And do you brush your teeth before you kiss? Do you miss my smell? What about me? What about me? What about...?


Va dejando trozos de él por todas partes. Algún día desaparecerá conforme anda.

sábado, 23 de septiembre de 2006

El arte de conversar

No es más que saber aprovechar el tiempo, tener interés, quererse comunicar. Y lograrlo, claro está. A mí me gusta hablar, me chifla. Hablo como sea, aunque tenga que echar mano de vez en cuando a los monólogos que suponen mis entradas de los blogs, pero no me importa demasiado, puesto que siempre hay alguien que responde.
Me gusta contar lo que me pasa, lo que se me ocurre por la mente. Soy generoso en este aspecto. Si me entero de algo sobre cine, música o tele, por ejemplo, me veo con la necesidad de darlo a conocer. Y lo que más echo ahora mismo de menos son las conversaciones infinitas, aunque fueran estúpidas, que he echado este año con grandísimos amigos, en persona, con un ordenador... da lo mismo. Y lo que más echo de menos todavía son las conversaciones en una noche de verano bajo el cielo estrellado, porque sabes que nada puede joder la situación en ese momento. Pero todavía hay algo que echo de menos con más rabia, y son ésas que aún no han llegado, porque sé que estarán y que las aprovecharé, y que siempre tendré ganas de hablar con vosotros.
Y en una conversación entran también los abrazos, los suspiros, las caricias, los silencios, porque no es un simple tópico eso de que dicen más que muchas palabras. Tengo ganas de hablar con abrazos y suspiros... notar los latidos, saber que se puede querer, que se puede hablar.
¿E imaginar toda una noche hablando con alguien? Sí que hay cosas que decir, porque al principio se dice lo típico, claro, pero el cansancio y la confianza que aporta una conversación hacen que uno se desnude a su confidente. Ojalá haya muchos de estos cerca, tengo tanto que decir... y que escuchar, por supuesto.
Y esta noche me siento como nunca en mucho tiempo, con ganas de todo a la vez: de reír, de llorar, de escribir, de hablar, y son tantas cosas que me colapso y al final no hago ni una, ni otra. Y estoy descubriendo mucha música y series, películas, y me está encantando. A lo mejor ya estoy recogiendo el fruto de lo que he sembrado este verano ^^
Sí, tengo tantísimo de lo que hablar... no sé, un poco de gracias a cada uno de los que habéis hecho esta noche algo mejor: a Juanpe por el simple hecho de hablar conmigo (I miss you), a Ascen por "escucharme" y conversar conmigo sin huir de mis paranoias y pajas mentales, a todos mis escritores de Mollina por esa conversación múltiple, a Carlos y Alba por vuestros mensajes en mi espacio... Guau!!! Y a Cuatroº por poner a las 2 de la mañana Un hombre en casa, seguro que seré uno de los 20.000 espectadores que lo vean a esa hora, pero y qué más da.
Da gusto la cultura, tener cerebro para hablar y Emule pa descargar. Y da gusto que cuanto más tarde sea, más cosas sin sentido digo, pero ¿a que muchos me comprendéis? Ya tendré otro día tiempo de ser ordenado con lo que me pasa por la cabeza.
¿Qué necesito ahora?
Una conversación.
Un café.
Alguien.
Tiempo.
¿Me abrazas?

8 comentarios:

tinu dijo...

Yo quiero escuchar tu corazón otra vez!!!

Y escuchar tu risa y que me asustes y descubrir historias en las estrellas, y constelaciones en miradas...

un besito de nube...

algun dia me tienes que acompañar a Kendermore, vale?
un basito muy fueteeeeeeee

Anónimo dijo...

conversaciones de esas que te tiras en un sofá... y terminas hablando desde de el sentido de la vida, hasta del último capítulo de perdidos, pasando hasta por la carne en salsa del bar de abajo? de esas que no aburren, que no quieres que terminen, que se continúan al día siguiente. geniales.donde se crea una conexión irrompible. me gustan esas conversaciones!

Dama del Silencio dijo...

Hola!

Qué tal? Yo ya volví de mi escapada relámpago, XD!

Estuve buscando tu nueva entrega del Cuentacuentos, pero debo de estar un poco tonta, porque no la encuentro...

Respecto a esas conversaciones... Me encantan!Sobre todo con un cafetito y alguien que te acompañe con el aroma del capuccino... Yo te mando un abrazo virtual!


Un beso!

Ninive dijo...

Da gusto leerte killo. Vaya ejercicio de aprecio de los pequeños grandes detalles de esta vida acabo de realizar leyéndote esta reflexión. Tal que casi olvido el hecho de estar en este nuevo espacio tuyo! Te felicito por ambas cosas! A veces el mundo usa la conversación como una herramienta mas sin reparar en que no es eso, sino un don, un privilegio que tenemos los humanos y que solo sabiendo escuchar podemos apreciar como incluso hasta el tiempo pierde su valor cuando descubrimos la riqueza de una buena conversación. Chapeau killo! Un abrazo!

Dulce Locura dijo...

Bueno, he de decirte que yo también juego a dos bandas... Lo de dama del silencio era el blog de una amiga! Perdona el despiste :S


Un beso


PD: Voy a tu otro blog a leer la historia ;)

Tormenta dijo...

Si hay que abrazar, yo te abrazo! :)
Me gusta la gente generosa en todos los aspectos, ha sido un bella reflexión.
A mi también me gustan las charlas interminables bajo las estrellas, pero con el tiempo he aprendido que a veces las mejores charlas no incluyen palabras ;)
Que alegria reencontrarte en blogspot! Un beso.

Mj dijo...

Ese tipo de conversaciones son las que distinguen la compañía de la amistad.
Por cierto, la canción se llama ' Hanging By a Moment' y es de un grupo que responde al nombre de Lifehouse. También la puedes encontrar como 'I´m falling even more in love with you'...problemas de personalidad múltiple que tien la pobre.
Un abrazo

Ich bin ein bisschen allein... dijo...

Yo me conformaría con escucharte hablar... un poquillo... bueno, contigo nunca puede ser poquillo, y que me enseñes cosas en el ordenador, y que des "saltitos" en la silla de la emoción, que pongas cara de emoticono... Jo...
Son tantísimas cosas las que echaré de menos, pero sin duda la más grande, la que más echaré de menos, y la que más hondo me ha calado, esa cosilla eres tú.

lamusique

No podría vivir sin

eveybody's gotta learn sometimes

Un libro

Un libro
Un saco de huesos, Stephen King