And do you brush your teeth before you kiss? Do you miss my smell? What about me? What about me? What about...?


Va dejando trozos de él por todas partes. Algún día desaparecerá conforme anda.
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sábado, 18 de diciembre de 2010

Hay que ser inmaduros...

Hay que creer en Papá Noel y en los Reyes Magos. Creer en el Ratoncito Pérez y en el amor. Hay que saltar en cada charco y gastar billetes enteros en chucherías. Hay que ir a conciertos donde la gente fuma hierba y bebe litros. Hay que vestir con lo primero que te ofrezca el armario, sin combinar prendas ni mirarse al espejo. No hay que peinarse salvo en situaciones de emergencia. No hay que tener saldo en el móvil. Hay que viajar con una mochila y kilómetros de autobús; hacer autostop. Colarse en el cine en la sala de al lado cuando acaba tu película. Ir a las tiendas a recomendar libros, discos y películas. Hay que acoger animales abandonados y convertir la casa en un refugio. Hay que tener siempre una Biblia cerca (en caso de que se nos acabe la leña) y una lista de cosas por hacer. Hay que posponer las responsabilidades. Hay que reírse de la gente en su cara e insultar cuando venga en gana. Hay que saltar con paracaídas una vez en la vida. Hay que nadar hasta las boyas y dar la vuelta y descansar tumbado en la arena. Hay que follar en las porterías de edificios viejos. Hay que raparse la cabeza o teñirse el pelo verde y azul. Hay que comer chocolate, toneladas de chocolate, infinidad de chocolate. Hay que afeitarse como mucho una vez a la semana. Hay que colgar una pizarra en el salón de casa y escribir ahí versos diversos. Hay que abrazar a desconocidos. Dormir con ellos. Dormir siempre acompañados (no importa de quién). Hay que ser inmaduros.
Hay que ser muy duchos en el arte de vivir.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

En terapia


¿Saben? Necesito escribir. Insisto en necesito. Sin escribir, me ahogo, me hundo, me cuesta respirar… cuando escribo, me olvido del resto.
            Quien me conoce sabe de mi tendencia a convertirme en una montaña rusa emocional, y es bastante evidente en este blog, después de todo mi contenedor de ascos. Todo lo que no me cabe o me quema en la cabeza, lo vomito aquí. Y me siento como nuevo. A veces cuento cosas buenas; otras, malas. Hay veces que incluso terribles. Pero hoy no. Hoy vengo a reivindicar la escritura. Hace dos días tuve una jornada emocionalmente agotadora por la marea de emociones que se sucedieron de repronto. Venía de un fin de semana en el que había estado inexplicablemente enfermo, y me levanté para estudiar. Ayer tuve examen; mañana tengo otro. Total, estaba yo estudiando cuando levanto la vista y veo en la tele a Morente, Enrique. Miro y leo muerte cerebral y se me encoge el pecho. No. No puede ser. Enrique es joven, Enrique es fuerte, Enrique es el legado del genio granaíno. Efectivamente, se nos fue. Iba a comer sin ganas cuando recibí una llamada que me cambiaría el día: un editor de Madrid está interesado en publicar mi primer poemario. Uf. Poesía al fin. Porque con la poesía tengo miedo, aún no me siento poeta, aún no he dejado los restos en un libro de poesía. En narrativa lo he hecho en varias ocasiones, sí, pero no en poesía. Por eso fue un subidón que me tuvo todo el día hasta arriba. Luego me di cuenta de que seguía algo enfermo, no estaba curado del fin de semana, pero quise olvidarlo con el notición. Me fui a clase, y entonces me topé con un nido de cucarachas que creía extinto (lo siento, no se me ocurre un símil más apropiado) y que me provocó náuseas. No por la impresión, qué va, ni mucho menos. Náuseas de asco. Estuve en clase con ganas de vomitar, pensando en el examen del día siguiente, en las cucarachas (hay al menos dos, tal vez tres) y en lo mal que me sentía (te tenías que haber quedado en casa, Jose, aún no te has curado. Ya, pero no puedes faltar a clase o te suspenden la asignatura. Pero estás malo, joder. Venga, no pasa nada, mañana estarás mejor). Luego pensé, me acordé de lo del libro y me llevé la mano al bolsillo y noté el tacto del papel del bueno. Miré la entrada, pensé en el poemario de nuevo (irónicamente, se titula Cuánta pupa) y salí de clase antes de tiempo. Me fui al concierto de Micah P. Hinson y durante una hora y pico se me olvidó el mundo. Así de maravillosa es Granada, el mismo día en que muere Morente puedes ver a Hinson en cocierto. La cuestión es que se me olvidó todo lo malo y, al llegar a casa, sin Internet ni nada, me puse a estudiar y organizar los apuntes y a terminar de releer el último de Harry Potter en inglés. Luego pensé en el poemario, en la posibilidad real de una publicación y me dormí como un bebé.
            Ayer el día fue de nuevo agridulce. Caminando por Granada tenía ganas de llorar por Morente. Lo escuchaba homenajeando a Lorca. No sabéis qué sensación escuchar a Morente por Lorca en las callejuelas del centro de Granada. No lo sabéis. La aurora de Nueva York de su disco Omega. Por eso me duele tanto lo de Enrique, supongo. Por Lorca, que es como si con él volviera a morir un poquito. Yo es que nunca he escuchado flamenco (ni música en general), y a Morente llegué a través de Lorca. Me volvieron a arrastrar hacia él Los Planetas. Granada puede ser y es maravillosa. Luego hice el examen, digo, ni bien ni mal, uno más. Fuera. Ya sólo me quedaba el de mañana. Con eso me fui a casa (eran las 3 de la tarde cuando salí del examen; ya, menuda hora de poner un examen…), pero antes me pasé por Traducción [duele no llamarla mi facultad] para revisar el correo y comprar pan de camino. Miré el correo y encontré algo bueno de nuevo, un anónimo firmado. En realidad, encontré varias cosas buenas: qué tontada, una cosa tan estúpida como el correo electrónico, una sucesión de ceros y unos, te puede alegrar el día. La semana que viene o estas vacaciones os hablaré tranquilamente de los bonitos anónimos. Son algo maravilloso, desde luego. Ya me explicaré: para que tengáis una pista, os diré que me persiguen desde hace algo así como tres años, sí. Algo así, tres años, quizás cuatro.
            Dejé el correo con la pequeña alegría, pero entre que no salí del examen con una sensación maravillosa, me acordé de las cucarachas otra vez y pensé en el examen de mañana, pues me sentí de nuevo por los suelos. Y Morente por todas partes, y “La aurora de Nueva York tiene/cuatro columnas de cieno…”, y un poco de todo. Tenía trabajos que hacer y bastante que estudiar, pero me puse a escribir. Porque era escribir o morir. Y bueno, lo cierto es que estoy contento. Puede decirse que ayer, un día después de la muerte, de la despedida de Enrique, concluí mi segundo poemario. No voy a contar por quincuagésima vez cómo también escribí casi toda La traición de Wendy en una situación de desesperanza y desesperación total, pero os recordaré que necesito escribir. Que cuando las cosas se me ponen feas, yo acabo otro libro y lo celebro por lo grande. Mañana, además, después del examen y la clase tengo un concierto más, en este caso un casi acústico de Zahara, que podré disfrutar como hace prácticamente un año cuando vino por aquí. A ver si mañana consigo la foto con ella (o algo así), que al fin soy libre desde hace mucho tiempo. (Ja, libertad, dice. Ya, todo el trabajo que me echo a las espaldas lo hago desinteresadamente). Pues nada, tendrán que seguir viniendo malas rachas, y cucarachas, y muertes y suspensos para que mi vida prospere. O no. Sólo sé que me lo estoy currando como una bestia, y El abrazo del koala ya está de camino a algún certamen de poesía.
Deseadme suerte.

lunes, 16 de agosto de 2010

Cuando no sabes si volver o esconder la cabeza bajo tierra


Ya estoy de vuelta.
En casa, en Bélmez.
Tengo deberes y muchas fotografías y recuerdos. E incertidumbre: pero confío en mí. Sé que el año no pasará en balde. No sé si un máster, otra carrera o un curso de lo que sea, pero lograré tirar del carro...

Aunque lo cierto es que ahora mismo sólo quiero volver a Bristol o donde sea en Inglaterra y recorrer los sitios de siempre y conocer gente nueva que me deje de piedra, beber pintas de Guiness o lagers en la calle... Visitar museos gratis, ir de tiendas (¡yo!) de segunda mano, de rastrillos, de mercados ambulantes. Viajar en tren con la mochila por compañera. Viajar...


Sirve un viaje de estos para aprender cosas en inglés, de acuerdo, pero también de la escuela de la vida, a poner los puntos sobre las íes, a determinar lo importante y lo estúpido, a discernir la paja del grano. Sirve también para darnos cuenta de lo equivocados que estamos. O de lo correcto de toda nuestra vida. Es tan difícil tomar decisiones tras tres semana al libre albedrío.

domingo, 18 de julio de 2010

Y se va, se fue...

Eso canta Bebe. Bebe es una mostrua que se ha marcado un discazo, pero nadie le echará cuentas porque ya no la pinchan en los Cuarenta a diario.
De todos modos, yo no venía a hablar de esto. Voy a hablar de los días, de la aventura, de los sueños... De que Blanquita está dormida a mi lado de la cama y de que mañana comienza todo: me voy a Bristol con dos compañeros: mi mp3 y mi Olympus (con dos tarjetas de memoria) y muchos planes: vivir la vida británica hasta desfallecer, visitar el Tesco o el Sainsbury's y llorar mucho. LLorar de alegría porque será como volver. La última vez que pisé Reino Unido fue en Bristol, junto a una de las personas que más quería antes de que me echara de su vida. Creo que no lo superaré. Soy un romántico.
Pero veré a otras de las personas a las que más quiero: Belén y Eleanor, si todo va bien... Aunque no tengo dinero, pero no me importa comer poco. Tengo alojamiento y las clases pagadas, y debo viajar. ME lo debo.
Nadie en el mundo puede hacerse una idea de las ganas que tengo de viajar después de hace dos años, cuando sobrevolé toda la Península desde la camilla de un avión clínico. Ahora las perspectivas son distintas: no me llevo a nadie bajo mi responsabilidad y no tengo miedo al lugar, al idioma, al qué pasará...
Nos vemos en 3 semanas ;)

Me llevo esto en la maleta

sábado, 19 de junio de 2010

Crónica de una semana intensa


De una semana en la que he pecado.
El lunes amanecí en casa, en el pueblo, en mi cama gigante y mi cuarto infinito. Todo bien: hice como que estudiaba mucho para mi examen de jurídica. El martes me puse nervioso porque el examen era el viernes, pero yo ya tenía la entrada para el concierto de Muse. ÚNICO concierto en España en 2010 en el Vicente Calderón. Tenía dos opciones: quedarme el miércoles estudiando en casa y venirme a Granada el jueves, ya que el examen fue el viernes por la mañana; o irme a Madrid el miércoles por la mañana e ir al concierto, y luego venirme a Granada esa misma noche. Los astros se fueron alineando: Muse debía empezar a las 10, ya que los teloneros (Editors, muy buenos también, empezaban a las 8 y pico), lo cual venía a decir que el concierto acabaría sobre las 12; dio la casualidad de que un primo de mi madre tenía que irse del pueblo a Madrid el miércoles por la mañana, así que me fui con él. Llegué a mediodía, quedé con una amiga y fuimos a comprar el billete para Granada; según la web de ALSA, el último bus salía a la 1. Cuando fui a comprarlo, me dijeron que a la 1 y media, de modo que en teoría me daba tiempo de volver a Granada dormido en el bus. Fuimos al estadio a las 8 y pico, justo para ver la actuación de Editors, quienes nos sorprendieron gratamente al estar a la altura como teloneros de los inmensos Muse: Y es que calentar a 20000, 30000 o 40000 personas puede imponer, pero salvaron el obstáculo con gracia. Dicho sea de paso, la voz del cantante me recordó a una mezcla entre David Fonseca y Brandon Flowers, ya sabéis, como una voz entre grave y muy masculina, potentey vamos, muy adecuada a su música. Pocos han hablado de ellos en todas las reseñas y crónicas del concierto, porque naturalmente la gente estaba ahí para ver a Muse. Gente que ha pagado entre 40 y casi 80 euros por verlos (sin contar la reventa) esperan, cuanto menos, algo legendario. Y es lo que hizo Muse.
El concierto
Miércoles noche. No hace frío ni calor. Se está genial. El cielo nublado. El escenario tiene forma de pirámide con una bola en la cúspide. Si no me equivoco, estrenan este nuevo escenario para la gira de verano. Inmenso, claro. Máquinas de humo, luces que se encienden...los comentarios excitados de los asistentes empiezan a hacerse notar... Se apagan las luces: gritos, ovaciones, nervios. Aparecen filas de personas a ambos lados del concierto con pancartas: WE WILL BE VICTORIOUS; THEY WILL NOT CONTROL US. La estrategia de reivindicación en una banda de rock no es nada nuevo. A Greenday también les funcionó de lujo. Comenzar un concierto con "Uprising" y 50000 personas coreando estas sentencias, estos lemas es una declaración de intenciones. Y el público respondió a lo que nos ofrecía la banda. Un Matt Bellamy que defiende todo con ese chorro de voz, que se sabe el centro de atención, que doma al falsete y lo convierte en aliado... ¡Qué más decir de él! Brillaron principalmente temas de sus últimos trabajos: United States of Eurasia (o la nueva Bohemian Rhapsody), The Resistance... aunque desde luego algunos de los momentos más emocionantes corrieron a manos de clásicos de la banda inglesa: maravillosa Feeling Good, Map of the Problematique, Supermassive Black Hole... vamos que no se andaron con chiquitas. Los espectadores coreaban los solos de guitarra (y 50000 personas coreando son muchas personas). En definitiva, y aunque faltaron temas tan importantes como Invincible o su tema estrella Butterflies and Hurricanes, Muse ha logrado a fuerza de ensayo y error su directo más equilibrado con temas que van desde el alternativo más Radiohead al glam rock, todo ello pasando por la balada clásica roquera o el rock electrónico, todo ello salpicado por un alarde de improvisación en los solos que se marcan todos los miembros de la formación. O que el estadio enmudezca cuando Matt se pone al piano y canta, casi como un abrazo, Feeling Good. La escenografía fue abrumadora con esa pirámide que parecía replegarse y la estática y montaje de videoclip frenético. O el momento en que la esfera sobre el escenario se transformó en un ojo que parpadeaba y nos observaba a todos. O cuando estalló el confeti durante un baladón, o las pelotas que resultaron ser ojos para que la gente jugara con ellas. O el ovni. Sí, he dicho ovni. Del escenario se descolgó un ovni del que salió un tipo de blanco que estuvo bailando conectado al ovni mientras los músicos nos deleitaban con sus virguerías. La única pega que tuvo el concierto fue el día, un miércoles, ya que hacia el final del espectáculo la gente comenzaba a cansarse (normal, madrugan, trabajan...). Total, que después de su bis el concierto acabó a las 12 y media, justo para salir e irme a la estación de autobuses, pillarme el bus y volver a casa. Os dejo un momentazo del concierto :)
.
El viaje
Salimos a las 12 y media del estadio, procuramos escapar de la mole de gente que abandonaba el estadio y fuimos al metro. Hicimos trasbordo y cuando llegué a Méndez Álvaro me iba a equivocar de camino, estaba convencido de que el autobús ya había salido o estaba saliendo, y una limpiadora me dijo que no era por ahí, así que al fin subí corriendo dos tramos de escaleras, bajé otro y al fin llegué al bus: a la 1 y media, el último. Pero llegué.
El jueves fue un día cualquiera. Aunque no todos los jueves muere Saramago, desde luego. Fue un jueves gris de prepararme el examen del viernes. A ver qué tal...
pd: hace un año más o menos me operaron...

lunes, 18 de enero de 2010

Manifiesto para paliar el cáncer de una sociedad


Una sociedad donde no todos parten con las mismas posibilidades no es sociedad. Una sociedad donde el arte es violado, arrastrado y abandonado moribundo. Donde las películas que ganan premios son las más publicitadas, y sólo unos pocos son capaces de estremecerse con un libro, una película o una canción. Ahora mismo os diría: leed Matar un ruiseñor, ved Donde viven los monstruos, escuchad totalmente concentrados Cuántas veces habré intentado que juegues conmigo, el magnífico trabajo de Carlos Siles, productos todos ideados por personas con una sensibilidad inusitada. Si alguien os llama bohemios por lo bajini, modernillos por nadar a contracorriente, escupidle en la cara. Total, lo más que os vais a llevar es una hostia. Defended vuestros ideales con uñas y dientes. NO permitáis que nadie opine por vosotros, no me seáis influenciables, joder. Una sociedad donde decir la verdad acarrea consecuencias es una sociedad podrida por el cáncer. Una sociedad en la que hay quien intenta imponer ideales de hace uno o dos milenios no merece ni ese apelativo. Ayudadme en este empeño de liquidar el cáncer. Sed mi quimioterapia. Hay que empezar despacio a recuperar el mundo...

martes, 10 de noviembre de 2009

25 razones para ver '500 días juntos'


1. Porque no es indie, pero tiene todos los elementos de una peli indie.
2. Porque no es una película de amor, pero tiene todos los elementos para serlo.
3. Porque Joseph Gordon-Levitt es monísimo y un gran actor que de aquí a unos años lo va a petar.
4. Por los ojos de Zooey Deschanel.
5. Porque no es ñoña.
6. Por su magnífica banda sonora.
7. Por la cita en el IKEA.
8. Por el Puma xD
9. Por el momento karaoke.
10. Por citar El graduado.
11. Porque podría ser la segunda parte de Garden State. Y podría formar una trilogía sobre el amor imposible junto a Olvídate de mí.
12. Por el momento chorra del cine en blanco y negro.
13. Porque Summer está loca, y por eso nos encanta.
14. Porque Please, please, please let me, let me, let me get what I want.
15. Porque muchos se equivocarán creyendo que van a ver una comedia romántica del montón y se tendrán que tragar una cinta alternativa.
16. Por los sueños frustrados.
17. Por (¡qué carajo!) Ringo Starr.
18. Por ese final entre demoledor y agridulce.
19. Porque transcurre en Los Angeles, no en Boston ni NY.
20. Por su particular juego con el tiempo y la narración (expectativas versus realidad).
21. Porque ¡al fin el narrador! no chirría.
22. Porque no es una obra maestra, pero sí es una película notable.
23. Porque es mona por los cuatro costados, cojones.
24. Porque parece imposible, pero es más real que la mayoría de películas que circulan por la cartelera.
25. Por el momento de incertidumbre en la fotocopiadora.
ACTUALIZACIÓN
-Por el momento musical de la mañana siguiente, impagable.
-Por su honestidad, cito: "Las películas y el pop sólo potencian corazones rotos"
-Por ese "sólo porque le guste la misma basura friki que a ti no significa que vaya a funcionar"
-Por el juego: ¡pene! ¡Pene!
-Por esto, un extra de la peli:

-La produjo ¡Natalie Portman!
-Por los hoyuelos de Joseph Gordon-Levitt

viernes, 16 de octubre de 2009

Dublineses


O “Los hombres que estremecían a las mujeres”, según los suecos. Voy a hablar de dos cantantes, ambos buenísimos, ambos irlandeses, que comparten no pocos puntos en común. Pero no os voy a hablar de recomendaciones de discos o cosas así. Voy a hablar de cada uno tal y como yo los conocí, que me parece el mejor modo de conocerlos. El primero, por decir uno y seguir mi peculiar cronología, es Damien Rice. Un día, hace tres años, buscaban en un foro de escritores la canción más triste que existe (¡hala, los escritores son unos tristes!) y alguien había propuesto una tal Elephant de un tal Damien Rice. No sabía de qué hablaba, pero la primera vez que la oí me llegó donde llegan pocas cosas. Después descubrí que la canción más triste de este señor es Accidental babies, de su segundo disco de estudio,
9 (2006).


Y que el primero se llamaba 0 (2002) y contenía maravillas como una canción que acaba con una voz soprano (Eskimo) o Cannonball, de la que aprendimos cosas cursis, de acuerdo, pero perfectas en su cursilería: “las piedras me enseñaron a volar, el amor me enseñó a mentir, la vida me enseñó a morir”. Y si este disco inicial contenía duetos, 9 parece un disco ideado para lucimiento de Damien y de la chica que le hacía los coros, Lisa Hannigan. Cuando dos meses después de oír por primera vez Elephant fui al concierto de fin de gira del hombre, no había ni rastro de Lisa. Su relación había acabado y Damien Rice sabe defenderse muy bien por sí mismo en un escenario. Se vuelve roquero, simpático, divertido y de su boca no sale una voz, sale un torrente. Qué portento. Y echadle violoncelos, guitarras, baterías, violines, piano… Mientras esperamos su ya grabado y anunciado tercer disco, podemos consolarnos con los temas que ha sacado a modo de single (imposible no mencionar su Unplayed piano, dedicado a Aung San Suu Kyi, ganadora del Nobel de la Paz, que vive bajo arresto en casa desde 2002 por apoyar a la oposición birmana contra la dictadura), o con otro dublinés de pro: Glen Hansard. Hace dos o tres años, también, el Oscar a la mejor canción lo ganó una modesta producción irlandesa (el musical Once, para más señas) gracias al tema Falling Slowly, un dueto precioso de Glen y su partenaire, la checa Markéta Irglová. Ambos ya habían cantado juntos en la banda irlandesa The Frames (Damien Rice era a su vez vocalista de Juniper), donde se desarrollaron algunas de las canciones del musical. Glen es más feo que guapo, pero en su papel de busker nos enamora con la primera canción que se atreve a cantar con nocturnidad y alevosía, Lies (de nuevo música de chico atormentado, e insisto, para nada impostada esa actitud). Empieza, como Rice, casi todas sus canciones a capella y acaba gritando entre guitarras y pianos desatados. También se atreve a reírse un poco de sí mismo con temas como, y atentos al título, Broken Hearted Hoover Fixer Sucker Guy. Pero si hay alguna canción que valga la pena ésa es Say it now, un grito desesperado para poner fin a una película que no es original, pero tiene números musicales de los que uno no se puede despegar como se quita una calcomanía. En cualquier caso, si os gusta el rollito cantautor, el rollito melancólico, la MÚSICA como tal, no dejéis pasar la banda sonora de esta película. Vale la pena comprarla, como valen los dos discos de Rice (con sus cubiertas en cartón con dibujitos preciosos en los libretos) o, ya que seguimos con los dublineses, vale la pena la mitiquísima Sinéad O’Connor. Si alguien tiene algo que objetar, say it to me now.

martes, 13 de octubre de 2009

¡Asaltemos Woodstock!


Pongámonos en antecedentes. El mayor festival de la Historia (con rostros como Janis Joplin, Santana, The Who, Joe Cocker, Jimi Hendrix…) quedó perfectamente reflejado en el documental homónimo Woodstock 69 de Michael Wadleigh, con el mismísimo Scorsese de ayudante, que ganó el Oscar en su categoría. Ang Lee vuelve de su dramón – western homosexual, denostado y olvidado por el puritanismo hollywoodiense, Brokeback Mountain (snif snif), y en este caso nos cuenta la historia no oficial del festival del 69 en clave de humor. Por supuesto, las expectativas eran altas, la película fue seleccionada en Venezia y San Sebastián.

¿Funciona Destino:Woodstock? Funciona, sí. Porque aunque uno pueda entrar en el cine con ganas de ver a todos esos rockeros legendarios en plena actuación, no es lo que vamos a ver. De hecho, la historia pasa por lo alto todo el concierto y se centra en las vidas del joven Elliot, sus padres y los vecinos del pueblo donde se celebró el festival. ¿Pero qué hace que funcione? Más allá del protagonista (Demetri Martin), que hace un trabajo irreprochable, aunque él no es el blanco de la parte cómica sino de la revelación, del cambio que impone el espíritu Woodstock, el bicho al que el público observa evolucionar ante lo que se le viene encime. No obstante, se rodea de un enorme elenco de secundarios descojonantes, empezando por una inmensa Imelda Staunton (¿Vera Drake nos hará reír? Os lo aseguro), pasando por Henry Goodman, Eugene Levy, Emile Hirsch, totalmente entregado en su papel de hippy de espíritu, hasta un colgadísimo Paul Dano, que nos entrega una de las partes más entrañables del film. Atentos al número del teatro y a cada aparición de Liev Schreiber como Vilma. Impagable.

Os cuento la historia: Elliot trabaja en el hotel de sus padres; se encuentran hasta las cejas de deudas, pero el espíritu emprendedor y optimista del joven no se amilana ante ningún obstáculo. En otra parte, la ciudad que va a acoger el festival se echa atrás en el último momento, pero da la casualidad de que Elliot y uno de los organizadores del evento estudiaron juntos, así que el joven aprovecha la situación y, tras no pocas desavenencias, logran que Woodstock ’69 sea una realidad en ese pueblecito desconocido al que comienzan a afluir/ peregrinar/ocupar cientos de miles de asistentes, en su mayoría hippies con ganas de dar a conocer su mensaje de paz y amor a la humanidad a través del arte, en este caso la música.


Música que, más allá del festival, inunda la película en los instantes oportunos, donde podemos encontrar las notas lejanas de cualquier participante del concierto hasta un vinilo de Judy Garland. Música que transporta ese mensaje, sí, pero que ante todo cautiva al espectador hasta hacerlo partícipe de uno de los instantes más culturales más determinantes de la Historia: no olvidemos las protestas por Vietnam, la defensa del maoísmo y, en definitiva, la proclamación de que la igualdad, de que la paz es el único camino. Cabe mencionar las múltiples referencias gay que planean sobre toda la cinta, algunas meros matices de actuación, otras toda una declaración de intenciones. En los sesenta y setenta, recordemos, la comunidad hippy predicada el amor libre, cierto, pero ante todo predicaba con el ejemplo.

¿Cuál es el mayor acierto de la película? Sin duda, su planteamiento anacrónico; me explico: vale que la película está ambientada en agosto del 69, pero tiene esa presencia atemporal que hace mucho a su favor, porque no parodia otra época u otros valores; al contrario, los aproxima y los incorpora al servicio de su trama. Porque aquí de lo que se trata no es de documentar el festival, sino de utilizarlo como trasfondo para narrar las peripecias de los que hicieron posible en la sombra que todo aquello triunfara. Acompañaremos a Elliot y a su familia en esa aventura que supuso proporcionar servicios a medio millón de personas (otro millón se perdió el festival debido a las mastodónticas filas de coches, que llegaron a colapsar la autopista por primera vez). Reiremos, maduraremos, aspiraremos a ser algo más, cambiaremos y sobre todo desearemos poder viajar en el tiempo y sumergirnos en el barro entre los hippies, la droga, la música, las furgonetas Volkswagen y los secretos de una familia que pueden ser los secretos de todas las familias.

En pocas palabras, una comedia, sí, pero una comedia con muchas lecturas, donde le director deja su impronta arriesgando a nivel visual, mezclando ese aspecto indie con fragmentos de puro documental de propia cosecha. Y sí, nos hará reír y nos hará emocionarnos cuando deba sin llegar a empalagar. En pocas palabras, yo la considero todo un acierto. Vayan a verla.

Nota: 8

lamusique

No podría vivir sin

eveybody's gotta learn sometimes

Un libro

Un libro
Un saco de huesos, Stephen King