And do you brush your teeth before you kiss? Do you miss my smell? What about me? What about me? What about...?


Va dejando trozos de él por todas partes. Algún día desaparecerá conforme anda.
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miércoles, 2 de febrero de 2011

Escritores IV

Olvidé citar el otro día a otros escritores que me han influenciado aunque ellos no lo sepan. Son maestros o amigos que han entrado subrepticiamente en mi literatura y en mi visión del mundo sin darse cuenta. A los dos primeros los conocí en clase, antes siquiera de saber que eran escritores: Antonio Carvajal y Erika Martínez. Fueron mis profesores en varias asignaturas relacionadas con la literatura. Con Carvajal, un poeta inmenso de Granada tuve la ocasión de charlar en una tutoría suya de literatura. Ese señor, además de un poeta excepcional, es una fuente de sabiduría que empezó a escupir nombres y títulos y corrientes, y así sucedáneamente. Por su parte, Erika me dio clase de literatura hispanoamericana y me descubrió a muchísimas poetas de las que jamás había oído hablar, y a pesar de su juventud me dejó con el culo torcío al comprobar lo que sabía. Yo, callado, tomaba nota de nombres y títulos y corrientes, y a cambio le ofrecí una pequeña reflexión sobre Bolaño. Más tarde, cuando ya no me daban clase, pude leerlos. Erika Martínez había sido la flamante ganadora del Premio RNE de Poesía Joven, al que yo también concurría. Me alegré por ella, la verdad, porque su libro Color carne es una maravilla.
            En cuanto a los amigos, tengo que hablar de ellos. Escribí poesía por primera vez gracias a Aurora Luque, si bien algún poemilla había caído en su día. Empezamos con los haikus y otras pequeñas cosas, chupitos de poesía que nos hacían olvidar las metáforas, rima, métrica… llevado esto al extremo con la frescura de María Rosal unos años después. Pero tenía amigos que no escribían relatos, pero escribían mucha poesía. Antonio Cuartero, por ejemplo, al principio prácticamente sólo escribía poesía. Cristina Castro, Silvia Guerrero, Ana Castro y Cristian Alcaraz, por su parte, eran pura poesía. De leerlos y bebérmelos a tragos locos me hice un poco poeta. Mi poesía nació de ellos.
¿Qué sería de mi obra, si puedo hablar en estos términos, si todas estas personas no se hubieran cruzado en mi camino?
Ni Carvajal, ni Lorca, ni García Montero, Pizarnik, Bukowski, García Casado, David Leo, Jodra, Alberti, Machado…
Y ya, para acabar, una persona muy importante que también se cruzó en nuestro camino: Fran Tejero Sánchez. No habréis oído de él, no ha publicado nada aún, pero es uno de los escritores a los que más admiro tanto a nivel personal como profesional; y es que hace falta más gente que observe el mundo desde otro prisma, y él me abre los ojos cada vez que hablamos. Cuando publique, será un bombazo, estoy seguro. Mientras tanto, lo guardaré para mí y me congratularé por tenerlo.
            En resumidas cuentas, un escritor no es nada sin sus lecturas y colegas. Tratarán, no obstante, de colarte en cualquier Generación modernísima y encuadrarte en cualquier marco estilístico. Conmigo no lo han hecho porque no me han tomado muy en serio, creo, por eso de escribir sobre Peter Pan y otras cosas de niños, pero es que Cristian o Silvia o Fran y yo seremos todo lo amigos que queráis, pero nuestra literatura es bien distinta. Y eso, quién sabe, nos convierte en una comunidad. Quién sabe.
Hay que saber rodearse de los mejores.


domingo, 30 de enero de 2011

Escritores II

Comenzó entonces la alimentación, fase crucial en la formación de todo escritor que se precie. Recuerdo las listas interminables de recomendaciones que nos daban año tras año los escritores que conocimos: desde Emilia Pardo Bazán a J.L.Borges, había que leerlo todo. Por supuesto, la relación con otros escritores era indispensable. Conocer a Clara Sánchez (Premio Nadal 2010), Juan Cobos Wilkins (un poeta excelente y sensibilísimo), Elena Medel, Espido Freire, Pablo García Casado, Fernando Iwasaki, María Rosal, Mario Cuenca Sandoval. Madurar y poder hablar con ellos de tú a tú (siempre con la cabeza un poco gacha, aún aterra mirar a los ojos a estos maravillosos ejemplos de escritores). Encontrarlos en prensa y televisión, en las bibliotecas y pensar: yo lo conozco, yo compartí mesa con él. Coincidir con ellos en actos literarios de diversa naturaleza, presentaciones de libros, mesas redondas, jornadas, charlas... mantener la relación gracias a las nuevas tecnologías y hacerles caso siempre. Gracias a ellos leí La metamorfosis de Kafka y El extranjero de Camus para sentar los cimientos. A estos les seguirían de todo, lo más granado de nuestra literarura (Cortázar, Borges, Bolaño, Bolaño, Bolaño, Aleixandre, Lorca, Cela, Ángel González), clásicos eternos (Capote, Harper Lee, Hemingway, Bukowski, Poe, Kerouac...). Y es que en el eclecticismo de estos escritores que conocíamos poco a poco reside el eclecticismo de nuestra propuesta o literatura. Nos lo hemos bebido todo, nos gustara o no, porque a veces hay que hacer cosas que no nos gustan, y obligarnos a entender qué hace tan especial La metamorfosis de Kafka cuando se trata de un relato tan simple en apariencia. Y, claro está, conocidos los clásicos no nos quedaba más que descubrir a los contemporáneos. Libros que nos han marcado porque son tan buenos que tenemos que pedir por favor que paren:

-La carretera, Cormac McCarthy.
-La ofensa y Derrumbe, Ricardo Menéndez Salmón.
-Las afueras, Pablo García Casado.
-El curioso incidente del perro a medianoche, Mark Haddon.
-Las moras agraces, Carmen Jodra.
-La lluvia amarilla, Julio Llamazares.
-Una palabra tuya, Elvira Lindo.
-La flaqueza del bolchevique, Lorenzo Silva.
-2666, Roberto Bolaño.
-El viajero del siglo, Andrés Neuman.

Esos son sólo algunos. Luego te das cuenta, como comentaba, de lo pequeño que es el mundo de la literatura. Por ejemplo, cuando conocí a Fernando Iwasaki, un cuentista maravilloso, me tocó mucho el hecho de que él hubiera conocido a Roberto Bolaño, tan de moda ahora, y un clásico instantáneo en cuanto lo leí para mí. Pensé: qué bien, estoy hablando con un hombre que conoció a uno de mis ídolos. Hablaron juntos de literatura, seguro. De buena literatura. Ellos instauraron la buena literatura juntos. Pero todo es más pequeño. Una de las voces literarias que suenan con más fuerza últimamente es la de Andrés Neuman, otro narrador excepcional; pues bien, un día cogí en la librería uno de sus libros, y había en él unas palabras de Bolaño ensalzándolo como una de las promesas de la literatura en español, y me maravilló eso, y por eso compré el libro. Pero qué gracioso, pues Andrés Neuman era profesor en mi Universidad, la Universidad de Granada, aunque yo no lo sabía; lo veía demasiado joven, quizá. Y bien, un día vino Fernando Iwasaki a presentar su último libro a Granada, y en la presentación estaba ahí Andrés, y fue así como lo conocí. Y cinco o seis meses más tarde estaba compartiendo mesa redonda sobre literatura con él. Casi nada. Yo no había publicado nada aún ese frío diciembre de 2009, pero recuerdo que Fernando me presentó como un escritor que pronto sacaría un libro al mercado. Y así fue. Cuatro, cinco meses más tarde, coincidiendo con la mesa redonda, ahí estaba mi libro.
Tampoco quiero que nadie se engañe. Conocer gente en este mundo es importantísimo, por supuesto, pero también es esencial tener talento. Sin talento, tal vez publiques algo, pero no trascenderás. Ahora mismo la esperanza de cualquier escritor novel o desconocido son los numerosos certámenes literarios que se convocan anualmente en España.
Afortunadamente, aposté y gané.


sábado, 29 de enero de 2011

Escritores I

He conocido en mi vida muchísimos escritores. Escritores importantes, aficionados a la escritura, escritores noveles, consagrados, cómicos, dramáticos, poetas, narradores.
A raíz de la publicación del libro, además, comencé a entrar en el círculo literario y a ver cómo todos se conocen, todos se leen, todos se critican y publicitan... Yo comencé en esto de la escritura en casa, en mi pueblo, en tardes eternas de aburrimiento en las que leía demasiado, sin criterio, sin parar, sin analizar. Más adelante descubrí el "maravilloso" mundo de los best-sellers: tenía 12, 14, 16 años, no me lo tengan demasiado en cuenta. En cualquier caso, fue también en ese periodo cuando empecé a escribir 'en serio', como lo llamo yo. Comencé por lo fácil: relatos y cuentos. Tenía una idea, generalmente el inicio y el desenlace de una historia; por lo demás, sólo tenía que ir atando cabos para crear el nudo o desarrollo. Era rápido y fácil. No obstante, un día comencé un relato para clase de Lengua sin final definido, así que tuve que continuar por la presión de amigos (mis primeros críticos, y los más benevolentes). Desgraciada o afortunadamente, ese cuento de misterio en el Bagdad de la Edad Media dio lugar a una mitología propia con conspiraciones, personajes reales que conocían a otros ficticios, tramas locas, situaciones inverosímiles y un trabajo de investigación cuanto menos, sonrojante. Pero la escribí, ocupó varios años de mi vida y le di un cierre definitivo. Fue mi primer paso importante en el mundo de la literatura. Para que os hagáis una idea, el protagonista se llamaba Brian Edward Hyde.
Luego, con el cambio de ciudad, de ocupación y la llegada de Internet desarrollé mi faceta de cuentacuentos o relator gracias a una iniciativa que permitía a quien quisiera escribir cientos de cuentos en su blog, El Cuentacuentos. Fue también este lugar mi primer contacto con escritores serios o que llevaban esto de escribir más allá del mero hobby. Aprendí a escribir en esta comunidad, a tener cierta disciplina, a probar distintos puntos de vista, recursos narrativos muy diferentes entre sí, personajes opuestos... Una escuela excelente. Escribí semana tras semana una novela corta titulada Si llueve.... Entonces llegó la revolución. Debido a mi flirteo con diversos certámenes literarios, me ofrecieron la oportunidad de asistir a una escuela de escritores noveles en verano. La escuela duraba una semana y teníamos profesoras escritoras de verdad: Marina Mayoral y Aurora Luque; una para narrativa, otra para poesía. Y éramos treinta noveles de entre catorce y diecinueve años, nos bebíamos la literatura, el cine, la música y la vida.
Éramos inocentes y creíamos en los libros.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El año que lo cambió todo

Ahora que se acaba el fin del blog y de este ciclo, qué menos que aferrarse a las viejas costumbres, y hacer recuento de un año ya se convierte en tradición. Se va el mejor año de la Historia y no quiero despedirme...
El escritor
Me gustaba 2010 por ser un año tan par, tan redondo, por el cero, porque me daba buena espina.
            A los días de comenzar el año me dijeron la que ha sido la noticia de mi vida: me publicaban mi primera novela. Con 22 años.
           Así, no podía comenzar 2010 de mejor modo. Los nervios, las entrevistas, los e-mails a la editorial, a los medios, a los colegas escritores. Pero no me conformé con ello. Seguían llamándome para colaborar en según qué foro, según qué mesa redonda, según qué antología. Por mi parte, procuraba lanzar junto a algunos amigos (excelentes escritores, mejores autores que yo) una revista cultural para jóvenes, La cuerva. Hoy es 31 de diciembre y, pese a todo, no ha nacido aún. Lo hará pronto, estamos convencidos, y habrá certámenes y colaboraciones especiales y monográficos sobre el arte español, sobre el suicidio, sobre la mujer, los niños, sobre mil cosas. En enero, con suerte, romperá nuestra pájara el cascarón.
Además, entré a formar parte en Nocte, la Asociación Española de Escritores de Terror. Amplié mi colaboración en Cinempatía (más escueta, desde luego) con los chicos de Gazeta20 en cine y literatura. Cubrí varios festivales de cine más.
He escrito en 2010 un nuevo poemario que me llevó más o menos tiempo del previsto, aún no lo sé. Por si fuera poco, me llamaron hace unas semanas de una editorial de Madrid para decirme que están interesados en publicar mi primer poemario. Asimismo, he ido colocando poemas por ahí este año para tratar de hacerme un nombre:
        -Revista The Scrambler 1 y 2 
        -Antología Y para qué + poetas
Pero lo mejor de todo es que en narrativa no me quedé atrás y supe aprovechar el empujón de Nocte para entrar en varias antologías de lo más terroríficas (y las que están por venir. Os recomiendo encarecidamente ésta de fantasmas con mi relato "El después" o ésta, tan navideña y terrorífica, desasosegante ella (y GRATIS).
Aprovecho este límite, este ni hoy ni mañana para anunciar a bombo y platillo nuevo proyecto para 2011: la novela Queridos niños. Que aproveche.
Bueno, todo eso y El último mono, edición limitadísima a disposición de todo el mundo.

Cosas güenas
Como todos los años, éste ha dejado cosas buenas en materia de cine, televisión y literatura. Me he leído varios libros, mejores y peores, Saramago, Stephen King, algunas joyas que me han dejado loco desde entonces, como Matar un ruiseñor. Se trata de una novela sobresaliente, preciosa, perfecta. Cortita, necesaria y útil. También he procurado leer algo de poesía, y estoy la mar de contento con mis progresos en esta materia. Uno de mis libros preferidos es el primer poemario de un amigo: Turismo de interior de Cristian Alcaraz es un libro fresco, atrevido, nocivo, trascendente, intrascendente... es como Skins hecha poesía. También conozco a Mario Cuenca Sandoval, autor de El libro de los hundidos, maravilloso en un plano diametralmente opuesto. Porque demuestra que es posible hacer poesía de la tragedia. En este caso, sería como Treme convertida en poesía.
         Y es que parece que la ficción televisiva no decae ningún año. Éste ha sido el año de 30 Rock, de vérmela entera y enamorarme de su humor absurdo y personajes idiotizados. Descacharrante. Cómo no, el año de Skins y Misfits, que si bien han tenido unas últimas temporadas algo deslucidas, se mantienen por encima de la media televisiva. Russell T. Davies nos demostró que en sus manos Doctor Who tiene vida para rato, y la quinta temporada fue tan mágica como las anteriores. Y Amy Pond es un dulce de personaje, y el primer capítulo de la temporada nos hizo enamorarnos de los dos nuevos protagonistas. Reccuerdo con especial cariño los episodios con Vincent Van Gogh y la música de la serie: una maravilla. El resto de excelencias, cómo no, de HBO: Treme (para mí, el estreno del año con diferencia), Boardwalk no la vi porque el género no va conmigo y no me enganchó su piloto, y la tercera de In treatment, que ha estado a la altura de las dos originales y ha sabido ponerle el broche de platino a la historia de Paul Weston. Qué pena que haya acabado... Bueno, otro de los descubrimientos que me hizo desconfiar al principio fue The Big C, aunque el tramo final de temporada la redimió y nos enamoró del personaje de Laura Linney.
       En otro orden de cosas, sin ser perfectas me han gustado bastante HIMYM (tras las temporadas tan flojas que traía) y TBBT gracias principalmente a Blossom Amy Farrah Fowler, que es capaz de hacerle sombra al mismísimo Sheldon Cooper. Las demás comedias ni fu ni fa excepto Las chicas Gilmore, serie que he descubierto a estas alturas y se merece mi SOBRESALIENTE. Dexter, en drama, nunca ha sido tan grande como nos han hecho creer, pero el regalo de Lumen bien se merecía toda la temporada. A grandes rasgos, creo que el año no me ha aportado mucho más televisivamente hablando salvo mi enganche a Top Chef, un reality estadounidense de cocina. Altamente recomendable y adictivo.
Cine, cine, cine. Siempre veo muchas películas, unas mejores que otras. La mejor película de 2010 es, con diferencia, Toy Story 3. Es sencillamente PERFECTA. Sus héroes, sus villanos, sus lecturas, su cinematografía, su todo. También por ser el final a los muñecos y juguetes que nos acompañan desde que éramos mocosos. Mi cita anual con Sam Mendes (lo reconozco: soy un mitómano) nos dejó una comedia de bajo presupuesto y contenido muy intenso sobre la paternidad, el sentido de la vida en pareja y la formación de una familia. Sin duda, Away we go demuestra que Mendes da en el clavo con todas sus propuestas; una película que deja un poso muy escondido en el pecho de lenta digestión. Y Rubber, por lo rara que es. También Inception, que vi en Bristol, aunque de Nolan siempre me quedaré con Memento. Y esa maravilla de Polanski que es El escritor (fantasma), y Haneke, Ciudad de Vida y Muerte, Balada Triste de Trompeta y el resto de carne de festival. Incluso Enterrado o Pájaros de papel en cine español. Hay mucho cine y bueno si se sabe buscar. Y documentales; miles de documentales, cienes de documentales imprescindibles:
-La leyenda del tiempo
-The cove
-Young at heart
-Exit through the gift shop
-Man on wire
-Océanos
-I'm still here
-El sol del membrillo
Para acabar, me gustaría señalar que también me he atrevido por primera vez "en serio" con el mundo del cómic. He disfrutado como un crío con las desventuras de Buffy y su gang en la octava temporada de la serie escrita por Joss Whedon y sus colaboradores en una línea que no convencerá a todos, pero también permite muchas más posibilidades narrativas que el medio televisivo. Este cómic me llevó a otro de Joss Whedon, concretamente a Astonishing X-Men, donde el autor trataba de relanzar la franquicia de la Pandilla Mutante por excelencia. De ahí me lancé a algo diametralmente distinto como es Predicador, del que todos hablaban tan bien y que, cierto, está muy bien. Inmerso en el universo peterpanesco me dejé caer por la aventuras erótico-festivas de Lost girls, donde un joven Frank Miller se atrevía a sexualizar cuentos clásicos como Cenicienta, Alicia en el País de las Maravillas o Peter Pan. Cuanto menos, curioso.
Los que quedan
Hablamos cuando acaba el año de los que se van, pero ¿y los que se quedan? ¿Y los que nos quedamos? ¿Cómo suplimos sus huecos, sus adioses, su nunca jamás? Porque ya se fue Salinger y no habrá Salinger y Holden Caulfield estará huérfano por mucho que todos nos empeñemos en adoptarlo. Y ya nadie le cantará a la Alhambra ni la soñará como Morente ni le hará justicia a Lorca... Y nadie nos abrirá los ojos al mundo como lo hacía Saramago. Y Berlanga. Y Alexandre. Y Delibes, Labordeta, el humor blanco de Nielsen... Y mi tía. Mi tía Carmen. Mi tía Carmen querida. Mi tía Carmen que, hace un año, dijo en el brindis de Nochevieja que era su último año, no sé si medio en broma o en serio, pero lo dijo y desde entonces no he logrado olvidarlo. No digáis esas cosas nunca, por favor, o los que se queden las recordarán de por vida y ningún año la vida volverá a saber igual ni a mí me apetecerá comerme las uvas. Mi tía Carmen. Me encargaron a mí escribir su epitafio: No soy madre y os dejo huérfanos. No soy Dios y os dejo perdidos. Yo seré la lluvia que empape vuestros días. Sigue la lluvia y sigue ella empapando los días y las noches y cada pequeña batalla ganada o perdida. Y así seguirá siempre.

Música de todos los colores y formas
He ido a muchos conciertos este año. O no a muchos, pero sí importantes. Por ejemplo, al de Ismael Serrano en Granada. Tuve la opción de conocerlo después y cruzar unas palabras: de mayor, quiero ser como él. Muy muy majo. También fue estupendo volver a ver a Carlos Siles en concierto; aún más, compartir noche con él. De lujo, esperamos grandes cosas de él. Y el concierto del año, que será sin duda el de Muse en el Vicente Calderón, donde coincidí al fin en carne y hueso con Mun (más maja que na) y lo pasamos bomba. Fue, si mal no recuerdo, un viaje suicida a Madrid, pero valió la pena.
Cómo no, los dos de Tulsa, el primero algo apagado como teloneros de Magic Band y el segundo grande, grande, con Miren Iza al 100% en el papel. Valió mucho la pena, tanto como el directazo de Lori Meyers que pude disfrutar junto a David, casi sin preparar nada. Y los múltiples y gratuitos conciertos al aire libre en Bristol, y Micah P. Hinson hace unas semanas en PlantaBaja, y todos los conciertos en la Tertu (BBC, Elena Bugedo, Fede, Bruno...). Música de muchos colores y formas. Sólo falta apuntarme de una vez a un festival con alguien. ¿Os animáis?
Por no obviar mis obsesiones con Nina Simone, Bebe, Amy Winehouse y Miren Iza, que han ocupado el 80% de mi año. Nina. Ay, gran Nina Simone...


Viajas a tierras profanas y haces nuevas familias, y nuevas paces y nuevas perspectivas
En pocas palabras, 2010 ha sido un año para resumir con muchas palabras. Donde siempre estarán La traición de Wendy, Muse, Ismael Serrano, Córdoba, Sevilla, Huelva, Jaén, Madrid, Bristol, Londres, Swansea, los amigos: mi piña en rodajas, David, Mj, Ruth, Eleanor, Silvia, Aarón, Iñaki, María... La cuerva. También fue el año en que Raquel me pidió que me olvidara de ella, que ya no fuéramos más amigos, que bueno, que el 1 de enero es su cumpleaños y ya hace un año que no hablamos, y hoy mismo he borrado su número del móvil (también el de Swansea) y me he empezado a olvidar para siempre de ella. Punto final.
Como veis, un año de altibajos donde priman las cosas buenas, un año donde cumplí gran parte de los propósitos de año nuevo (si es que sirve de algo eso). Un año de viajes, de gente interesante, de amigos nuevos y eternos, de recuerdos memorables y olvidos ejemplares. El año del koala y de las esperanzas puestas en el futuro. Un año que ojalá no acabara, pero también un año de cambios que tenía que suceder y dejarme con la incertidumbre de este 2011 que me huele a desconfianza. Pronto, propósitos para 2011...

El año del rapado y de Silvia en todas las esquinas de mi vida. Gracias

sábado, 11 de diciembre de 2010

Adolescentes difíciles y literatura, y tv, cine, y...[II]

CRECER ENTRE LIBROS

El paso de la infancia a la adolescencia tiene más trascendencia psicológica que física, y esto queda plasmado mejor que en cualquier otro ámbito en el arte, en especial en la literatura por la cantidad de dobleces y niveles de estudio y desarrollo de personajes que posibilita. Para hablar del tema y analizar las principales características y cambios que se provocan en las edades más tempranas, he elegido dos obras maestras —esto es indiscutible— de la literatura universal: Matar un ruiseñor de Harper Lee y El guardián entre el centeno de J. D. Salinger.


         La protagonista y narradora de Matar un ruiseñor es Scout Finch, una niña de seis años que vive con su padre Atticus y su hermano Jem ,de nueve años, en el sur de Estados Unidos en plena Depresión. Dado que todo está narrado desde la perspectiva de la niña, los hechos se ven a través del tapiz de la inocencia y, a veces, la incomprensión. Hablamos, además, de una época en la que los niños aún eran niños y no estaban condicionados por la avalancha audiovisual que tergiversa la personalidad infantil en la actualidad. De este modo, los niños se dedican a jugar todo el día en la calle, a conocer a otros niños, a pelear con otros niños, a respetar a sus mayores, a inventar historias para enriquecer la realidad y a ir a la escuela. Scout recibe, así pues, la influencia de su familia y de la escuela. No hay más. Por si fuera poco, vive en un modelo de familia alternativa, ya que su madre murió cuando ella era pequeña y apenas la recuerda. Una familia monoparental de dos hijos durante la primera mitad del siglo veinte era cualquier cosa salvo convencional. El modelo moderno lo adquiere Scout de sus vecinas y de Calpurnia, la criada negra de la casa. Hay otro detalle que hace especial este modelo de familia: en el sur de Estados Unidos, tradicionalmente pobre y poco cultivado, el abogado de un pueblo se ocupa de enseñar a leer, a escribir y otros conocimientos básicos a sus hijos, de modo que cuando llegan al colegio ya conocen los cimientos de toda educación. Hablamos de educación doméstica, práctica bastante extendida en Estados Unidos, principalmente por familias que siguen alguna fe o religión inusitadamente estricta.
         La escuela de la vida y la familia se suman a la escuela del colegio, de la maestra, de la convivencia y la socialización. Scout hace amigos y enemigos, entrevé por primera vez las distintas clases sociales y, por ende, aprende los principios de la tolerancia y el respeto. Y las leyes de la vida: la gente sufre, la gente se pelea, la gente hace las paces y la vida sigue. En concreto, este libro es un caso ejemplar de la indefinición de la personalidad infantil: Scout no conoce aún las convenciones sociales, de modo que si le tiene que preguntar a alguien si es pobre, lo hará sin comprender las consecuencias de sus palabras. Los niños no saben que las palabras son a veces puñales. Y tampoco comprende conceptos como la muerte, el amor y el olvido, y siempre dejará toda decisión difícil en manos de personas experimentadas.
-Good night, Scout. -Good night.
-Good night, Jem. -Good night.
-Jem? - Yes?
-How old was I when Mama died? -Two.
- How old were you? -Six.
- Old as I am now? -Mm-hmm.
- Was Mama pretty? -Mm-hmm.
-Was Mama nice? -Mm-hmm.
-Did you love her? -Yes.
-Did I love her? -Mm-hmm.
-Do you miss her? -Mm-hmm.

Lee, Harper. To Kill a Mockingbird (2002). HarperCollins

         No obstante, la gran lección de la vida la recibe de su padre. Los hermanos Finch sienten admiración por Atticus, cierto, pero con dudas reservadas. Atticus no practica ningún deporte, no sabe cazar, sólo lee y es abogado: como padre, lo cierto es que es bastante decepcionante. A Atticus Finch le encargan la labor de defender a un hombre inocente acusado de violar a una chica. Él es negro; la chica, blanca. Atticus defiende al acusado  sin prejuicio alguno, con una profesionalidad impecable que le vale la desconfianza de los vecinos. Existen dos momentos protagonizados por la pequeña Scout en los que su inocencia, su incapacidad de percibir el mundo con todas sus aristas, nos dan auténticas lecciones de lo que ganamos y perdemos al crecer. Y es que un niño, con sus limitaciones, tiene muchas veces más razón y sensatez que los adultos con sus leyes, sus enseñanzas y sus prejuicios.
J.D. Salinger e hijo
         Harper Lee sólo publicó una novela. En 1960 publicó Matar un ruiseñor, que obtuvo el Pulitzer, y no volvió a publicar nada más. Curiosamente, comparte con J.D. Salinger su reticencia a mostrarse ante los medios tras la publicación de su obra maestra. Salinger, por su parte, publicó en 1951 El guardián entre el centeno, que supuso una auténtica revolución por la imagen “amoral” que daba de los adolescentes, por su lenguaje soez “tratándose como se trataba de literatura juvenil” y por la controversia de su imagen del sexo, el alcohol y las drogas en jóvenes. Ambos libros tuvieron que luchar con la falsa moral estadounidense, que condenaban el contenido de las publicaciones y fueron prohibidos en centros de educación primaria y secundaria. Salinger, fiel a su misantropía, nunca manifestó su opinión al respecto. Siguió publicando cosas, aunque principalmente cuentos y relatos. Ninguna otra novela. Se llegó a dar una situación tan ridícula como que El guardián entre el centeno era a la vez el libro más leído y el más prohibido en los institutos estadounidenses. No obstante, Harper Lee decidió romper su silencio y escribió una carta al consejo de profesores de un instituto donde se había prohibido la lectura de su novela. 
         El guardián entre el centeno, al igual que Matar un ruiseñor, se encuentra narrada desde la perspectiva subjetiva de su protagonista. El joven Holden Caulfield, icono generacional y uno de los personajes mejor construidos de la historia de la literatura, rompe con todas las convenciones sociales que existían hasta la fecha en cuanto a los adolescentes. Holden es malhablado, fuma constantemente, practica sexo y es mal estudiante. Lo tiene todo para ser un antagonista, y sin embargo goza del beneficio del lector gracias a su honestidad y su carisma.
         Holden tiene diecisiete años y la tozudez de la edad. Es cínico y sabe sacarle punta a todas las situaciones, critica a todo el mundo y las clases sociales establecidas. Además, se queja de todo y por todo a todas horas, lo cual lo convierte en un personaje insoportable y genuinamente adolescente. No obstante, aunque podría perpetuar los tópicos de la edad, la relevancia del personaje reside precisamente en que destroza las convenciones que le vienen dadas. Habla como cualquier persona de su edad, y así escribe. Baste su presentación, toda una declaración de intenciones, para conocer algo más de él.

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco.
Salinger, J.D. El guardián entre el centeno. Alianza Editorial, S.A.
        
         Es curioso que en la novela el único personaje que no parece alienado sea el joven Caulfield, y que además emprenda su particular rebelión contra esos valores sempiternos de tradicionalismo e inamovilidad. Por eso odia a los adultos. No quiere crecer: Holden Caulfield es un Peter Pan moderno. A pesar de todo, actúa a veces como un adulto (fuma, bebe, contrata los servicios de una prostituta) y a veces como un crío (vuelve a casa porque tiene frío y hambre y echa de menos a su familia), es decir, refleja la indefensión e indecisión adolescentes a la perfección. Al contrario que en la mayoría de las narraciones, en El guardián entre el centeno no sucede nada; no surge todo a raíz de un conflicto. Los personajes no cambian. Con todo y eso, funciona, o tal vez por eso mismo, porque no pretende dogmatizar, sino mostrarnos la vida de un muchacho perdido y acomodado que pretende invadir una Nueva York donde los adultos son espectros. ¿Cuáles son los roles sociales de los que bebe Holden? Lo han expulsado de tres institutos, no aguanta a sus compañeros de residencia, ama a algunas chicas y a otras las desprecia, critica a los desconocidos, teme a sus padres (tal vez el único atisbo de conflicto en el libro es que, para no contar a sus padres que lo han expulsado del instituto, decide pasar los tres días antes de las vacaciones por Nueva York a la aventura), sólo respeta a su hermana. Todo lo demás le parece superficial: a su hermano mayor sólo lo envidia porque está independizado en Hollywood, pero critica que haya prostituido su talento como escritor en la fábrica de sueños.
         Si Scout Finch encontraba su principal apoyo en la figura del padre, Holden sólo cree en los niños en lo que parece ser un movimiento a favor de Nunca Jamás como única utopía posible. Al menos hasta que siente la cabeza. Y es que si hay algo que humaniza profundamente a Holden es su ternura, la capa de amor que guarda bajo su mito de invencibilidad (de ahí su comportamiento tan autodestructivo), su mito personal (tiene la sensación de ser el centro del mundo, hecho que Salinger refuerza al construir la novela desde la perspectiva de Holden) y otra forma de egocentrismo, el público imaginario[1] (Holden no pierde detalle de cuanto le rodea, y desde luego parece importarle la impresión que causa ante los demás); si hay algo que lo humaniza, digo, probablemente se trate de su carácter solidario hacia sus hermanos pequeños (del primero habla con puro amor, pues murió hace poco a los nueve años), en concreto de su hermana, que acaba siendo el motivo por el que vuelve a casa. Aquí queda patente que, si bien los adolescentes son montañas rusas emocionales y profundamente egoístas, Holden Caulfield tira al suelo estereotipos una vez más al autodenominarse “guardián de los niños”:

(...) me imagino a muchos niños pequeños jugando en un gran campo de centeno y todo. Miles de niños y nadie allí para cuidarlos, nadie grande, eso es, excepto yo. Y yo estoy al borde de un profundo precipicio. Mi misión es agarrar a todo niño que vaya a caer en el precipicio. Quiero decir, si algún niño echa a correr y no mira por dónde va, tengo que hacerme presente y agarrarlo. Eso es lo que haría todo el día. Sería el encargado de agarrar a los niños en el centeno. Sé que es una locura; pero es lo único que verdaderamente me gustaría ser. Reconozco que es una locura.
Salinger, J.D. El guardián entre el centeno. Alianza Editorial, S.A.

         En definitiva, dos claros ejemplos llenos de matices sobre la etapa vital más convulsa a la que se enfrenta el ser humano, la etapa de formar una personalidad, de encontrar un hueco en la realidad social y comenzar a existir. Dos ejemplos excepcionales de que los niños y adolescentes pueden ser difíciles, pero también una recompensa infinita. Y la certeza de que tal vez la literatura no alcance las cotas de excelencia de un estudio universitario, pero tengo la certeza de que el alma de los niños, su inocencia y corrupción estarán mejor reflejados en Peter Pan y Wendy, la saga Harry Potter, El color púrpura, Turismo de interior, El incidente del perro a medianoche, La traición de Wendy o El dador, entre tantas otras, que en cualquier tesis o proyecto de máster.

[1] Berger, Kathleen Stassen Berger. Psicología del desarrollo: infancia y adolescencia. Ed. Médica Panamericana, 2007

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Adicciones



Soy adicto a muchas cosas. Desde pequeño, cuando nací y aprendí que el tacto del papel no era frío, soy adicto a los libros. A los libros y a las ceras, los bolígrafos, la pintura, la goma, el carboncillo, y todo lo que sirviera para plasmarme y derramarme en el papel. Luego aprendí a leer y a beberme los libros, y supe que el papel estaba rico y la tinta, ni te cuento. Por eso me volví idiota y adicto. Soy también adicto a Internet, y no sé muy bien por qué, aunque en cierto modo lo comprendo. Adicto a la red de redes y pionero, aún recuerdo cuando me conectaba de manera casi clandestina con el cable del teléfono (¡Cielos! Con el cable del teléfono) para mirar cositas frikis de Stephen King y Buffy y Expediente X, entre otras lindezas. De eso hace ya siete u ocho años, que se dice pronto… También descubrí el porno gratis, la cantidad exagerada de porno, las ingentes posibilidades del porno… Supongo que también me volví un poco adicto al porno, pero eso es bueno. El porno nos abre la mente y nos hace felices. Seguro que ya existe; si no, propongo instaurar un día Mundial del Porno. Por supuesto, soy adicto a la comida poco saludable: chocolate en cualquier forma y textura (helado, galletas, tabletas, en polvo, a la taza…), hamburguesas cuanto más grasientas, mejor, pizza con extra de queso… salsas con nata, curry, chucherías… Y bueno, es una obviedad, pero soy adicto a la música, al cine y a las series de televisión, como media España, pero creo que puedo decir que con criterio. Créanme, tengo criterio. Y por eso lo que empezó como un juego, eso de ver Expediente X y Buffy y disfrutar como un crío se convirtió en enfermedad con Lost, Six Feet Under e incluso ER. Lo de ir al cine de cuando en cuando, todo un ritual maravilloso por el que tenía todo el derecho del mundo a ser feliz, se acabó convirtiendo en la obligación de escribir reseñas para tres o cuatro revistas especializadas y cubrir dos o tres festivales al año. Pero sarna con gusto no pica. Y bueno, eso de escuchar de vez en cuando algún disco del que ahora avergonzarse acabó por convertirme maestro del Emule y de todos los programas de música en Internet, y empecé a comprar discos y, pasado el tiempo, a ir a conciertos, cinco o seis medio reseñables al año, y a conocer músicos y a no querer que esto se detenga. Y el maldito ordenador. Un Paraíso donde dar cabida a todas mis adicciones: porque en el pequeño HP caben la literatura, el porno, Amy Winehouse, el cine, la música y cientos de miles de millones de seres tan o más enfermos que yo a los que decir juntos podemos, y pásame un poco de tu mierda, y lo nuestro no tiene cura. Porque volverse adicto a Top Chef era lo último que me podía pasar. Ah, no, también podía volverme adicto a Tumblr y al Google Reader, y aún así volver al mundo de mi lado. Y tú, pequeño enfermo, confiesa tus adicciones.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Carta a un Jose futuro

Hola, Jose:


            A veces, cuando no tienes nada que hacer (siempre hay algo que hacer) te da por leer en Internet, y cuando te has leído todo el Internet te da por volver a tu casa, a tus escritos, a tu vida, a tu blog y a corregirlo, a ponerle nota. Esto sobra, este día parecía un gilipollas, idiota, ahí estabas enamorado, aquí eras un mediocre. Por eso te escribo esta noche. Estoy viendo Caótica Ana, la película-experimento por antonomasia del cine español contemporáneo. Te da pena Medem porque te sientes identificado con sus personajes. De hecho, recuerdas que una de las pocas veces que una película te ha hecho sentir libre fue con Habitación en Roma, como hace poco te pasó, por ejemplo, con Cómo ser John Malkovich.
            Jose, hay días en los que ves una de estas películas y sientes que nada de esto tiene sentido. Que te ponen metas donde nadie debería poner barreras, que a veces te las pones tú. Ahora tengo 23 años, puede que cuando me leas tengas 24 o 25, y sentirás que ahora mismo soy un gilipollas, de acuerdo, pero estoy absolutamente convencido de que harás caso a mis palabras.
            Ahora mismo tienes el mundo a tus pies y sólo te atan tus miedos. Te esperan Madrid, Londres y Nueva York con los brazos abiertos, tienes que salir al mundo. Dejar la mordaza, escribir ajeno a todo, llevarte cuatro cuadernos en blanco y muchos bolígrafos. Leer, tal vez. Olvidar la exponencia audiovisual que en este momento ahoga tu vida. Buscar otras biblias. Espero que para cuando me leas tengas claras tus prioridades como las tienen tus amigos. Si de verdad quieres ser escritor, sólo hacen falta papel y lápiz. Lo demás son imposturas. Créeme. Me crees.
            Ahora mismo no sabes alcanzar otro estado de conciencia, no sabes pensar de otro modo, pero tienes la ilusión que hace girar el mundo. El optimismo y las ganas. Eso siempre. Pero es el puto miedo. Conoce gente: busca músicos, artistas callejeros, escritores viejos y muy leídos, directores de cine, chavales con una videocámara por la calle. Busca y pregunta. Ahí fuera radica lo extraordinario.

Busca, joder. Y trata por una vez de ser honesto. Un abrazo,

                                                                                                  Jose

                                                                                          

martes, 2 de noviembre de 2010

Carta a un Jose pasado

Querido Jose:


No tengas miedo de decir lo que piensas, de defender lo que crees. La vida no es fácil, más vale que lo sepas ya. Bueno, que la vida es fácil: son las personas quienes la hacen difícil. Viaja a todas partes. Eso será lo mejor de tu vida, que poco a poco descubrirás que tienes alma de aventurero.
           No digas no puedo. Siempre que te lo propongas, llegarás a la meta. No desistas en tus empeños y cree en ti mismo. Porque los demás son ratas. No escuches a las personas. Déjate enamorarte de vez en cuando decirle que la quieres, compartir tu vida con ella. Haz el amor y besa, bebe cerveza, fuma porros. Desahógate.
           Aprende a escoger tus lecturas y tus películas. Lee El guardián entre el centeno, El dador, Las vírgenes suicidas, Un mundo feliz. El resto no te hace falta. Mira American beauty, Pulp Fiction, Before Sunrise, Cómo ser John Malkovich, Soñadores (de Bertolucci), Hable con ella… Habla con ella. Con él. Con ellos. No te sonrojes nunca. Habla con el mundo y diles que sólo tú llevas razón.
            Cómprate un tocadiscos. Escucha The Smiths, Janis Joplin, Nina Simone, Radiohead, Muse… Huye de la radiofórmula como de la peste. Sé egoísta. De verdad, no mires a nadie.
            No hagas la comunión. Si la haces, escupe la hostia y písala delante del cura. No creas que si estudias mucho, llegarás más lejos. Llegarás al mismo sitio con la mitad del esfuerzo. Ten fe en ti mismo. Y tranquilo, todo llegará: los amigos, las mujeres, la universidad, la literatura.
            No toques la trompeta. Eres un negado, y lo sabes. Pasa de ella. Inténtalo con la guitarra.Un día conquistarás el mundo. Te quiero,


Jose

lunes, 27 de septiembre de 2010

Queridos niños (el principio de todo)



Hace nada me acabé Los renglones torcidos de Dios. Maravillosa. Torcuato Luca de Tena nos ofrece una protagonista insoportable por la que nos hace sentir empatía a pesar de todo. Todo tiene lugar en un psiquiátrico. Como en Alguien voló sobre el nido del cuco, pero más real. Con todo tipo de enfermedades. Se nota que el autor se informó bien, pasó tiempo encerrado entre paredes acolchonadas con esos renglones torcidos de Dios, con gente que perdió la cabeza, que nunca la tuvo en su sitio, que la tiene demasiado bien situada... gente excepcional, en cualquier caso.  Me costó decidirme a leerlo, pero un amigo me lo recomendó mucho y me lo regaló. De las
pocas veces que me regalan un libro (no entiendo por qué esto no se da más a menudo). Después de esa lectura tan intensiva (recordemos que lo último que había leído fueron la brillantes novelas de Ricardo Menéndez Salmón: Derrumbe y El corrector, a cada cual mejor) me han entrado ganas de escribir. Ahora estoy leyendo una de las novelas por las que uno se puede sentir orgulloso de leer a Stephen King: El resplandor. Espléndida. La destrucción gradual de una familia narrada a través de los fantasmas de un hotel maldito. Eso es lo bueno que tiene el terror: se le pueden dar mil lecturas, y si se buscan los recursos adecuados se pueden hacer unos análisis más que interesantes. Voy por la mitad del libro, con los primeros acercamientos de Danny, el niño que esplende, a la habitación 217 ("No entres en la habitación 217 por nada en el mundo. Ahí vi cosas terribles"), y con la creciente desesperación de un padre alcohólico... Y eso que aún no están aislados.
              Todo esto lo cuento porque me han dado ganas de escribir. Muchas. Una historia con muchos personajes, cien historias entrelazadas, niños especiales... La novela se titulará Queridos niños, y habla del Apocalipsis y de los supervivientes, de cómo afrontan el fin del mundo... De un nuevo orden mundial. Es una novela de género al cien por cien. Todo nace de un hecho inexplicado e inexplicable. El mal está en todas partes. El miedo. La muerte. El amor. Héroes y villanos. Un hotel maldito. Princesas. Pedófilos. Asesinos. Suicidas...
             Para entrar en el juego, os dejo el primer párrafo de la novela, que dice así:

Todos los niños tienen miedo.
            Bueno, en realidad todas las personas tienen miedo, no sólo los niños. Miedo a envejecer, a la enfermedad, a los espíritus, al mar, a los peluches, a las FARC, a las orugas, a los payasos, a los políticos —disculpen la unión de ideas—, a los curas, a la sangre, a los muertos, a los cementerios, a los adivinos, a una plancha caliente, al fuego, a los perros, a la discriminación, a los aviones, a los bolígrafos. Miedo, en definitiva, a la vida.

viernes, 18 de junio de 2010

Hoy

he hecho un examen en secreto.
se me ha roto el cargador del portátil.
he ido al concierto de Tulsa.
he sacado de la biblioteca Ensayo sobre la lucidez, El evangelio según Jesucristo y Caín.
ha muerto José Saramago.
me he tomado tres cervezas.

sábado, 29 de mayo de 2010

Proyectos literarios I


La encuesta pide a gritos que hable de mi futuro como escritor, si es que lo tengo, y para hacerlo empezaré por algo que casi no me pertenece: poesía. Ya sabéis que tengo un poemario, Cuánta pupa, muy convencional (tres partes, historia de amor que se va a la mierda, rima libre...), pero igual no sabíais que me han incluido en una antología de poesía joven: Para qué + poetas. Herederos y precursores. Han seleccionado a cuatro poetas de cada provincia andaluza (a mí me toca Jaén, por mucho que viva en Granada) y han publicado un poema y nuestra poética. ¿Qué mérito tiene el libro? Se trata del primer número de una colección, han logrado aunar a treinta y dos poetas que no tienen nada que ver en una misma obra, lo cual demuestra el buen estado de salud de la poesía andaluza. Me preguntaron qué me considero, si heredero o precursor, aunque lo cierto es que no me creo digno de pacer en ninguna de las dos orillas: ¿heredero yo de Lorca, o Bukowski, o Luis García Montero? ¿Puedo ser acaso heredero de mis coetáneos: Pablo García Casado, Cristian Alcaraz, Jesús R. Peinado...? Para eso ante todo tendría que ser un buen poeta. Naturalmente, todos bebemos de nuestros referentes, que en muchos casos no sólo es la poesía: cine, televisión, música, no sé, incluso el WoW... Ya precursor... ¿precursor de qué? Si yo no he inventado nada: dadme tiempo y confianza. Sólo soy precursor en ser poeta en mi casa, donde apenas se lee y nunca se escribe. ¿Eso es ser precursor? En definitiva, que compartir antología con nombres que conozco en persona (Elena Medel, Erika Martínez, David Leo García...) es todo un orgullo para alguien que aún no ha publicado propiamente nada de poesía. En cualquier caso, ya tengo en mente otro proyecto de poesía: El abrazo del koala (gracias, Sebas), donde contaré el viaje íntimo de un hombre que tiene que afrontar el fin del mundo, su soledad, su esperanza, su fin...

Y bueno... después de un día tan repleto de poesía, prometo seguir contando planes de futuro más concretos y proyectos que tengo a medias. Pero esto no me lo puedo callar: me dijeron off the record que el libro más vendido de la Feria del Libro de Jaén ha sido La traición de Wendy. ¿Puedo ser más feliz? Para celebrarlo, os dejo el único poema que he escrito pensando en mis raíces: que si Jaén, que si Bélmez... y esto es lo que me salió:

de memoria
He viajado lejos: a otros pueblos,
otras ciudades, otros países,
________________ a otros continentes.
Pero siempre he guardado conmigo
un frasco dorado que, según la ocasión,
llamo alma o llamo óleo natural.
Y a cada gota que unto en el pulgar
y chupo como Justin Cobb,
a cada gota que resbala por tu cuerpo
en nuestros juegos de cama,
a cada gota
coge los fardos, vacía el remolque
y a cada gota
enhebra la remalladora, esquila cien pantalones
y cada gota el olor a campo, a lumbre,
a una madre, mi madre y a todas las madres
del mundo.
A cada gota, a fin de cuentas,
Proust, que me da la razón.

viernes, 23 de abril de 2010

Hablemos de libros...

Siguiendo que acaba de pasar el Día Internacional del Libro, preguntas que cualquiera puede responder:


1. ¿Cuál es el último libro que has comprado?

2. ¿Y el último que has leído?

3. ¿Qué estás leyendo ahora mismo?

4. ¿Sigues alguna revista religiosamente?

5. ¿Has escrito algún libro?

Compré hace poco Las afueras de Pablo García Casado, aunque planeo comprar Derrumbe de Ricardo Menéndez Salmón. El último libro que me he leído es Turismo de Interior de Cristian Alcaraz, estupendo poemario, y en narrativa Desayuno en Tiffany's. Me estoy leyendo ahora mismo El viajero del siglo de Andrés Neuman, que ha sido además Premio de la Crítica. Religiosamente sigo varias revistas mensuales: Esquire, Rolling Stones y Fotogramas, aunque tengo mis escarceos con otras publicaciones. Y sí, ya sabéis que he escrito varios libros y acabo de publicar uno.



¿Y tú?

¡Feliz Día del Libro!

Qué mejor día para congratularnos por la literatura que hoy: Día Mundial del Libro. Y ya que tengo un libro en el mercado, en las librerías, en los stands de la feria, en los escaparates... os animo no sólo a comprarlo, sino a regalar libros, a leerlos, a ir a las bibliotecas como si la vida os fuera en ello. Porque la literatura nos hace libres, recordadlo. Un pueblo analfabeto es un pueblo fácil de engañar. Que nadie os engañe :) La traición de Wendy es indispensable en tu estantería.

domingo, 11 de abril de 2010

Turismo de interior, de Cristian Alcaraz

«Secretos. Dudas. Miedos. Neveras vacías. Monstruos bajo la cama. Que Él diga yo_también/ los corazones hay que comérselos. Los crematorios. Quedarse con/en Las_afueras. En plena ebullición, cuando "parece un simulacro estar vivo", Cristian Alcaraz, con un tono sugerente, extremadamente sincero, lleno de frescura, permite que sean las hormonas y la edad las encargadas de jugar con el lenguaje y emprende un viaje -de vacaciones, lejos de la costa- hacia el interior de sí mismo. La muerte, en forma de crematorios, y el amor, al que hay que llegar de la mano, aunque a veces se quede sin gasolina y los trayectos sean largos, son dos de las paradas de esta ruta turística construida a través de factores comunes. Y es que es un placer llegar y poder decir "bienvenidos a mi sistema operativo", para después quedarse» (Ana Castro).

CRISTIAN ALCARAZ nació en Málaga en 1990, y estudia Filología Hispánica. Ha ganado varios certámenes de poesía a nivel local y regional, como el VII Certamen Andaluz de Escritores Noveles (organizado por el Pacto Andaluz por el Libro), y algunos de sus poemas han sido publicados en diferentes revistas digitales, como La sombra del membrillo.Turismo de interior, su primer poemario, obtuvo el III Premio de Poesía Joven “Pablo García Baena”.

Fotografía de portada de VÍCTOR CARRILLO.
A la venta en abril de 2010. 56 páginas. 10 euros.



Cristian es mi amigo y aún no he leído su poemario, pero lo haré y lo compraré y lo regalaré. Porque Cristian exuda poesía y la acerca a la generación del fotolog, del cine sentimental, de la música a todas horas, del quiero y puedo... Porque Cristian se ha lanzado de cabeza, ha puesto toda la carne en estas páginas y se desnuda ante el lector. Además, este poemario ha ganado un premio. Y sólo cuesta 10 euros. Y vale la pena, de eso estoy seguro.

domingo, 4 de abril de 2010

Pero vamos, que también leo (from time to time)

Como escritor este año me estoy obligando a leer. A principio de año me puse como meta al menos 20 libros en 2010, y creo que de momento voy cumpliendo. Alguno como el de Peter Pan ya lo había leído, pero lo he releído porque tengo una memoria horrorosa y porque, como sabéis, a veces una relectura nos aporta nuevos detalles interesantes. Siguiendo las reseñas del proyecto de escritora Elena y de mi admirado Alex (aquí tenéis sus reseñas literarias), paso a hablar brevemente de mis lecturas de 2010. ¿Cómo hago para escoger los libros que leo? Suelen ser recomendaciones de buenos escritores de quienes me fío, aunque a veces derrapo un poco, pero más allá del mero ocio busco formarme inconscientemente con buenas lecturas. Allá voy:

Matar un ruiseñor
Se trata de la única novela publicada por su autora, Harper Lee (quien además era la mejor amiga de Truman Capote); con ella ganó el premio Pulitzer. Novela preciosa en forma y fondo, todo un manifiesto por la igualdad y una oda a la inocencia. Harper Lee nos cuenta la historia de un pueblo, de una familia y de los sucesos que se desencadenan ahí. Por si fuera poco, todo está narrado desde el punto de vista de una niña. Destaco cómo a medida que transcurren las páginas la historia se vuelve más adulta y oscura, y no por ello cambia el tono desprejuiciado de la narración. Igual de recomendable es la película que se estrenó al año siguiente de la publicación de la novela.

El curioso incidente del perro a medianoche
Bien es sabido que en la actualidad pocos buenos libros despiertan movimiento entre el público (y no, Crapúsculo no es buena literatura por muchas hormonas que remueva), básicamente porque los clásicos cubren todos los géneros y edades. También es cierto que los adolescentes son las primeras víctimas de las modas literarias (buenas, como Harry Potter, o malas) aunque al final van cayendo todos en esa maravilla que es El guardián entre el centeno, un himno generacional que sigue vigente por la fuerza de su protagonista. No obstante, todas las generaciones venideras han buscado su particular Holden Caulfield. Ya se habló de su reencarnación en Las vírgenes suicidas (Jeffrey Eugenides, 1993), y no son pocos los que le otorgan este lugar heroico a la novela de Mark Haddon. Christopher tiene 15 años y sufre el síndrome de Asperger (un tipo de autismo), y como un ejercicio del colegio se propone escribir un libro. Debido a su condición tiene una fijación única por los detalles y las descripciones, sin permitirse el empleo de metáforas y figuras retóricas. En su barrio aparece una noche un perro asesinado y él, que apenas ha salido de su jardín, emprende una investigación que lo llevará a descubrimientos increíbles. Tierna, muy original y sorprendente. Y sí, yo pienso que Christopher está a la altura de Caulfield.

Peter Pan de rojo escarlata
Cuando James M. Barrie escribió Peter Pan y Wendy, destinó las ganancias a un orfanato londinense y ató los derechos de autor para que, cuando transcurrieran los cien años correspondientes, saliera su obra a concurso y se escogiera una continuación. La afortunada fue Geraldine McCaughrean, que en 2006 presentó su propuesta. Europa tiembla en plena I Guerra Mundial, Londres inclusive, y parece que este mal ha afectado a Nunca Jamás. Quienes fueran niños perdidos y los hermanos Darling han crecido y tienen hijos, pero las pesadillas les dan a entender que en Nunca Jamás las cosas están mal. Así pues, deben ingeniarselas para volver a un lugar destinado a los niños y procurar que todo vuelva a la normalidad. Se trata de una cocntinuación original, fiel a la obra de Barrie, aunque para mi gusto demasiado blanca para hablar del conflicto que trata, aunque se notan las buenas maneras de la autora, conocida en la liteatura anglosajona por su obra en literatura infantil.

Desayuno en Tiffany's
Capote es conocido por dos grandes novelas. Si bien A sangre fría me dejó algo indiferente en su momento, Desayuno en Tiffany's me ha encantado. Holly Golightly es probablemente el mejor personaje femenino que se ha creado jamás. Las descripciones de Capote, las palabras que pone en su boca, su ambigüedad moral y su continuo grito a la vida hacen de Holly un caramelo que le valió la posición de icono a Audrey Hepburn, cosa que no es de extrañar. Sin embargo, la preciosa película desleía la fuerza de este personaje y su trama, sus idas y venidas, los problemas en que se metía y las relaciones que mantiene con cuantos la rodean. Una novelita de diez, desde luego, gracias a un personaje universal que sueña con diamantes mientras se entrega a hombres por dinero para mantener su nivel de vida.

La fábrica creátor
Patricia García-Rojo ganó en el año 2007 el Certamen de Narrativa del IAJ con esta novela que publicó Berenice en 2008. Veréis, al tratarse del certamen y editorial con la que me van a publicar, lo he leído gustoso para ver qué tal. Patricia no esconde en ningún momento la idea de escribir literatura infantil, de modo que la novela tiene que entenderse como literatura infantil. Probablemente ni siquiera se dio cuenta de lo contaminados que estamos los escritores con los referentes de literatura infantil, ya que su novela recuerda muchísimo a la saga creada por J. K. Rowling. La idea de la autora es buena, un universo dominado por la imaginación donde Carlos, ajeno a todo esto antes, se ve obligado con gusto a aprender a usar su imaginación para que el mundo no acabe, ya que de Éldonon, dicho universo, proceden criaturas como sirenas, vampiros, dragones, la inspiración de los artistas, los inventos... todo. En principio la novela es la primera parte de una tetralogía, y aunque la novela tiene ritmo y está muy bien ideada, los personajes a veces flaquean y se transforman en estereotipos; además, la resolución no sorprende ni la mitad de lo que hacían los giros en las tramas de Potter y compañía. Y es que aunque tenga bastante ritmo y esté bien escrita, no veo en los personajes evolución, ese viaje iniciático que debe acompañar al personaje/héroe y lo transforme. Con todo, espero la segunda parte con ganas (y con el deseo de que la edición no contenga tantas erratas) :S

Bonus track: La cenicienta que no quería comer perdices
Es sólo un cuento, pero un cuento que se carga los estereotipos y los tópicos, un canto por la libertad de la mujer, un adiós al estigma de princesa que necesita que la salven. Un cuento moderno para adultos con dibujos divertidos y un argumento de simpleza pasmosa (como son al fin y al cabo todos los cuentos). Vale la pena mucho leerlo, complarlo, regalarlo y conocer la historia de sus autoras.

domingo, 24 de enero de 2010

El mundo se ha movido


No sé si el sistema en el que vivo es heliocéntrico, egocéntrico o de qué se trata. Hace dos semanas (cómo corre el tiempo) una de las zonas más pobres del mundo sufrió el azote del Destino. Yo escribí en mi Facebook: "Ayuda para Haití YA". Qué bonito, qué guay soy. En medio de un planeta conmocionado me fui a Sevilla leyendo Matar un ruiseñor. El libro me hizo llorar. Aún queda esperanza. En medio de un mundo sumido en el caos una columna luminosa se me clavó en la nuca. Se cumplió mi sueño. A miles de kilómetros de distancia, a muchas horas de vuelo, moría gente aplastada por cimientos, cascotes, enfermedad o fuego. El fuego es terrible. Esa columna venía a decir: "Jose, has ganado el Certamen Andalucía Joven de narrativa, vamos a publicar tu novela". La traición de Wendy, la traición que han sufrido todos los hombres. Ya había logrado transformar ese mensaje superfluamente machista en una oda feminista. Yo, que tengo sólo 22 años, voy a ver mi libro publicado cuando la esperanza estaba casi perdida. Soy muy despistado; pierdo la esperanza constantemente hasta que la vuelvo a encontrar. Volví de Sevilla eufórico y encontré que un obispo comparaba la desolación haitiana con la crisis de fe que se respira en España. Ese día lo hubiera matado a hostias; a él y a unos cuantos más... En cualquier caso, es curioso cómo cuando el mundo se mueve, y se ha movido, salen perdiendo los mismos de siempre. Y cómo yo, protegido en este oasis de plácida incredulidad, de suerte tontuna, he sentido temblar los cimientos de mi mundo. A veces me gustaría tener menos matices.

lamusique

No podría vivir sin

eveybody's gotta learn sometimes

Un libro

Un libro
Un saco de huesos, Stephen King