And do you brush your teeth before you kiss? Do you miss my smell? What about me? What about me? What about...?


Va dejando trozos de él por todas partes. Algún día desaparecerá conforme anda.

jueves, 23 de octubre de 2008

De ranas y estanques

Resucito un cuento que se perdió cuando MSN tuvo la genial idea de borrar mi antiguo blog; se trata de mi primera colaboración en www.elcuentacuentos.com



La noche se nos hacía más y más lúcida, pero era una lucidez enfermiza, como podrida. Miré a la luna y la vi roja.
________-¡Vamos, corred, por el amor de dios! –apremié.
________Los niños apretaron el paso. Hacía tiempo que no oía sollozos, claro que el cansancio había hecho mengua en sus cuerpos diminutos. Una de las niñas había gritado cuando fuimos a por ella, pero los demás niños la alertaron de que nada podía hacer, de que estaría más segura con nosotros.
________Yo era el único adulto, y se notaba. Me miré en el reflejo del río mientras ellos cruzaban el puente. Pude ver a un hombre cansado, mayor… ¿senil? de cejas pobladas y un hoyuelo profundo en el centro de la barbilla.
________-Tengo frío –protestó un chaval rubio y escuálido. Las quejas de los demás no tardaron en llegar.
________-¿Quién es el mayor aquí? –pregunté.
________Todos señalaron al niño que había hablado.
________-¿Cuántos años tienes? –pregunté.
________-Nueve.
________-Pues yo tengo seis veces nueve, así que aquí el mayor soy yo. ¡Y no se aceptan más quejas! Todos lo habéis oído en vuestros armarios y bajo las camas.
________-Nos está asustando…
________-¡Eso es lo que pretendo! –exclamé. –Si no, no os moveréis de aquí. Todos nos ignoran, como si nadie pudiera verlo. Esa criatura… no olvidaré su voz helada: “Veeeeeeeeeen… veeeeeeeeen… las ranas mueren en el estanque, veeeeeeen”, decía. Yo la vi cuando tenía ocho años.
________-¿Cómo era? –articuló una niña con coletas.
________No, por supuesto que no sabían de lo que estaba hablando. Oh, no… si lo hubieran visto alguna vez, si lo hubieran sentido a un palmo de sus caritas inocentes… Ese espectro hizo de mí lo que ahora soy.
________-Tenía la cara aplastada como una baldosa arrugada, de color verde como las aceitunas. Sus ojos estaban en blanco, lechosos, y de ellos caía una sustancia amarilla como el azufre. Sí, azufre, olía a azufre. ¿Sabéis cómo huele el azufre?
________Todos negaron con la cabeza.
________-Eso está bien… Sí, es lo mejor. Si lo supierais jamás lo olvidaríais. Y no tenía manos, sino garras como las patas de un águila, negras y retorcidas. Pero eso no es lo que me dio miedo, ni su cuerpo cubierto de pelo, ni la sangre que fluía con el batir de sus alas. Lo que me aterró fue su boca. Yo estaba paralizado en un rincón del dormitorio y eso se acercó jadeando, respirando en voz alta. –Todos los niños estaban atentos con una mirada de pánico puesta en mí. Así debió de ser mi cara en ese momento. –Y abrió la boca y enseñó sus encías cubiertas de babas y sangre, me apresó con sus garras y cientos de diminutos y afilados colmillos amarillos rajaron las encías y nacieron de la nada. Todo eso fue muy lento. Balbució de nuevo: “Veeeeeeeeeen… veeeeeeeeen… las ranas mueren en el estanque, veeeeeeen”. Y cuando la nube de azufre surgió de su boca yo sólo pude gritar. Recordad una cosa, niños. Si se acerca, gritad con todos vuestros pulmones, no permitáis que os destruya.
________-¿Como a los otros niños?
________-Exacto. Y ahora ¡corred, vamos!
________-¡No podemos con estas cuerdas! ¡Vamos atados y tropezamos entre nosotros!
________Efectivamente, todos los niños formaban una cadena y estaban atados por los tobillos los unos a los otros.
________-¿Quién… os ha atado? –me atreví a preguntar.
________Varios de ellos me miraron con miedo y se apartaron. El mayor volvió a hablar pronunciando una sola palabra como si fuera una sentencia:
________-Usted.
________Me dejaron algo confundido por unos segundos, pero todo volvió a cobrar sentido.
________-No os podéis separar, porque si uno de vosotros desaparece lo tendremos que dar por perdido. Los niños muertos estaban solos en sus dormitorios o en la calle, pero nosotros estamos unidos.
________Un sonido interrumpió mis palabras. Una sirena a lo lejos, pero cada vez se oía mejor.
________-¡Vamos, vamos!
________Los niños reanudaron su trote hasta que llegaron al otro lado del puente. Entonces lo oí, juro que lo oí: “Veeeeeeeeeen… veeeeeeeeen… las ranas mueren en el estanque, veeeeeeen”. Una sombra se movió entre los arbustos y tuve que actuar.
________-¡Saltad al río! ¡Viene, está ahí! ¡Saltad, maldita sea!
________Los niños comenzaron a gritar y a llorar, cada uno intentando correr hacia un lado opuesto, pero las cuerdas lo impedían. Cogí al primer niño de la fila en brazos y empujé. Cayó por la tierra embarrada arrastrando consigo al resto de la hilera. Más sombras surgieron de la vegetación, pero los niños ya estaban a salvo. Estaban en el agua. Corrí al centro del puente y vi las cabezas hundiéndose en el lodo, moviendo las manos para intentar flotar, pero las piernas estaban presas. Eso no los podría coger. Me volví y encontré un arco de hombres armados apuntándome al pecho y gritando órdenes que ya no recuerdo. Volví a girarme para comprobar cómo las burbujas desaparecían; todo estaba acabado.

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El psiquiátrico es un lugar frío y desierto reservado a unos pocos. Dicen que yo maté a los niños, tanto a los primeros como a los que se ahogaron en el río. No saben de lo que están hablando. Ellos no lo oyen, no lo han visto. Aquí, mientras tanto, vuelve a oler a azufre.

lamusique

No podría vivir sin

eveybody's gotta learn sometimes

Un libro

Un libro
Un saco de huesos, Stephen King