esperaba más tirón.¿Qué más se le puede pedir? ¿Que empiecen a cantar de repente? No, para eso ya tenemos The singing detective.

jueves, 23 de octubre de 2008

De ranas y estanques

Resucito un cuento que se perdió cuando MSN tuvo la genial idea de borrar mi antiguo blog; se trata de mi primera colaboración en www.elcuentacuentos.com



La noche se nos hacía más y más lúcida, pero era una lucidez enfermiza, como podrida. Miré a la luna y la vi roja.
________-¡Vamos, corred, por el amor de dios! –apremié.
________Los niños apretaron el paso. Hacía tiempo que no oía sollozos, claro que el cansancio había hecho mengua en sus cuerpos diminutos. Una de las niñas había gritado cuando fuimos a por ella, pero los demás niños la alertaron de que nada podía hacer, de que estaría más segura con nosotros.
________Yo era el único adulto, y se notaba. Me miré en el reflejo del río mientras ellos cruzaban el puente. Pude ver a un hombre cansado, mayor… ¿senil? de cejas pobladas y un hoyuelo profundo en el centro de la barbilla.
________-Tengo frío –protestó un chaval rubio y escuálido. Las quejas de los demás no tardaron en llegar.
________-¿Quién es el mayor aquí? –pregunté.
________Todos señalaron al niño que había hablado.
________-¿Cuántos años tienes? –pregunté.
________-Nueve.
________-Pues yo tengo seis veces nueve, así que aquí el mayor soy yo. ¡Y no se aceptan más quejas! Todos lo habéis oído en vuestros armarios y bajo las camas.
________-Nos está asustando…
________-¡Eso es lo que pretendo! –exclamé. –Si no, no os moveréis de aquí. Todos nos ignoran, como si nadie pudiera verlo. Esa criatura… no olvidaré su voz helada: “Veeeeeeeeeen… veeeeeeeeen… las ranas mueren en el estanque, veeeeeeen”, decía. Yo la vi cuando tenía ocho años.
________-¿Cómo era? –articuló una niña con coletas.
________No, por supuesto que no sabían de lo que estaba hablando. Oh, no… si lo hubieran visto alguna vez, si lo hubieran sentido a un palmo de sus caritas inocentes… Ese espectro hizo de mí lo que ahora soy.
________-Tenía la cara aplastada como una baldosa arrugada, de color verde como las aceitunas. Sus ojos estaban en blanco, lechosos, y de ellos caía una sustancia amarilla como el azufre. Sí, azufre, olía a azufre. ¿Sabéis cómo huele el azufre?
________Todos negaron con la cabeza.
________-Eso está bien… Sí, es lo mejor. Si lo supierais jamás lo olvidaríais. Y no tenía manos, sino garras como las patas de un águila, negras y retorcidas. Pero eso no es lo que me dio miedo, ni su cuerpo cubierto de pelo, ni la sangre que fluía con el batir de sus alas. Lo que me aterró fue su boca. Yo estaba paralizado en un rincón del dormitorio y eso se acercó jadeando, respirando en voz alta. –Todos los niños estaban atentos con una mirada de pánico puesta en mí. Así debió de ser mi cara en ese momento. –Y abrió la boca y enseñó sus encías cubiertas de babas y sangre, me apresó con sus garras y cientos de diminutos y afilados colmillos amarillos rajaron las encías y nacieron de la nada. Todo eso fue muy lento. Balbució de nuevo: “Veeeeeeeeeen… veeeeeeeeen… las ranas mueren en el estanque, veeeeeeen”. Y cuando la nube de azufre surgió de su boca yo sólo pude gritar. Recordad una cosa, niños. Si se acerca, gritad con todos vuestros pulmones, no permitáis que os destruya.
________-¿Como a los otros niños?
________-Exacto. Y ahora ¡corred, vamos!
________-¡No podemos con estas cuerdas! ¡Vamos atados y tropezamos entre nosotros!
________Efectivamente, todos los niños formaban una cadena y estaban atados por los tobillos los unos a los otros.
________-¿Quién… os ha atado? –me atreví a preguntar.
________Varios de ellos me miraron con miedo y se apartaron. El mayor volvió a hablar pronunciando una sola palabra como si fuera una sentencia:
________-Usted.
________Me dejaron algo confundido por unos segundos, pero todo volvió a cobrar sentido.
________-No os podéis separar, porque si uno de vosotros desaparece lo tendremos que dar por perdido. Los niños muertos estaban solos en sus dormitorios o en la calle, pero nosotros estamos unidos.
________Un sonido interrumpió mis palabras. Una sirena a lo lejos, pero cada vez se oía mejor.
________-¡Vamos, vamos!
________Los niños reanudaron su trote hasta que llegaron al otro lado del puente. Entonces lo oí, juro que lo oí: “Veeeeeeeeeen… veeeeeeeeen… las ranas mueren en el estanque, veeeeeeen”. Una sombra se movió entre los arbustos y tuve que actuar.
________-¡Saltad al río! ¡Viene, está ahí! ¡Saltad, maldita sea!
________Los niños comenzaron a gritar y a llorar, cada uno intentando correr hacia un lado opuesto, pero las cuerdas lo impedían. Cogí al primer niño de la fila en brazos y empujé. Cayó por la tierra embarrada arrastrando consigo al resto de la hilera. Más sombras surgieron de la vegetación, pero los niños ya estaban a salvo. Estaban en el agua. Corrí al centro del puente y vi las cabezas hundiéndose en el lodo, moviendo las manos para intentar flotar, pero las piernas estaban presas. Eso no los podría coger. Me volví y encontré un arco de hombres armados apuntándome al pecho y gritando órdenes que ya no recuerdo. Volví a girarme para comprobar cómo las burbujas desaparecían; todo estaba acabado.

……………………………………….

El psiquiátrico es un lugar frío y desierto reservado a unos pocos. Dicen que yo maté a los niños, tanto a los primeros como a los que se ahogaron en el río. No saben de lo que están hablando. Ellos no lo oyen, no lo han visto. Aquí, mientras tanto, vuelve a oler a azufre.

martes, 21 de octubre de 2008

Km. 5


Hace un año nació Km. 0, probablemente el cuento más redondo que he escrito en más de un año. Violeta y Alberto/David os sonarán a muchos de vosotros. Pero ha pasado un año, y en este año muchas cosas han cambiado. Antes me saltaba clases en Swansea para acabar esa historia de amor, y ahora estoy en Granada un año más viejo y más torpe y más enfermo y más triste y menos brillante, pero para ellos han pasado en realidad 5 años y su futuro ya está escrito. Perdonadme por la impertinencia, pero esperaba esta fecha desde hace mucho tiempo.

Cinco años más tarde, el cabello de Violeta volvía a ser, tal y como dictaba la genética, rotundamente negro. La encontraron en su cuarto hasta arriba de pastillas. Un hilo de baba le caía por la comisura de la boca hasta la camiseta donde se podía leer Love hurts, there’s no glass. Nadie sacó nada en claro. Después de todo la chica era excéntrica, de modo que el hecho de que en todos los cristales de su casa estuviera escrito el mismo nombre no supuso una prueba irrefutable. Tenía los dedos ensangrentados y llenos de heridas, y bajo la almohada cinco cartas escritas con su propia sangre. Murió sin despedirse de nadie. En la ventana de enfrente sólo había una persiana cerrada a cal y canto. El alféizar se encontraba cubierto de lacasitos blancos que formaban tres montañas desiguales. Ni las palomas se atrevieron a tocarlos.
________Él no está lejos. Alberto vive ahora en una institución para enfermos mentales. Hay días en los que es el más cuerdo del lugar; otros, recoge con la boca cuanta lluvia puede hasta que deja de llover y grita que su nombre es David. A veces le da por cantar, dicen las enfermeras, quienes no reconocen las canciones de Caetano. No hubo Veloso para ella, ni té rojo ni fotografías. Cada paciente de la institución tiene un enser personal. Él dejó los libros. Alberto guarda, entre el elástico del calzoncillo y su piel, una foto en blanco y negro que le hizo a una muchacha de cabellos violetas. Hay días en los que está con ella y le habla hasta que viene alguien y le inyecta la medicación y vuelve a tirar de él para impedirle estar jamás con ella. Algunas historias están abocadas al fracaso. Nunca es tarde para volver al kilómetro cero.

martes, 16 de septiembre de 2008

Cuentacuentos 43

Antes de que sigas leyendo, querido lector, he de aclarar varios puntos. No me he servido de la frase de la semana como puro pretexto para contar una historia que nada tiene que ver(dios me libre, eso nunca, ni el deux est machina); es más, la historia es tan larga que probablemente hagan falta más páginas para entender la relación.
Segundo, la historia que a continuación narro es completamente ficticia, aunque utilice mi entorno vital y yo, Jose Alberto Arias Pereira, sea el narrador protagonista. No es más que un instrumento para dar veracidad a una historia sin pies ni cabeza que espero algún día poder acabar con la esperanza de que nadie me demande.


Frase mía: "Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros", por El Cuentacuentos.

PRÓLOGO

Todo comenzó cuando Blanquita se comió a sus cachorros.
________Aunque, para ser sinceros, podría decirse que todo comenzó bastantes años antes, cuando mi madre dio a luz a su cuarto hijo, Pablo Arias Pereira. Pablo nació muerto. Nació muerto y, no obstante, se certificó antes su nombre que su muerte por obra y gracia de mi padre. José Arias Gómez nunca ha sido un hombre detallista; como todos los Arias, se ha mantenido al margen de muestras de afecto efusivas, recordatorios de fechas señaladas y demás. Así pues, no asistió al parto de ninguno de sus hijos. El 9 de agosto de 1987, cuando yo nací, mientras a mi madre le practicaban la cesárea mi padre se encontraba en un pueblo vecino al mío.
________El día que nació Pablo todos estábamos en Granada. Mi madre ingresada con sus tres hijos como única compañía –después llegarían sus hermanas-, y mi padre, en vista de las contracciones, hizo lo de siempre: irse al registro civil a dar el nombre de otro de sus retoños sin saber que en el momento en el que él firmaba los formularios, Pablo Arias Pereira permanecía impasible tras el oportuno azote en el cachete. Se había ahogado con su cordón umbilical, el único instrumento que lo mantuvo en contacto con su madre durante nueve largos meses.
________Los siguientes meses fueron de pesadilla, como si todos fuéramos personajes de una grotesca película expresionista. Mi madre, con el descenso de hormonas y la paulatina toma de conciencia de lo sucedido, arrastró a mi padre a un continuo estado depresivo y destructivo en el que ya nada más tenía sentido. Es curioso cómo el acontecimiento que a mis padres les quitó el sentido de vivir dio origen a lo que a mí me hace seguir: la escritura. Comencé a escribir por entonces, con diecisiete años no por vocación tardía sino tratando de resolver la insostenible situación familiar. Redacté una biografía ficticia sobre mi hermano muerto Pablo Arias Pereira donde relataba todo lo que habría de haber sido en la vida: su infancia tranquila y feliz en el pueblo, el paso al instituto con los primeros amigos y amigas, la llegada a Granada para estudiar, recomendado por sus hermanos, Teoría de la Literatura con la consecuente vida bohemia como adulto especial, conquistador innato y profesor carismático.
________De este modo, mis padres –sobre todo mi madre- suplieron la ausencia del hijo muerto y yo, sin quererlo, colaboré en el reforzamiento de la sombra de Pablo, que se cernía por toda la casa e incluso por el pueblo dando lugar a habladurías entre la gente más vieja y más escasa.
________Mi madre hizo su vida y organizó todo en función de Pablo y su falsa biografía. De este modo obligó a mi hermano Carlos, el pequeño hasta entonces, a compartir cuarto con Pablo. Cada uno tenía su cama y su mesa particular, de tal modo dispusieron los muebles. Miguel –mi mellizo- y yo no vivimos toda la tragedia “in situ”, aunque a nuestra manera la sombra de Pablo no nos abandonó. Cuando nació Carlos, la otra opción para su nombre era Pablo, pero todos nos decantamos por la primera. También nació por cesárea y, en vistas de evitar otro embarazo que podría ser múltiple, mi madre se sometió en la misma operación a una ligadura de trompas. Por eso, la tarde en que nos llamó a Granada para darnos la noticia de que estaba embarazada, nos dejó envueltos en un incomodo silencio. Ni siquiera discutimos la remota posibilidad de que lo estuviera –tanto por la edad como por la ligadura-. Por ambos motivos, Pablo estaba predestinado a no nacer, a no ser ni siquiera engendrado, aunque miento si ahora digo que en su momento la idea de un hermanito -¡que sea hermanita!- a los diecisiete años no nos resultara excitante. Tras la muerte de Pablo, nosotros también quedamos aislados en Granada salvo las remotas llamadas de auxilio de Carlos hasta ese mes de abril en el que mi madre nos obligó a ir a Bélmez para asistir al bautizo de no-Pablo, el no-hermano.
________Hace cuatro días que Pablo les trajo su primera manualidad de arcilla a mis padres. Yo aun no la he visto. Pablo tiene ahora 4 años. A mí me pesan los veintiuno, pero nada en comparación con lo que estamos viviendo. Todo está loco. El mundo, la gente, los animales, el fin del mundo está aquí. Y joder, Pablo ha muerto…

domingo, 20 de abril de 2008

lunes, 31 de marzo de 2008

Cuentacuentos 42

lunes, 24 de marzo de 2008

Cuentacuentos 41


miércoles, 12 de marzo de 2008

Cuentacuentos 40

Frase de Scry: "Soy el mendigo de los sueños", por El Cuentacuentos.

LA NIÑA DEL SIGLO XXI


-Soy el mendigo de los sueños. Ése soy yo. Pero, ¿y ahora? ¿Ahora qué? ¿Me cruzo de brazos? ¿Me enfado? ¿Me desespero? ¿Ahora qué…?
________Nadie le hacía caso. Recuerdo un viaje a Varsovia, hará al menos veinte años. Veinte años… cómo pasa el tiempo. Pues recuerdo que en ese viaje nos pateamos la ciudad una y otra vez, nos empapamos de ella. Aún guardo alguna fotografía de todos delante del Vístula. Y bueno, Polonia no era lo que es hoy en día, aunque por lo que me cuentan aún queda algo de lo que era. Lo que era no era muy bueno, para qué engañarnos. Cuando vi a ese tipo gritando y mendigando sueños me recordó a los vagabundos polacos que, y aun a riesgo de que suene contradictorio, poblaban las calles. Las poblaban y las perfumaban a alcohol. Antes los sueños no importaban tanto; media Europa estaba tratando de asomar la cabeza y escapar de la crisis. Tal vez lo que más había en esos momentos, aparte de licor y cerveza, eran sueños; a falta de realidades, ya se sabe.
________Pues por lo visto el supuesto loco era uno de los míos aunque de esto me di cuenta más tarde. Estaba esa tarde, a la hora de comer, sentado en un banco negro con un bombín negro y sus pantalones negros. En el banco de enfrente descansaba una mujer de edad media, pelo rubio cortado a la altura del hombro, botas de piel y un jersey de lana de colores que al oír las voces del hombre se limitó a prestar atención con mirada curiosa, allí, en la distancia, separada de él por la gente que pasa entre ambos al ritmo estresante de la ciudad.
________La ciudad bulló de nuevo con la salida de los niños de varios colegios cercanos. Uno, el de la calle de arriba, era el típico colegio público en el que cada niño llevaba una ropa distinta, ellas las coletas desechas y ellos las rodilleras destrozadas. En el otro, el de abajo, que era un colegio concertado, las coletas lucían impecables y todas las rodillas estaban hechas con la misma sarga negra. La marabunta de padres y abuelos inundó la intersección donde se encontraba la plazoleta.
________-¡Pero si no pido dinero, sólo pido sueños! –desistió el hombre con gesto derrotado.
________Y nadie le hizo caso. Al igual que vinieron se fueron, sin prestar la más mínima atención al hombre del sombrero negro. En la plaza sólo quedamos él, la mujer, una niña pequeña y yo. No me gusta participar o inmiscuirme en los hechos, me gusta dejar que transcurran, pero en este caso el que menos importa soy yo. Tenemos, pues, al hombre, a la niña y a la mujer. La niña era rubia, muy pequeña y con los ojos muy grandes, y llevaba en la mano un dibujo arrugado. Vestía con una bata a rayas azules y blancas y el nombre bordado en el pecho con hilo negro. Se acercó al hombre, se descolgó su mochila roja y sacó un trozo de bocadillo cuidadosamente envuelto en papel de plástico. Se lo acercó, pero él rió y negó con la cabeza.
________-No tengo hambre, pero gracias. ¿Cómo te llamas?
________-Alicia.
________-¡Alicia! Vaya, una vez conocí a una Alicia… estaba casada con un capullo. Me pregunto qué habrá sido de ella. ¡Ups, perdona! No quería decir capullo, aunque hoy en día los niños conocéis palabras peores.
________Alicia lo miró con la misma cara seria mientras guardaba el bocadillo.
________-¿Cómo te llamas tú? –preguntó.
________-Ufff, hace tanto que no uso mi nombre… Llámame como quieras. Ya que voy mendigando sueños, ¿por qué no mendigar nombres?
________-Luis.
________-¿Quién es Luis?
________-Es mi amigo del colegio. Él dice que soy su novia y que cuando seamos mayores nos vamos a casar.
________-¿Y tú qué le dices?
________-Que no. Que él no es mi novio y que yo no me quiero casar.
________-Eso está bien. La gente le tiene un miedo horrible a la verdad. Bendita inocencia la tuya que aún dices la verdad. En cuanto crezcas un poco te pedirán que mientas por todas partes: tendrás que decir que ya no te gustan las muñecas aunque te sigan gustando porque serás demasiado mayor para jugar con ellas, o tendrás que admitir que dejaste de pintar porque no se te daba bien aunque el motivo es que tu novio decía que te quitaba mucho tiempo, o tendrás que decir lo guapa que está tu madre aunque en realidad nunca haya sido guapa, cosas así.
________-Mi madre es guapa –garantizó la niña.
________-¿Eres de aquí, pequeña?
________Alicia afirmó con la cabeza.
________-Tienes cara de granadina, ya decía yo.
________La mujer los observaba con pavorosa curiosidad, como si no le molestara ser descubierta en cualquier instante espiando vidas ajenas. Unos gorriones se posaron en medio de la plazoleta y Alicia salió a correr detrás de ellos hasta que alzaron el vuelo asustados por su risa viva. El mendigo reinició su petición con la esperanza de alguna respuesta y el cansancio que provoca el verse a punto de desistir en la súplica.
________-¡Sueños, sueños! ¡Es lo único que pido!
________La niña se acercó de nuevo. La niña se puso frente a él y le pasó la mano por la cara. La niña preguntó que por qué era un mendigo si no tenía pinta de mendigo. Y él se quedó por un momento completamente desconcertado sin saber qué responder.
________-¿Cómo es un mendigo?
________-Con barba y ropas viejas, y un perro y un cartón y una gorra.
________El hombre se echó a reír; incluso la mujer del banco miraba la conversación divertida. Hasta yo me descubrí con la sonrisa de lado que se me queda muy a menudo y me deja cara de estúpido, de esas pocas cosas que no cambian ni con el tiempo, ni por mucho que tratemos de evitarlas porque las llevamos muy atadas a nuestra forma de ser.
________-Pero Alicia, es que yo no pido dinero o comida. Sólo pido sueños.
________-¿Para qué quieres sueños?
________-Porque soy escritor y… si te lo cuento tal vez no lo comprendas, o tal vez sí, y puesto que lo preguntas, te lo cuento. Tenía veinte años cuando empecé a considerarme un escritor, y a los veinte años se es, sobre todo, muy soñador, pero también muy estúpido. Perdona la interrupción, pero tengo que decirte que eres una niña excepcional, cualquier otro niño de tu edad ni siquiera me prestaría atención. –Alicia se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. –Pues nada, sigo. Veinte años y veinte mil sueños, y veinte mil amigos y veinte mil amores. Tenía otros amigos que también escribían por todas partes, y lo mismo nos reuníamos en Sevilla junto al río, en las callejas blancas de Córdoba o subíamos al mirador de San Nicolás aquí en Granada y nos quedábamos hasta ver anochecer. Cada uno tenía su manera de escribir, su forma de inspiración… un día me di cuenta de que nada de lo que había escrito hasta el momento me gustaba. Algunas cosas me daban tanta, tantísima rabia que cogí todos los cuadernos que había llenado hasta el momento y los destrocé en una fiesta a la que invité a todos mis amigos, los mismos escritores que, aunque se mostraron reticentes a lo que iba a hacer, comprendieron y respetaron mi dudosa decisión. Es en momentos como ése en los que es necesario alguien que te pare los pies, pero no lo hubo. Les prendimos fuego a los restos de los cuadernos y estuvimos toda la noche bailando, bebiendo vino y recitando poemas de Bukowski. ¿Sabes por qué decidí deshacerme de todo? Porque no me gustaban las historias que contaba, no eran buenas. Después vendría el viaje a Varsovia, donde me enamoré de una chica que se llamaba Clementine, y me enseñó más que ningún profesor o escuela de escritura en mi vida. Me enseñó que me podía bastar de los sueños de las personas para tener mis historias. De hecho, lo primero que escribí tras esa crisis fue a partir de su sueño. No volví a Varsovia, ninguno de nosotros volvimos, y no supe nunca nada más de Clementine. Realmente curioso, la persona que más ha marcado toda mi vida y sólo estuve con ella unos días en una ciudad a la que ni siquiera he vuelto. Para que veas lo raros que nos volvemos cuando crecemos… Y mira ahora, ¿qué hago, Alicia? ¿Qué hago ahora que no hay sueños?
________-Yo sueño –dijo Alicia.
________-Nadie sueña ya –se lamentó él. –Se han acabado los sueños y no tengo nada que escribir.
________-Yo sí sueño. Ayer se lo dije a la seño Inma y me dijo que no puedo decir mentiras, pero es verdad.
________Él la miró muy adentro, como sólo sabe hacer Ana Torrent con sus ojos negros como un pozo, y la creyó.
________-Yo te creo.
________Y quiso conocer sus sueños.
________-¿Qué has soñado?
________Ella le entregó el dibujo que comenzaba a arrugarse entre sus manos. La mujer del banco alzó la cabeza para tratar de distinguir lo que era, pero el mendigo lo observaba en un ángulo que impedía que los demás lo pudiéramos ver.
________-¿Y este niño qué hace entre tantos perros? –preguntó.
________-No son perros, son los leones de la Alhambra.
________-¿Y cómo se llama el niño?
________-Me dijo que se llamaba Damián.
________-¿Por qué está solo?
________Alicia se encogió de hombros y se volvió a poner en pie.
________-Muchas gracias, Alicia. Espero que tu señorita te crea, porque es realmente importante que tú seas la única persona que aún sueña.
________La mujer se levantó y llamó con voz suave: “Alicia, vamos a casa que la comida se va a enfriar”. La niña salió corriendo a los brazos de su madre sin volver a hacerle caso al hombre, pero éste aún tenía algo que decir:
________-Y Alicia, aún tienes más suerte porque no tendrás que mentir. Tu mamá es guapa de verdad.
________Nos quedamos solos en la plaza, él con una libreta en una mano y yo con la mía, él escribiendo sobre un tal Damián y yo escribiendo sobre él.

domingo, 9 de marzo de 2008

Cuentacuentos 39

Frase de la Oruga: "Al final, se rompió la tetera", por El Cuentacuentos.

HUANG Y ROSEBUD

Al final, se rompió la tetera. La vieja se abalanzó sobre ella como un tigre sobre su presa, pero no llegó a tiempo. El agua hirviente se coló entre las rendijas del suelo.
________-¡Ya lo has vuelto a hacer, mentecato!
________Cogió el bambú verde y azotó los brazos del nieto al tiempo que gritaba cuán zoquete era. En esos momentos de rabia le desaparecían algunas arrugas del rostro, exactamente como cuando todas las mañanas se le tersaba la piel al recogerse el moño.
________-¡Abuela, ya! Sólo es una tetera…
________-Sólo es una tetera, sólo es una tetera –se burló ella con la lengua fuera. ¿Y cuántas van ya?
________-Sabes que mi madre no permitiría esto.
________-Tu madre siempre ha sido muy blanda contigo.
________Huang dejó el tono afligido a un lado, se frotó la marca del brazo y se levantó a recoger los trozos de porcelana barata. El té seguía humeando como un volcán grande y tristemente verde. Su abuela se levantó otra vez, se llevó la mano a la cabeza y gritó algo que bien podía significar “nunca lo tendrán” como “las ardillas ya se han ido” justo antes de caer desplomada.
________Huang se arrodilló junto a ella, le sostuvo la nuca con sus manos y acercó el oído. No respiraba. Su corazón se había parado a falta de una taza de té. Entonces actuó con rapidez. Arrancó el colgante con la llave que la anciana llevaba al cuello y lo guardó en un bolsillo de cuero negro que pendía del cinto. Recogió a continuación la bolsa que le había entregado su madre y supo en ese instante que había llegado la hora de dejar de actuar como si fuese esa clase de zoquete. Hizo cuanto debía de hacer con el cuerpo de su abuela antes de avisar a nadie. Cuando acabó bajó al poblado, dio la noticia a algunos vecinos y se esfumó. Sólo llevaba la llave y la bolsa de su madre.


Tal y como le había sido encomendado recorrió las seis colinas del coloso Tse-tuang, y cuando llegó a la séptima buscó el templo oculto entre los cerezos gigantes. El periplo le llevó sesenta días y sesenta noches en las cuales se alimentó de un garbanzo cada alba y ocho granos de arroz cada atardecer. Dormía en la sombra de los árboles, entre las fieras y las alimañas, como si fuera otro más.
________Durante esos sesenta días y sesenta noches sucedieron tres cosas que podrían haber afectado a su rumbo pero que no lo hicieron. Sin embargo, creo que son lo suficientemente interesantes como para relatarlas aquí.
________A la cuarta luna llegó a una explanada que se extendía ante la primera colina. Huang no era cobarde, porque de haberlo sido no estaría recorriendo siete colinas inmensas él solo entre animales y bandidos, pero esa explanada era aterradora. Tenía toda la negrura del mundo en los charcos que se adivinaban a la luz de la luna, pero el pavor aumentaba al saber que podía tratarse de un suelo de barro o arenas movedizas, así que tendría que pasar la noche en el lugar. Se tumbó junto a unos matorrales que asemejaban una madeja de agujas y cerró los ojos, pero no pudo dormir. Al poco oyó el gorgoteo que llegaba de alguna parte cercana, así que se desperezó, y al girarse contempló con estupor cómo una criatura surgía del suelo hasta alcanzar una altura sobrehumana. Comenzó a arrastrarse hacia Huang, y éste advirtió que el ser estaba cubierto de barro.
________-¿Quién eres?
________-Soy uno más –respondió con una voz profunda y húmeda que el joven reconoció al instante.
________-No, no eres uno más, eres un golem.
________-Soy un humano.
________-No eres humano, eres de barro.
________-Puedo sentir.
________-No puedes sentir, no tienes emociones. No tienes corazón, ni cerebro, no tienes órganos.
________El golem blandió los brazos contra la noche salpicándolo todo con lodo. De un paso se colocó justo delante de Huang, quien no tuvo ni la ocasión de huir. La luna pareció brillar más y mostró las cuencas de los ojos vacías, la irregularidad del barro… y la colección de huesos en el suelo. Había huesos humanos por todas partes.
________-Tomaré tu corazón, tomaré tu cerebro, tomaré tus ojos. Entonces seré humano.
________-Eso no te hará humano –replicó Huang.
________Pero el golem no cedió ante sus inútiles explicaciones y alargó la mano hacia el pecho del muchacho para arrancar su corazón, pero éste lo detuvo en el último instante con una oferta más interesante.
________-¿Qué tal si tomas esto? –propuso, y abrió la bolsa que le había dado su madre.
________El golem se quedó –permitidme la expresión –de piedra y aceptó con una inclinación de cabeza. Tomó un poco de lo que había en el saco y se retiró entre los huesos humanos hasta la fosa de lodo que lo había visto nacer. Así Huang pasó el resto de la noche tranquilo y reemprendió de nuevo el camino.
________Andaba justo en el ecuador de su empresa, en lo más alto de la cuarta colina, cuando se disponía a comer su único garbanzo matinal, y vio que el sol se tornaba violeta. Después pensó que eran visiones suyas, pero el sol emergente se volvió a esconder y se tiñó de negro. Según los libros sagrados, que Huang conocía de memoria gracias al adiestramiento dado por su madre, esas eran las señales inequívocas de la aparición de un ángel. Lo primero en aparecer fue una lengua de fuego que resulto ser un látigo. Huang recorrió con la vista el arma azufrada hasta llegar a la visión espectral. Se trataba de un ser suspendido en el aire por dos alas del color del metal, con los ojos rasgados en medio del rostro pálido con una perla roja en la frente. Cuando se posó en la tierra, el suelo tembló.
________-Creo que planeas algo –sentenció el ángel.
________-Crees bien.
________-Quiero mi parte –amenazó la criatura mientras blandía el látigo de fuego en el aire.
________-¿Desde cuándo se aparecen los ángeles para chantajear a las personas? ¿Desde cuándo se inmiscuyen en los asuntos de los humanos?
________-Desde que las personas se inmiscuyen en los asuntos de los dioses.
________-Tú no eres ningún dios.
________-Por eso mismo. Sé que te diriges al Templo de los Cerezos Caídos. Lo dicen los espíritus del aire, lo dijo el golem. Quiero una parte, te ofrezco a cambio mi ejército de corceles.
________Una fila de caballos tan negros como la tinta apareció en el horizonte, al otro lado de la colina. Su trote bravo trajo consigo una brisa enérgica que azotó los cabellos de Huang, quien negó con la cabeza.
________-Pues entonces no me queda más remedio que quitarte la llave –zanjó el ángel.
________-¿Me amenazas? No osarás…
________Las palabras de Huang sí que sonaron como una amenaza, más aún cuando las acompañó con el gesto de abrir la bolsa de su madre. El ángel huyó horrorizado y dejó al muchacho en medio de la extensión con una llave y una bolsa.
________Pasó los días siguientes tal y como había hecho hasta ahora, con la misma disposición y entereza. El camino no se le hizo más pesado de lo que le parecía por el momento, ni siquiera pensó en desistir. Volvió a dormir entre los animales, a la sombra de los árboles, midiendo la comida con la misma exactitud, levantándose al alba hasta que el sol se ponía al otro lado de la colina. Tres días antes de llegar a su destino, mientras descendía la última colina, sucedió la tercera cosa extraña. Oculto entre varios arbustos a rebosar de bayas le pareció ver una cabeza. Se agachó y encontró a un hombre que yacía entre restos de metal y una pequeña nube de humo. Tenía una costra de sangre en la cabeza, aunque Huang reparó en ello en último lugar, ya que el pelo azulado y los pendientes del rostro llamaban demasiado la atención. El extranjero, según sus rasgos, debía venir del oeste. El muchacho le sostuvo la cabeza hasta que el hombre despertó.
________-¿Estoy en China? –preguntó con un acento extraño.
________-Así es –respondió Huang a la vez que se alejaba.
________-Nunca me acostumbro a estos viajes, maldita sea. Esta vez casi no la cuento.
________-¿Qué viaje? ¿De dónde vienes?
________-Ah, perdona. Vengo de Manhattan… ¿no te suena? No, no te suena, es normal. No existe aún… Vengo de bastante lejos, es difícil de explicar. Vengo del futuro.
________-¿Del futuro? Magia…
________-Bueno, más bien ciencia. Pero estamos perfeccionando.
________-Tengo que irme –señaló Huang con una mirada de suspicacia.
________-¿A dónde? ¡No irás a dejarme aquí! Espera… tú te traes algo entre manos.
________-He de irme –repitió.
________-¡Responde! ¿A dónde vas? ¿Para eso me molesto en implantarme las nociones de chino clásico?
________-Voy al Templo de los Cerezos Caídos a llevar a cabo una tarea importante.
________-¿No será cierto…? ¿Así que no era una simple leyenda? Tienes la llave…
________Los ojos le brillaron más aún con esa sonrisa avara. Se llevó la mano al cinto y extrajo un objeto reluciente, metálico, perfectamente pulido, pero extraño para Huang.
________-Esto es un revólver. Dispara balas, pequeñas piezas de metal que te atravesarán tan rápido que te matarán antes de que te des cuenta. Dame esa llave.
________Disparó contra una piedra y levantó una nube de humo justo donde la bala había impactado haciéndolo todo añicos.
________-Magia oscura –indicó Huang con un hilo de voz.
________-Tecnología –precisó el extraño venido del futuro.
________-De acuerdo, te daré la llave si aguantas mirando al contenido de esta bolsa durante tres latidos de mi corazón.
________El extranjero rió con desdén y afirmó, entre divertido y curioso. Huang se agachó, tomó la bolsa de su madre y la abrió. Nada más ver lo que había en el interior, el hombre se arrojó de espaldas y se arrastró sobre sus propias manos con gesto espantado. Arrojó la pistola a un lado y se perdió colina abajo entre lamentos incomprensibles.
________Huang continuó su camino sin inmutarse durante los días restantes. Al fin, una mañana alcanzó la séptima y última colina, halló los cerezos gigantescos y, entre ellos, el que era conocido como Templo de los Cerezos Caídos. Entonces pensó para sus adentros: “Al fin seré un dios”.


Cuando Huang aún no había nacido, su abuelo, que era pescador, encontró una llave dorada al tirar de las redes. No le dio importancia, pero al llegar a casa se la mostró a su mujer, quien sabía demasiado bien lo que escondía esa llave. Ella era mejor conocedora que él de las escrituras, y no pasaba un día en que no se las recitara a sus hijas, una de las cuales sería la madre de Huang. Por eso nada más ver la llave recordó la historia que aparecía en los textos antiguos y que hablaba del pacto entre los espíritus y los hombres, según el cual si algún día uno de ellos conseguía una ofrenda tan valiosa, tan magnífica, tan única como para conmover a los espíritus, estos le darían la inmortalidad en forma de dios dragón.
________Así pues, cuando la mujer le contó esto al humilde pescador, que tampoco era demasiado listo, comenzó a pensar en el don de la inmortalidad en forma de dragón. Puesto que sólo los hombres podían llevar a cabo tal hazaña, su señora esposa no dudó en animarlo con la certeza de que ella también sacaría provecho de la situación. Digo que él tampoco era demasiado listo porque ella no lo era. Demasiadas leyendas e historias en su cabeza. Por eso pensó que la mejor ofrenda para los espíritus era una gran lubina, lo más que podía procurarles un humilde pescador, antes que todas las riquezas del mundo, y que esto conmovería a los espíritus como siempre ocurría en los cuentos que había leído y contado mil y una veces. Lo que no sabía la mujer es que los cuentos no los escribían reyes ni grandes señores, sino pobres servidores que soñaban con una inocente venganza, ¿y qué mejor venganza que volver las tornas? La pobreza y sumisión les proporcionaría el poder. Una lubina lo convertiría en dios dragón.
________Fueron los dos y dejaron a las niñas con el hermano de él. Al cabo de varios meses volvió sólo ella con la incertidumbre de lo que había sucedido allí. Nunca supo si su esposo se había convertido finalmente en el dios dragón o si se había esfumado por semejante impertinencia, pero guardó la llave al cuello hasta el día de su muerte.
________Y ahí estaba el relevo generacional. Huang observó la majestuosidad del lugar, la disposición de las rocas gastadas, las formas de jade alrededor del templo y el altar a los espíritus. Todo estaba dispuesto para que él alcanzara su objetivo. Entró en el templo y llegó a la piedra central, donde un entrante con la misma forma de la llave, como un grabado sobre la roca, daba las primeras instrucciones. Huang se descolgó la llave del colgante por primera vez en tantas semanas y la incrustó en el hueco. Una brisa llegó de todas partes arrastrando consigo las hojas de cerezo. Tomó la bolsa de su madre y la abrió sobre el altar. Los pétalos en el aire cobraron vida propia atrayéndose entre sí hasta adquirir la forma sólida de un dragón.
________Al muchacho le entró en ese momento una risa histérica provocada por los nervios. ¡Él un dios! ¡Él! Que había aguantado mucho, de acuerdo. No, había aguantado demasiado. Demasiados golpes, demasiados insultos… Cerró los ojos y notó los pétalos girando en torno a él, oyó las voces de los ancestros y notó cómo su cuerpo se estiraba, se encogía y todo parecía sobreponerse a su propia concepción de la realidad. Como si todo fuera una gran mentira. Y eso fue lo que pensó hasta el momento en que abrió los ojos.
________Se encontraba en el exterior del templo y se sentía extrañamente ligero. Miró en derredor y no vio más que los cerezos gigantescos, que parecían incluso más grandes que antes. Se acercó a un claro entre los árboles donde había un charco de agua cristalina y se miró en él. Cuál fue su sorpresa cuando encontró en el reflejo una simple libélula, totalmente verde y de alas plateadas, eso sí, pero una simple libélula. ¡Nada de dragón! Una voz le habló desde abajo, entre los yerbajos. Se trataba de un escarabajo.
________-Huang, Huang… -comentó en tono triste.
________-¿Quién eres tú? ¿Cómo me conoces?
________-Pues es que yo soy tu abuelo y te estaba esperando. Pasó por aquí un ángel espantado y oí sus palabras.
________-¡Sigues vivo!
________-Claro, soy un dios. El dios escarabajo.
________-Y yo no lo conseguí… -se lamentó Huang.
________-¡Pero si eres un dragón!
________-Soy una simple libélula –gimoteó.
________-¡Ah, claro! Tú no lo sabes todo… Resulta que los dragones no son esas criaturas gigantes que siempre creímos, fueron el invento de un escribiente ciego que, guiado por el aleteo de una libélula, creó la leyenda de los dragones.
________-¿Y entonces seré así para siempre?
________-Así lo quisiste. Has sido el único en lograrlo… Dime, ¿qué traías como ofrenda para los espíritus?
________Huang, totalmente desengañado, sólo llegó a responder:
________-¿Acaso importa ahora?
________Entonces se lo comió el camaleón.

lamusique

No podría vivir sin

eveybody's gotta learn sometimes

Un libro

Un libro
Un saco de huesos, Stephen King